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Nómades: recorrieron más de 20 países y crearon un proyecto para conectarse con viajeros de todo el mundo

Jimena Barrionuevo
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7 de marzo de 2019  • 14:48

Dicen que su historia es digna de ser contada en una película romántica. Que se encontraron sin buscarse pero que en ese momento de sus vidas, los dos, perseguían el mismo sueño. El encuentro mágico entre Agostina y Luciano sucedió en la ciudad de Ho Chi Minh (antiguamente Saigón) en Vietman, aunque diez años habían cruzado miradas e intercambiado teléfonos en una fiesta en la ciudad de Buenos Aires. ¿Casualidad o destino?

Agostina Manzone (30) estaba de viaje con unas amigas en ese país del sudeste asiático. "Necesitábamos cruzar por tierra, de Laos a Vietnam. Nos topamos con una publicación que Luciano subió a Facebook con un texto muy completo sobre Hanói (el lugar donde necesitábamos llegar) y explicaba que había pasado 40 días ahi. L e voy a escribir a este chico que debe saber cómo cruzar, quizás ni se acuerde de mi pero voy a hacer el intento, pensé y así empezó todo", recuerda ella.

Para ese entonces Luciano se había convertido en un viajero experimentado. Luego de recibirse como Ingeniero en Informática, había partido solo desde Buenos Aires hacia Londres persiguiendo el "éxito". Pero la experiencia se frustró y a los pocos meses regresó a la Argentina para barajar y dar de nuevo. "Londres, que fue mi primer gran viaje, me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, que no importa cuán lejos viajes, los fantasmas del pasado te van a seguir, excepto que los resuelvas antes de poner un pie en el avión. Viajar para escaparse de los problemas no existe. Los problemas se meten en nuestra mochila, aunque nosotros no lo sepamos", relata Luciano Cicerchia (30).

Cuando regresó de Londres lo que le hacía mala sangre, seguía ahí. Relaciones no resueltas. Corazones rotos que seguían sin cicatrizar. Decisiones que en su momento no había querido afrontar. "Ya en casa, me encontré con la felicidad de mi familia y amigos por verme llegar. Pero no puedo olvidar el vacío que sentí la siguiente mañana. Me desperté en la misma cama donde había dormido toda mi infancia y me pregunté: ¿Y ahora qué? La sonrisa de mis papás y hermana era algo que me alegraba el día pero yo me sentía vacío, sin motivación, con una ciudad estancada donde todos se hacían mala sangre, donde todos vivían apurados. ¿A dónde vas Buenos Aires? ¿Tan rápido tenes que ir?".

La escritura siempre había sido su gran aliada para volcar sobre el papel lo que no podía comunicar a través del medio oral. Pasaba horas con la birome en mano como una forma de conectarse con su interior. "Mi fuerte siempre fueron los números. En la escuela, las cuentas me salían solas. No necesitaba siquiera estudiar. Con prestar atención en clase, me bastaba. Pero escribir fue siempre mi cable a tierra. Además, como siempre fui medio tímido y tartamudo, lo que a veces no podía decir con las palabras, lo decía escribiendo. Con el tiempo fui mejorando mi habla, hasta incluso normalizarla, pero mi pasión por escribir ya estaba instalada".

Con Londres como experiencia y un nuevo pasaje en mano para lanzarse a la aventura, pasó ocho meses en Brienza, Italia, el pueblo donde había nacido su bisabuelo, y luego sin mirar atrás se dirigió a Asia. Enseñó inglés en Filipinas, Tailandia y Vietnam. También recorrió Laos, Hong Kong, Macau y algunos países más. En el transcurso de esos meses, pudo darle forma a un blog de viajes, al que llamó Una Vuelta por el Universo ( www.unavueltaporeluniverso.com) donde comenzó a volcar todo el proceso de decir adiós para recorrer el mundo y al que sumaba detalles y recomendaciones sobre los diferentes destinos que visitaba. El blog creció lentamente y en forma sostenida y hoy tiene casi 30 mil seguidores, 20 mil en Facebook y otros 5 mil en la plataforma Instagram.

De la mano al mundo

Cuando Agostina le mandó un mensaje por WhatsApp para pedirle información sobre cómo cruzar hasta Hanói, Luciano se sintió en su salsa. Recomendaciones, charlas sobre viajar, la vida y el estar lejos. La química se dio sola. "Si bien es ingeniero, mostraba una faceta distinta, creativa, más bohemia. Escribe, le gusta la música, toca el piano. Se salía del molde. Pasábamos horas chateando y me hacía reir, descubrimos que teníamos valores en común. Es un chico sensible, un compañero de fierro, me alienta, me apoya, me desafia a ser mejor, me mima y yo a él", dice ella con una sonrisa.

Por eso no dudó en decir que sí cuando surgió la posibilidad de emprender viaje juntos. Al igual que Luciano, con su título de Licenciada en Administración de la Universidad de Buenos Aires (UBA), dejó la "comodidad" del deber ser y descubrió que, viajar y el arte eran su pasión. "Me sentía muy vacía, nada tenía sentido. Trabajaba en una multinacional, cursaba a la noche. Recordé un viaje por Bolivia, Perú y Ecuador y pensé que necesitaba algo así". Por eso cerró los ojos, se despidió de su familia y amigos en Mercedes, provincia de Buenos Aires, y se fue a hacer la carrera de Arteterapia en Nueva Zelanda. Después visitó el sudeste asiático, donde conoció a Luciano, y de ahí en más sus caminos se unieron.

"Agos era distinta al resto. Si ella quería algo, te lo hacía saber. Es pura, humilde, sincera. Valora cosas que otro deja pasar. Si vos tenés un sueño, ella va a hacer todo lo posible para que lo cumplas. Con ella todo es fácil. Por eso todo se dio con normalidad. Como si supiéramos que estar juntos era la manera correcta de seguir viajando. No hay burocracia entre nosotros, no hay estrés, todo fluye con normalidad", asegura Luciano.

La chispa creativa

"¿Por qué no armamos un cuaderno viajero que recorra el mundo y donde la gente vaya escribiendo sus experiencias y anécdotas?", le dijo una tarde Agostina a Luciano. " Queríamos hacer un cuaderno que viajara por el mundo, que estuviera con cada persona una semana para que cada uno escribiera, pintara, dibujara, o lo que quisiera, plasmando sus sentimientos, anécdotas, etc. Mandamos mensajes a muchas editoriales y, para sorpresa nuestra, muchas respondieron que sí. Entre esas, Monoblock, Tintha y Fera. También los chicos de Marcando el Polo, un blog muy conocido, se coparon y donaron un cuaderno. En total juntamos cinco, por lo que decidimos mandar uno a cada continente. Impensado e increíble", cuenta ella que fue la pata creativa de la dupla -dibuja e ilustra- mientras que él se encargó de los textos.

Hoy el cuaderno europeo está en manos de Algo que Recordar, una familia española muy famosa en el mundo de los bloggers, creadora del cortometraje El Síndrome del Eterno Viajero. El argentino está en la ciudad de Buenos Aires, a punto de pasar a otra persona. El asiático estuvo en China y se dirige a Chang Mai, Tailandia. El de Oceanía llegó a Nueva Zelanda proveniente de Australia. El de África es el único que está en una suerte de limbo porque fue enviado a Kenia pero el correo no lo entregó y lo mandaron de vuelta, así que está a la espera de ser enviado nuevamente.

"Nos gustaría analizar cómo cambian las anécdotas o memorias, dependiendo del continente en el que se escriben. Capaz lo que es un problema en África, no lo es en Oceanía. Capaz lo que a alguien le estresa en Tailandia, no genera un inconveniente en Costa Rica. Nos encantaría ver esa diversidad", dicen desde las Palmas de Gran Canaria, el destino que eligieron para pasar un tiempo por su agradable temperatura. "A veces la felicidad propia no tiene los mismos planes que la felicidad ajena. Ser egoísta y buscar la felicidad propia no es una tarea fácil, hay que ser valiente para lanzarse en esa búsqueda", concluyen.

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