No sabemos tomar

No nos cuestionan por preferir tintos amables en vez de parkerianos concentrados. Dicen en cambio que no tenemos paladar para el vino
(0)
20 de diciembre de 2009  

Hay bodegas de verdad con paredes, techo, tanques de acero inox para macerar en frío, etc., y bodegas virtuales, puro marketing, como se ven muchas ahora. Las arman, ponele, dos contadores de Buenos Aires con un mendocino que compra uva en Lavalle, la vinifica algún tercero, y al vino lo embotella un camión a domicilio. La única faena de estos bodegueros es crear un marketing imaginativo, usar botellas de un kilo cada, etiqueta fantasiosa con animalitos australianos y buscarse algún distribuidor ingenioso, dispuesto a que la producción se venda.

Antes de los 80 esto se llamaba bodega-sin-techo, cuya virtualidad se mantenía estrictamente boca chiusa. Hoy hay que ver cómo se promocionan por doquiera, diarios-radios-revistas-TV, una vanguardia de la industria, con genuinos varietales de look boutique, cada tanto biodinámicos, blend de terroirs o single vineyard, cosa que puedan ofrecer cara la botella. Es el globalizado style de nuestro tiempo aplicado al negocio o la cultura de los vinos. Todos los días aparece una nueva marca ignota que los restaurantes en la fashion del mirar y de ser vistos incorporan a su carta de vinos. No por ser tinto especial fuera de serie, sino porque de movida se ponen taca-taca con equis cajas sin cargo. ¿Exagero?

Como escritor yo siempre exagero un poco. Como el tábano de Taborda, para que los lectores se mantengan despiertos. Pero lo que le cuento de las bodegas-sin-techo es así nomás.

El tema apareció mientras tomábamos un malbec Fichifuochi de Perdriel, con el erudito en drinkis y facultativo Ricardo Mackintosh. Tomábamos es un decir, por ser el vino un tinto parkeriano tan asfalto derretido que para servirlo debíamos agitar enérgico la botella para abajo, como se hace con la salsa inglesa Perrins. Aclaro que, para evitar suspicacias, el nombre de la bodega y de su wine maker son ambos ficticios. En cambio, el facultativo Mackintosh es el facultativo Mackintosh nomás.

La bodega es honesta y de verdad, fundada en Perdriel por los Fichi, unos mendocinos. Tiene 30 hectáreas de viñas, 20 de las cuales son excepcionales, antiguas (80 años) y de excelente malbec. Y usan planta elaboradora propia, chica (780.000 litros), pero muy moderna, manejada por el enólogo USA Albert Heavens.

La clave acá es Heavens, wine maker de Napa Valley recibido en Davis, USA. Empezó en Italia como tercer enólogo de los Fontodi, en Panzano, y se unió más tarde al marketing exportador californiano New World Wine de Robert Parker. Instalado entre nosotros desde los 90, ojo con este personaje: influye mucho sobre el consumo reverencial de los vinos de culto tanto chilenos como argentinos y opera viento a favor de la irresistible mass media USA (fashion, periodismo, cine, TV total), proponiendo como must bien despabilado para el consumo interno argentino las fotocopias tintas concentradas por sangría o como sea, propiciadas como commodities por el marketing americano para hacerse del negocio export mundial.

Me parece bien que bodegas asesoradas por Heavens hayan aumentado sus exportaciones. Pero mal si, para lograrlo, cuestionan el perfil hedonista, mediterráneo, amable y tradicional de los vinos que quiere tomar -y toma- nuestro mercado interno de consumo mayoritario.

A comienzos de 2009, el 96% del vino argentino se tomaba en las mesas argentinas. Y sólo el 4% iba afuera. No creo que la cosa haya cambiado mucho. Las veintitantas bodegas que abastecen acá al 90% del consumo doméstico, desde Catena Zapata hasta López, pasando por Del Fin del Mundo, Navarro Correas, Finca Flichman, etc., ofrecen, en sus líneas de mayor consumo, vinos de paladar décontracté, envueltos y fáciles de tomar. La bodega que asesora Heavens no figura en esta lista.

1. Nuevo premium

De bodega El Porvenir, el Blend 2005 tiene base malbec con cabernet, tannat, syrah, y todos los chiches requeridos para exportar: precio alto, botella bien pesada, etiqueta arcaico-incaica canchera, explosiones afrutadas. El enólogo Luis Asmed acometió una profusa sangría de los mostos para asegurarse un paladar foráneo superconcentrado.

2. After dinner

Nocheterna 2007 ($ 35), un syrah con 140 gramos de azúcar por litro, acaban de sacar los Putruele, bodega famosa por sus Finca Natalina, honestos y atractivos varietales nuestros de cada día ($ 11). ¿A quién se dirigen con este sobresalto empalagoso? "Tuvo éxito en Rusia, Holanda y USA", dijo el number one, Carlos Putruele. Mejor así.

3. Dulce natural

Elementos Torrontés, late harvest, es la opción blanca más barata de El Esteco, bodega salteña heredera de la célebre Michel Torino-La Rosa. El mandamás comercial, Juan Manzioni, mandó darle el máximo azúcar residual (5 gramos) para "capturar el espíritu femenino". También Nietzche y Camus fracasaron en ese intento.

Entre copas

Ochentoso Para los que se derretían por las grandes copas heladas, reabre Bahamas, en Costanera Norte. Llega con una estética cuidada y una extensa carta gourmet, en la que se destacan los mariscos, pescados, pastas y grill. Además, su bar ofrece coctelería, cerveza tirada y, obvio, las tradicionales copas heladas que lo hicieron famoso.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.