"No pude dar la teta y eso no me hace peor mamá”

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Inés Pujana
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21 de febrero de 2019  • 15:16

No hay nada mejor para los bebés que la leche materna. Eso ya quedó establecido y todos estamos de acuerdo. La leche humana no sólo tiene inmonuglobulinas que aún no pudieron ser reproducidas en un laboratorio (y que le proporcionan al bebé defensas únicas), sino que además genera un vínculo sumamente necesario en esa díada que se da entre hijo y madre. No obstante, muchas mujeres no pueden amamantar, a veces porque necesitan tomar medicamentos que pueden hacerle daño a sus hijos, otras veces porque están sumidas en situaciones emocionales o de estrés que les cortan la bajada de la leche, e incluso a veces porque simplemente, y por distintas razones, no quieren o pueden hacerlo. Los motivos son siempre únicos y válidos, por el simple hecho de que detrás de esa madre que amamanta hay una mujer que siente. La realidad es que son muchísimas las mujeres que, frente a la necesidad de darle a sus bebés leche de fórmula, se ven juzgadas por la sociedad, que pasa a considerarlas "egoístas" o directamente "malas madres".

El relato de María

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"Se habla un montón de la gente que te mira mal si pelás teta, y no se habla de si te miran mal si le das a tu bebé mamadera. A mí me pasó con mi hijo Luciano, al que le empecé a dar complemento a partir de las tres semanas, más o menos, porque no aumentaba de peso. Le di las dos cosas hasta los cuatro meses, cuando directamente cortó con la teta y le tuve que dar solo fórmula. Un día, cuando Lu tenía entre 3 y 4 meses, estábamos almorzando afuera y le dió hambre, así que saqué la mamadera y le volqué el contenido del cartoncito. En eso pasó una mujer de unos cincuenta años aproximadamente, y me dijo: ‘Ay pobrecito, ¿por qué mamadera? El nene llora porque tiene ganas de tomar teta’. Me fui de ahí con mucha angustia y llorando. Yo había hecho un esfuerzo enorme para tratar de darle la teta lo más posible, había llorado un montón por haber tenido que darle fórmula, y cada vez que podía me sacaba la poca leche que tenía. La realidad es que la gente ni sabe por lo que una pasó y los motivos por los cuales decide darle mamadera. No fue la única vez que me pasó, pero sí la que más recuerdo, justamente porque dijo ‘pobrecito’. Y yo por adentro pensaba: ‘Y sí señora, yo sé que quiere teta, pero qué le voy a hacer…’ Mis familiares por suerte nunca me dijeron nada, creo que porque me vieron tan mal con el tema, que fue más el apoyo que recibí de ellos que otra cosa. La siguiente vez que pasé por algo parecido fue en la calle, cuando una extraña me vio preparándole la mamadera a Lu, que ya tenía 6 meses, y me preguntó ‘¿por qué no le das teta?’. Ni le contesté. Seguí en la mía. La debo haber mirado con una cara de odio tan grande que decidió irse. Tampoco falta la gente que te mira mal desde otra mesa, lamentablemente…"

El relato de Andy

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"Yo siempre fui muy de la lactancia, de hecho a mi primera hija la amamanté hasta el año, e incluso cuando volví al trabajo, a los 3 meses de tenerla, me sacaba leche, porque estaba muy comprometida con darle la teta. Con Agus, mi segundo hijo, pensaba hacer exactamente lo mismo, pero él nació prematuro, cerca de la semana 36, con lo cual el primer momento fue difícil porque estaba internado en terapia y no teníamos casi contacto. Así que en un primer tiempo tomó leche de formula, hasta que yo pude empezar a sacarme. A las dos semanas de haber salido de la clínica me agarré un virus en el ojo, una infección muy fuerte, para la que tenía que tomar una medicación que no era compatible con la lactancia. La verdad es que lloré mucho y la pasé mal, porque yo bajo ningún concepto quería dejar de amamantarlo. No había alternativa, porque el virus me podía dejar mal la vista, y yo sufrí mucho, porque sabía que existía la posibilidad de que me quede sin leche. Si bien me había sacado antes de empezar con la medicación, lo que había guardado no alcanzó más que para un par de días, y una vez que me dieron el alta para volver a probar la lactancia, el gordito no quiso saber nada. Se quedaba con hambre y rechazaba mi pecho. Ahí fue cuando viví dos experiencias muy fuertes, cuando él tenia un mes, o mes y medio. Fue muy difícil, porque una está con el posparto y las hormonas a flor de piel. Iba en un colectivo y llevaba al gordo a un control, que se puso a llorar porque tenía hambre. En el asiento de en frente había una señora grande, que cuando vio la mamadera me interpeló y me preguntó por qué no le daba el pecho. Le dije casi al borde del llanto que tenía una infección y que no podía amamantarlo en ese momento. Y ella entonces me dijo ‘Bueno, yo también pase por algo así, y entre mi salud y la de mis hijos siempre elegí la de mis hijos. Es preferible que te banques vos la infección y no que dejes de amamantar a este bebé, que es muy chiquito’. En ese momento no supe qué contestarle. Quizás le tendría que haber dicho que podía terminar con una lesión grave en el ojo... La verdad es que me hizo sentir pésimo, porque yo venía además muy mal por todo lo que habíamos pasado con su internación, y entonces ese comentario, que quizás no fue de mala voluntad pero que no tenía en cuenta mi circunstancia, me dejo muy mal, impotente y triste. El segundo evento fue en un restorán en el que estábamos con mi esposo. El gordito lloraba así que saqué la mamadera, y en eso escucho: ‘Mirala, no le quiere dar el pecho. Las madres modernas no se quieren exponer a amamantar. Tan chiquito y toma fórmula’. Me puse muy mal y mi marido se dio cuenta y me preguntó qué me pasaba. Se lo dije muy bajito porque la mesa estaba muy pegada y no quería que termináramos mal la noche por un comentario desubicado. En ese momento sentí que uno podía hacer mucho daño sin entender el contexto. Para mí la lactancia es lo más importante, y la verdad es que a veces voy en el colectivo y todavía me queda esa tristeza de no haber podido hablar y la frustración de no haberle podido dar la teta a mi hijo, aunque sé que hice todo lo que estuvo a mi alcance. No todas tenemos la oportunidad y eso no te hace peor madre".

La necedidad de empatizar

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Para Mónica Marconi, Licenciada en enfermería y asesora en lactancia por la Sociedad Argentina de Pediatría, lo más necesario es ponerse en el lugar de esas madres. "Hay gente que considera que si no amamantás sos mala madre, pero no hay que prestarse a escucharlo. El fundamentalismo se pasa de la raya. Yo siempre les pregunto a las madres qué proyecto tienen, porque hay que respetar también a las que no tienen convicción de amamantar", dice esta especialista en lactancia que en los pasillos del hospital donde trabaja se cruza con toda clase de casos, poniendo luz sobre un factor que no es para nada menor, la propia culpa de las madres: " Muchas mujeres se autocensuran cuando no pueden dar la teta, principalmente porque no se les cumplió el proyecto que tenían en mente. Para ellas es un plan que se frustró, y lo viven igual que las que tuvieron una cesárea. Se sienten mal porque hasta hicieron cursos al respecto. Además con las hormonas del puerperio todo es un llanto, lo que las hace ver al problema peor de lo que es realmente.Y encima de que se sienten mal, la gente viene a juzgarlas. Hay que entender que la lactancia no es dar de comer nomás. Es un momento entre madre y bebé que es re importante por muchos otros aspectos. Quizás esa madre que no puede amamantar porque tiene que tomar un medicamento, o por la razón que sea, le da el biberón a su bebé con más amor que otra que quizás sí puede dar el pecho", concluye.

En el fondo, siempre se trata de tratar de ponernos un ratito en el lugar de las demás, comprendiendo y sabiendo que no somos todas iguales ni estamos todas cortadas por la misma tijera. Porque así como somos únicas, es único lo que cada una tiene para darle a sus hijos.

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