Nada se pierde, todo se recicla

Ante un mundo que agota sus recursos, el ecodiseño propone una alternativa de refinada creatividad. Aunque todavía incipiente, este camino que desde hace algunos años transita Europa ya llegó a nuestro país
(0)
13 de julio de 2008  

Lo que me gusta de los objetos de recuperación es que tienen una existencia, ya han vivido y la gente los ha desechado. Siguen vivos, basta con darles una segunda oportunidad”, dice uno de los protagonistas de Los espigadores y la espigadora, poético manifiesto en contra del consumismo filmado en 2000 por Agnès Varda. Algo tocó la película en la percepción del público francés, a juzgar por el aluvión de cartas, encomiendas y mensajes que recibió la directora poco después del estreno. Entre otras cosas, la “dama de la Nouvelle Vague” había señalado una de las mayores encrucijadas del mundo desarrollado: la que forman el consumismo, el agotamiento de los recursos naturales y la incesante producción de materiales de desecho con los que ya nadie sabe qué hacer ni dónde ubicar.

Joan Rieradevall i Pons, profesor del departamento de ingeniería de la Universidad Autónoma de Barcelona, indica una posible salida: el ecodiseño. Definida como “acciones orientadas a la mejora ambiental del producto en la etapa inicial de diseño mediante la mejora de la función, selección de materiales menos impactantes, aplicación de procesos alternativos, mejora en el transporte y en el uso, y minimización de los impactos en la etapa final del tratamiento”, esta propuesta encontró eco en directivas de la Unión Europea (indicaciones para el tratamiento de envases, vehículos fuera de uso y ciclos de producción) y en la creatividad de numerosos diseñadores industriales.

Por ejemplo, el proyecto Remade in Italy, lanzado hace unos tres años en la región de Lombardía con el objetivo de impulsar la reutilización de materiales descartados por la industria. En esa zona de Italia existe, además, legislación que establece que el 35% de los productos adquiridos por las oficinas de administración regional deben contener materiales reciclados, mientras que en el resto del país el 30% de los gastos anuales de las empresas estatales y semiestatales deben ser destinados a este tipo de recursos.

La arquitecta Mónica Cohen, que desde 2001 organiza en Buenos Aires la feria Design Connection by cientoporcientodiseño, dedicó al ecodiseño la última edición de este evento, invitando a participar a algunos de los responsables de la movida italiana: entre ellos, el arquitecto Marco Capellini, creador del ReMade in Italy.

“Italia ha adquirido un conocimiento al respecto del reciclado de material con el cual realiza muebles y objetos de primera línea –asegura Cohen–. En la Argentina veo muy buenas perspectivas. Cada vez hay más diseñadores emergentes y reconocidos que apuestan al ecodiseño”. Mónica está trabajando en el anteproyecto de un futuro centro de ecodiseño en Buenos Aires, que albergará una escuela para graduados y una incubadora de investigaciones para el diseño de bajo impacto ambiental. En noviembre del año pasado impulsó también la firma de un Protocolo Bilateral de Cooperación sobre Diseño Sustentable entre el Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Región de Lombardía, representada por el Assesore Máximo Buscemi. “Es el primer paso para seguir el mismo camino que los italianos” , asegura Cohen.

Entre los participantes del último Design Connection se encuentra Marisú Robin, argentina radicada hace 30 años en Francia, que ha hecho del cartón reciclado el material de base para la realización de sofisticados y coloridos muebles. “Lo recupero en empresas o negocios antes de que lo tiren a la basura –cuenta Marilú–. Es mi pequeña contribución ante la crisis planetaria.” A mediados del año pasado, los visitantes de la Semana del Diseño de Milán apreciaron las bondades de sus muebles, así como las virtudes de los productos presentados por el resto de la comitiva argentina que viajó a esta meca del diseño de avanzada: Cristian Mohaded y su banco Bois hecho de descartes de la industria maderera, Miki Friedenbach y sus almohadones realizados con envases de Tetra-Pack y recortes de goma o cuero, Martín Churba con objetos basados en telas de descarte industrial y los cordobeses del Estudio Gandía, creadores de mesas hechas con tambores de lavarropas y sillones confeccionados con cabinas de teléfonos públicos.

Premios y desafíos

Otra de las propuestas locales es la del diseñador industrial Alejandro Sarmiento. Durante los 90, concibió un sistema para reutilizar envases PET (polietileno tereftalato, las habituales botellas de plástico) y luego, junto con su colega Miki Friedenbach, lo incorporó en el proyecto Contenido Neto, iniciativa que se hizo conocida tras la crisis de 2001. A partir de una herramienta sencilla –la trincheta utilizada por la gente del campo para cortar el cuero en lonjas–, los diseñadores crearon un instrumento capaz de convertir una botella PET de dos litros en unos 26 metros de cinta plástica, apta para ser tejida en telar y ser utilizada después en carteras, bolsas, sillas, banquetas, escobillones o lámparas. Definido en su momento como “una propuesta de neto contenido social”, Contenido Neto obtuvo el Premio a la Innovación Tecnológica en Puro Diseño 03, el Premio Diseño Ecológico del Salón del Diseño Movelsul, Brasil y participó, a principios de este año, en una exposición en Tokio. “Este proyecto puede insertarse en cualquier parte del mundo”, comenta, sonriente, Sarmiento, y destaca lo que a su criterio constituye el principal aporte del emprendimiento: “el componente educativo, que permite ver el potencial de la basura”. Al diseñador le gusta rememorar su propia “reeducación” al respecto cuando, a principios de los 90, viajó a Nueva York y descubrió que existía un modo diferente de considerar, manipular y utilizar la basura no orgánica generada por el alto consumo de una gran ciudad. En la muestra que, entre fines del año pasado y principios del actual, presentó en el Malba, fue posible observar algunos de los resultados de una trayectoria creativa marcada por la sencillez, el refinamiento conceptual y la experimentación: saleros hechos a partir de latas de aluminio y bandas de caucho reciclado, sillones de base de hierro cubiertos con tiras de caucho reciclado, pufs hechos con cilindros neumáticos reciclados, cajas desarmables de PET reciclado. Alejandro asegura que, más allá de su componente experimental, cualquiera de sus productos puede ser perfectamente elaborado en serie. “La revolución tecnológica trajo la noción de descarte, que hoy se aplica a todo, incluso a los humano –reflexiona Alejandro–. Pienso que hay que salir de esta lógica. No estoy contra lo tecnológico, pero veo que en la actualidad se descartan productos por razones que no tienen que ver con la necesidad.”

Con un espíritu mucho más ligado a lo lúdico y al gusto posmoderno por la cita, lo kitsch y la nostalgia, la diseñadora industrial Violeta Brenman abrió, junto con su hermano Esteban, la tienda Cualquier Verdura, donde se puede encontrar todo tipo de objetos recuperados (muebles, juguetes y vajilla rescatados de volquetes callejeros o espacios como el del Ejército de Salvación) y diseños confeccionados a partir de materiales reciclados.

“Empezamos en el altillo de casa, desarmando computadoras”, rememora Esteban mientras muestra una radio, una lámpara de pie y un monedero hechos con diskettes en desuso. “Somos conscientes de que lo nuestro no resuelve el problema que representan los desechos –explica Violeta–. Pero al menos les damos otro uso a elementos que hubieran terminado en la basura.” De todos modos, nuestro país aún tiene mucho por recorrer si se quiere proponer un desarrollo serio del diseño sustentable.

“Estamos a veinte años de distancia de las grandes potencias en lo que refiere al ecodiseño”, afirmó el ingeniero Guillermo Canale, una de las principales voces locales a favor de esta tendencia, durante una charla organizada por el Programa de Diseño del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). En ese encuentro se alertó sobre la necesidad de equiparar nuestros parámetros de producción con los de las naciones desarrolladas. La diseñadora industrial Raquel Ariza, coordinadora del programa de diseño del INTI, elaboró un anteproyecto enmarcado dentro del diseño sustentable, que propone una serie de aplicaciones para el desecho de la lana (blousse). Así, de ser un elemento de descarte, este material podría transformarse en relleno de almohadones, fundas para aparatos electrónicos y accesorios de decoración e indumentaria. El INTI también está impulsando un proyecto de certificación en gestión de diseño, en pos de mejorar la competitividad de la producción local e incorporar criterios ambientales durante el diseño y desarrollo de productos y servicios.

Para saber más

  • www.inti.gov.ar
  • satorilab.blogspot.com
  • www.remadeinitaly.it
  • Eco - máximas

    De acuerdo con el ingeniero Guillermo Canale, un diseño ecológicamente responsable exigiría cumplir con las siguientes estrategias:

  • Desarrollar nuevos conceptos (por ejemplo, el memobox, que al reemplazar a la contestadora automática permite el ahorro de recursos).
  • Seleccionar materiales de bajo impacto (como los autos en Europa, cuya estructura debe contar con al menos un 80% de material reciclable).
  • Disminuir la cantidad de recursos utilizados.
  • Optimizar los mecanismos de producción.
  • Reducir el impacto ambiental durante el uso del objeto.
  • Prolongar la vida útil de los productos.
  • Reciclar, todo un arte

    “Nos vamos de shopping”, suelen decir antes de partir en busca de volquetes, basurales, oportunidades varias a la vuelta de cualquier esquina. Todos ellos se reivindican como artistas autodidactos y reconocen como “madrina” a la doctora Yolanda Ortiz, primera Secretaria de Estado para los Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Nación en 1973. Hace menos de un año que Alberto Vázquez (foto), David Acevedo, María Inés Grande, Silvia Rossi, Tito Ingenieri, Nico Alligator, Sebastián Boado y Miguel Angel Rodríguez conformaron el grupo Reciclarte, dedicado a la práctica artística a partir de materiales de desecho. Entre sus proyectos más inmediatos está el de participar en lo que sería el relanzamiento de las tradicionales Galerías Santa Fe (Avda. Santa Fe 1662), célebres por los murales (Raúl Soldi, Juan Battle Planas, Leopoldo Torres Agüero, entre otros) que las engalanan desde mediados del siglo XX. “El objetivo es transformar lo que siempre fue un espacio privado de acceso público en un espacio de arte en interacción”, comenta un exultante Alberto Vázquez. “Con el eje puesto en la recuperación, el reciclado y el consumo responsable, se dedicará más de la mitad del espacio de la galería a muestras plásticas, cine, danza y teatro”, continúa. La iniciativa, surgida a partir de una convocatoria hecha por Guadalupe Noble al artista Bony Bullrich, promete hacerse realidad entre la primera y la segunda quincena de abril. La gente de Reciclarte, entretanto, sigue produciendo obra, deslumbrándose con “las formas caprichosas” que adoptan algunos residuos, estableciendo contactos con grupos del exterior y reivindicando un nuevo modo de vincularse con los objetos de uso diario, más cercano quizás al de la generación de Alberto, que a los 60 años se enorgullece de haber sido parte “de una infancia que no conoció el plástico”.

    ADEMÁS

    MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.