Música y pedal

Piñón Fijo, el payaso cordobés que llegó a Buenos Aires después de conquistar el interior, conmueve a los más chicos con sus canciones. Cómo vive su momento de mayor éxito
(0)
4 de mayo de 2003  

Los ojos de Matías son como dos lunas. Dos lunas llenas, brillantes, hermosas. Mientras espera en una de las tribunas de la carpa donde se graba el programa Piñón Fijo es mi nombre, Matías, que está por cumplir los 5 años, no para un minuto: pelea con su prima, habla con su mamá, pasea entre las gradas, sube a la butaca, pide ir al baño. Está inquieto, sabe que en cualquier momento detrás de ese decorado brillante que combina rojos, azules y amarillos va a aparecer el payaso que le puso música a su entusiasmo.

Y cuando Piñón Fijo se asoma con esa sonrisa roja gigante, con su bonete y su traje amarillo, y pregunta cantando: ¿Hola, cómo va?, Matías se queda pasmado, sin reacción. Ahí tiene, muy cerca, al payaso de la cara pintada que ve por la tele, el que canta el chu-chu-uá, su canción preferida, que tanto baila en el jardín de infantes de Avellaneda, donde vive.

Fabián Gómez es un cordobés de 37 años, que hace 13 se subió al primer escenario: la peatonal de Carlos Paz . Desde allí, con su bicicleta y la cara pintada, le puso el cuerpo, el ritmo y el alma a Piñón Fijo, el nombre que eligió por ese dispositivo de la rueda de la bici que sólo permite ir hacia adelante. Desde entonces, Fabián pasó a ser Piñón y se cuidó bien de seguir siéndolo: no quiere que lo vean sin el maquillaje que le permite mantener intacta la ilusión de los más pequeños.

-¿Es por los sueños o un método para preservar tu intimidad?

-No, no hay histeria en esto -dirá días después, apenas baja del escenario del Gran Rex donde terminó una nueva función, la número 22, ante 3200 personas-. Siempre fue así, trato de apelar a la complicidad de los padres y ahora a la comprensión del periodismo. Me ha pasado de tener que salir escondido de un show en el baúl de las luces, porque los grandes son muy curiosos y pueden meter la pata delante de los chicos.

-¿Cuánto de Piñón tiene Fabián?

-Todo. No me desdoblo entre el personaje y la persona -dice con la cadencia del inconfundible tono cordobés-. Las vivencias son las mismas, aunque ¡no! -se corrige enseguida-, a nivel imagen, somos diferentes.

Y se ríe. Se ríe más fuerte cuando su productor y amigo, Néstor Pérez, pone en duda que existan tales diferencias.

Si el éxito se mide en números, Piñón (como lo llaman amigos, familia, público) se lleva todos los laureles. Su show en la calle Corrientes hasta ahora fue visto por más de 70.000 personas y no para de hacer funciones en el interior. Sin embargo, las cifras no le hacen cosquillas en el estómago. El haberse constituido en el elegido de la calificada platea infantil (y de muchas familias, por qué negarlo) no le quita el sueño. Más bien está feliz, emocionado, muy agradecido pero con sus zapatones de colores bien puestos sobre esta tierra.

Es que para él las pruebas de fuego ya las superó, y ahora trabaja para mantener viva la receta que aplicó para encantar a los niños.

Antes de pisar Buenos Aires, el interior ya le había dicho sí y lo dejó seguir participando del show. En su provincia, donde hoy quizás es tan conocido como La Mona Jiménez, su carrera estalló en 2000 cuando apareció en un programa local donde sus compañeros de siempre, la guitarra afinada y el saxo cloacal, ganaron fama. Ese año empezó a llenar teatros en el interior. Pero el 2002 le mostró que la magia no conoce fronteras: para Reyes, el Château Carreras albergó a más de 45.000 personas; llenó en Carlos Paz y en octubre pisó el temido suelo porteño.

-¿En serio no te impacta todo lo que estás viviendo?

-Lo que me pasa con toda esta historia tan masiva es que ayudo desde la cabeza. Con el corazón no tengo problema porque lo disfruto mucho, soy muy feliz. Pero a nivel cabeza, lo analizo y veo que esto no tiene mucha diferencia con mis primeras cosas. En el interior hemos tenido experiencias muy grandes como éstas, no de cantidad, sino de calidad. Gracias a Dios nos llegó este momento con todas esas pruebitas previas que es lo que hoy nos permite disfrutar esto.

-¿Es un premio a tu constancia o te tocó la varita mágica?

-Sí, puede ser algo de las coordenadas del destino porque si de merecimientos hablamos hay mucha gente que merece lo mismo o más, y no tiene la oportunidad. Quizás el mérito de uno es que siempre ha estado con las herramientas preparadas, listas para cuando llegara este momento. No es que uno hizo otras cosas y como rebusque se dedicó a los chicos. Yo he dejado mi vida, he puesto mi vida.

-¿Por qué elegiste a los chicos?

-Ahí sí fue una cosa fortuita, porque antes había hecho de todo. Cuando me decidí encontré siempre gente generosa que me dio una oportunidad. A lo mejor no la oportunidad de estar en canales ni en megashows, pero sí un titiritero que en la plaza me dio un espacio; o la gente misma, que se paró y me atendió. A lo mejor si la primera vez que salía todo el mundo me cortaba el rostro, bajaba el telón.

Ahora, a pesar de que en los cuatro puntos cardinales de la Argentina saben de su existencia, él dice que la vida no le cambió de manera radical. Un poco más movida, nada más. Eso para Piñón significa estar en su tierra no más de dos o tres días a la semana.

-Uno trata de buscarle la vuelta, de compartir con la familia, de traerlos para acá, verlos, compartir, pero ellos tienen también sus cosas en Córdoba.

Los martes y miércoles viene a Buenos Aires para grabar el programa. Los martes, los sketch con los muñecos Kenchu y Cabrito. Los miércoles, el turno con los chicos. De 10 a 18, se graban entre cinco y seis programas, lo que implica recambios en la platea que con paciencia de maestras jardineras Lorena y Paola, productoras del canal, logran acomodar después de mucho batallar con niños y grandes. El resto de los días, viajes por el interior, que Piñón quiere y promociona mejor que cualquiera.

En Córdoba, siempre lo esperan Karina, su compañera de ruta desde hace veinte años y mamá de sus hijos Sol (de 15años) y Jeremías (de 14) -participan en el show teatral-, y sus padres, Hipólito (o Plazo Fijo, según Piñón) y Coca, que lo siguen a través de la tele.

-¿Lo tuyo es talento, hay sangre de artistas, o te capacitaste?

-No, no (y estalla su risa), soy literalmente el payaso de la familia. Hice algunos talleres de mimo, pero soy un autodidacto. No es talento, es caradurez.

-Cuando empezaste, ¿tus padres te dijeron por qué no te dedicás a otra cosa?

-Jamás, además cuando empecé ya estaba en pareja así que las decisiones las tomaba con Karina y ella me apoyó. Desde que me dediqué a esto tengo que decir con orgullo que nunca me fue mal, nunca tuve que claudicar alguna necesidad de mis hijos por seguir mis ideales.

Y Matías, con sus ojazos de luna se va feliz. Porque compartió un rato de magia con ese payaso que llegó pedaleando desde el interior y le puso música a su corazón.

  • Para saber más: e-mail: pinon_fijo@artear.com.ar
  • Chacho, dejá el Chupete

    La complicidad de Piñón Fijo con los padres se palpa en el aire. A los grandes les encanta. Y él, que quiere dar un show para toda la familia, envía cada dos por tres frases que sólo los mayores comprenden. "Más larga que la pista de Anillaco" o "No hago armas, las vendo, dijo Erman" son algunas de las frases que se le escuchan decir. Pero tal vez el guiño más fiel es la canción que hizo para desterrar el uso del chupete. "Una vez la señora de Alvarez vino a verme después de una función y me dijo que su hijo no se despegaba del chupete. Yo le dije, deje señora, yo se lo curo de palabra. ¿Cómo se llama su hijo?, Chacho, me contestó… y la idea se fue masificando hasta que un día el chupete se fue para siempre", dice mientras se escucha el ruido de un helicóptero que se aleja. Los nenes ni mosquean; los papás aplauden a rabiar.

    -¿Te trajeron algún problema esas referencias a los políticos?

    -No, no creo que nadie se vaya a enojar, ojalá que nadie lo tome como una falta de respeto. Uno también es papá, vive en este país, sufre con las cosas que nos pasan y se alegra con otras. El único capital que nos queda es poder reírnos de nosotros mismos.

    -La partida de Chacho Alvarez te vino como anillo al dedo…

    -Justo quería escribir una canción para que los niños dejaran el chupete y a mí siempre me gusta buscar un girito así. En esa coyuntura, Chacho se estaba alejando de Fernando (se ríe) y me salió.

    Show de números

    3 son los discos que editó. Con aires de la sierras , Con las alitas arriba y Por los chicos...vivo

    22 son las funciones a sala llena que dio hasta ahora. El próximo fin de semana completa las 30 y en junio hará seis más. En invierno presentará nuevo disco compacto

    71.000 son las placas que vendió su último CD

    174 son los programas que ya se emitieron por Canal 13

    2500 e-mail recibe por mes Piñón. Los lee personalmente

    800 llamados recibe cada lunes la producción para el programa en Canal 13

    ADEMÁS

    MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.