Natalia Lafourcade, entre las musas y la desconexión

Natalia Lafourcade
Natalia Lafourcade Fuente: OHLALÁ!
La cantante mexicana vuelve para encontrarse con su público argentino antes de tomarse un merecido descanso.
Hernán Moreno
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24 de abril de 2018  • 15:46

El mensaje de Natalia Lafourcade para sus fans argentinos causó sorpresa y preocupación: hace unos días, desde su cuenta de Instagram, con el soleado paisaje de una playa de Mazatlán, México, de fondo, la cantante veracruzana invitaba a sus próximos shows en el Gran Rex para un recorrido celebratorio de su historia musical y aprovechaba para anunciar que, una vez terminada esta gira, se tomará “unos añitos sabáticos de descanso”.

Por supuesto, el anuncio cayó como un balde de agua fría (casi congelada) sobre sus seguidores, a quienes aún les cuesta digerir la decisión de Natalia, y mucho más considerando el momento: desde su participación en la ceremonia de los Oscar cantando “Remember Me”, canción que se alzaría con una estatuilla, hasta su gira a teatros llenos, presentando un par de discos rebosantes de premios y alabanzas de parte de la crítica y el público por igual, las musas parecen sonreírle como en sus mejores momentos.

Pero “que no panda el cúnico”, diría el personaje de su compatriota Chespirito, porque el “no sé cuándo vuelva” de su mensaje difícilmente pueda ser tomado como una despedida definitiva. Natalia es una artista que respira música y que ya ha demostrado su afinidad por nadar en contra de la corriente, y así ha conseguido sus mejores resultados.

Un claro ejemplo de esto son los dos volúmenes de Musas: un homenaje al folclore latinoamericano de manos de Los Macorinos que motivan su gira actual. En tiempos de reinado del reggaetón y de fórmulas poperas que se repiten hasta el cansancio, la cantante decidió continuar el camino que había comenzado a recorrer con su homenaje a Agustín Lara y su disco consagratorio, Hasta la raíz, y se dejó guiar por sus inquietudes de ahondar en las raíces de la música de su tierra. Parte fundamental de esta etapa de su recorrido fue su encuentro con Juan Carlos Allende y Miguel Peña, mejor conocidos como Los Macorinos, guitarristas de Chavela Vargas a quienes Natalia conoció, precisamente, en un concierto homenaje a la recordada cantante mexicana.

La intersección de estos dos universos musicales fue el puntapié inicial de un proceso de investigación por las profundidades del enorme cancionero latinoamericano, que desembocó en un listado de más de cien canciones de los más diversos autores, como Rafael Escalona, Simón Díaz, Violeta Parra o João Gilberto, entre tantos otros. Y allí Natalia comenzó un segundo proceso, el de la elección de los temas justos: no solo debían representar aquellas raíces que ella quería honrar y, a la vez, redefinir, sino que debía sentirlos, poder hacerse una con ellos, poder imprimirles su sello y generar en una nueva generación ese estado de comunión con la música que tantas veces la había arropado.

La decisión de grabar en vivo, con todos los músicos reunidos en el estudio, no solo recubrió los temas de una honestidad libre de artificialidades, sino que modificó la forma de encarar el uso de la voz, la obligó a adoptar un canto más enfocado, más íntimo, algo que ya pudimos apreciar en el precioso recital del año pasado en el CCK, donde la sensación reinante era de estar en el living de su casa, escuchándola cantarles a sus amigos más cercanos (“en general, trato de conectarme con la gente, de mirarlos a los ojos y ver qué les produce cada canción; es increíble ver cómo un tema que compuse con algo en mente puede llevar a alguien hacia otro lado completamente distinto”, cuenta Natalia).

El jueves y el viernes, el Gran Rex será el punto de encuentro para conectarse con su música y quedar a la espera de su vuelta, quién sabe cuándo.

¿Querés ir este jueves a ver a Natalia Lafourcade en el Gran Rex? En OHLALÁ! tenemos dos pares de entradas para sortear, entrá en el Instagram de la revista y seguí las instrucciones.

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