OJO CON LOSHOROSCOPOS

Son como el parte meteorológico: pocos creen en su veracidad, pero todos lo leen, por si acaso. En la mayoría de los medios de comunicación existe una sección dedicada a los avatares del Zodíaco. Mitos y verdades de una especialidad que despierta la curiosidad de escépticos y fieles
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19 de abril de 1998  

U sted pregunte, que el cielo responde. Relaciones laborales, familiares y prohibidas. Viajes al macrocosmos o al microcentro. Fechas para anillarse en un civil y días para divorciarse mejor. Bautismos, comuniones, extracciones bancarias o molares. Momentos ideales para cerrar negocios y abrir corazones. Dinero y amor. Y salud, que es lo que importa.

Usted pregunte, que el cielo estampará su respuesta en libros, pantallas, líneas telefónicas, diarios, radios y revistas. Pregunte y escuche. Y lea. Y después créalo o no. Déjese llevar por las leyes del Zodíaco, o indígnese, y cambie de página o canal con los dedos fruncidos de asco. Pero, sin embargo, ya no habrá retorno: usted habrá pasado a integrar el mayoritario porcentaje de personas que -por diversión, convicción o sólo para criticar- se entregan al abrazo seductor de los horóscopos.

"Hay ciertos requisitos que cumplir para que una teoría pueda ser considerada en forma seria, y uno de ellos es el éxito o fracaso de sus predicciones -asegura Gregorio Klimovsky, especialista en comprobar la veracidad de los postulados científicos-. En este sentido, la astrología es totalmente aleatoria: la pegan en cosas bastante obvias o generales. Alguna gente hizo investigaciones estadísticas para ver cuántas veces acertaban, y el resultado fue deplorable."

Una por una. La publicación italiana Scienza e Paranormale se encargó de deshojar las profecías con un cuchillito. La revista, en la que participan varios premios Nobel, es publicada bimestralmente en Milán por el Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones sobre lo Paranormal (Cicap) y cada fin de año verifica si se cumplieron los pronósticos realizados durante los doce meses transcurridos.

No alcanzaron las estrellas para prever tremendo fracaso. Las conclusiones, gordas, pesadas, cayeron como una guillotina. No sólo se habían obviado grandes catástrofes como el terremoto en Asís, sino que se habían errado las predicciones con inmaculada precisión: un intérprete de Nostradamus fijó en 16 meses el gobierno del primer ministro italiano Romano Prodi, quien todavía disfruta de las felpas de su cargo. Otros aseguraron la victoria de la derecha política en Gran Bretaña y Francia, dos países actualmente gobernados por partidos de centroizquierda. También hablaron de una grave enfermedad para James Baldwin, un autor que afortunadamente goza de inmejorable salud, y auguraron la victoria del alemán Michael Schumacher en el mundial de Fórmula 1, que fue descorchado por el canadiense Jacques Villeneuve.

Inclusive, un iluminado que acaso se esté dando las últimas puntadas en la boca vaticinó que los Juegos Olímpicos del 2000 contarían con la presencia de Lady Di.

La Argentina, como es debido, sigue la tendencia europea. Nadie avizoró el asesinato de José Luis Cabezas. El empresario Yabrán quedó huérfano de auxilio para prevenirlo de un año agitado. Hilda Chiche Duhalde todavía espera que se cumplan los pronósticos -entre ellos, el de Blanca Curi-, que auguraban su triunfo en las últimas elecciones.

"En el programa de Nancy Pazos adelanté que la ganadora iba a ser Graciela Fernández Meijide -se salva Mabel Iam-. También dije en un programa de Juan Alberto Badía que entre julio y junio se iba a dar una polaridad energética. Contrasté la carta natal del Presidente con la de la Argen-tina, y se podía ver que los partidos opositores se iban a juntar en contra del gobierno, como si fuera una alianza. Ocho meses después, se dio."

La mujer habla de aséptica exactitud. Dice que la astrología es una ciencia que une matemática, metafísica, psicología, mitología y trigonometría. Y que los horóscopos son generalizaciones tan graves como asegurar que todos los periodistas son corruptos.

Siembra sal donde más arde, Mabel. Y mira con los ojos hondos mientras se estira un rulo castaño y leonino. "No hay un signo, sino una carta natal. Personas que en un horóscopo aparecen agrupadas bajo un mismo signo pueden ser absolutamente distintas. Y eso sólo se ve en una carta."

A pocos metros, una computadora portátil sella sus bordes como un cofre de Pandora. En esa cajita negra duerme el universo: ahí está el programa que Iam usa para diseñar la maqueta sideral de ignotos y famosos.

"De la Rúa dice que no cree en los horóscopos, pero sí en mis cartas", se ufana. Y cuenta que son muchos los políticos que se acercan pero que, salvo el caso del jefe de gobierno porteño -al que suele mandar al frente, acaso con cierta intención-, no quiere dar otros nombres.

Vuelve a mirar con ojos de pitonisa. Los mismos que, aparcados en una foto de aparador, se pierden entre estatuillas de ángeles y estampitas de Jesús. La repisa es un retazo de la nueva astrología: como gran parte del público cautivo se empezó a volcar a las bondades del new age , es necesario ensanchar los carriles. Los libros de Mabel son una mezcla de autoayuda, horóscopo y psicología de divulgación que, al menos, no incluye grandes predicciones ni revelaciones planetarias.

Dos de sus publicaciones ( Las zonas erróneas de tu signo y Cambie su destino ), que suman una tirada de 13.000 ejemplares, son apenas un gajo del sólido mercado astrológico. A la cabeza está un clásico indiscutido: las Predicciones , de Horangel, un anuario con tirada récord de 150.000 ejemplares, que ofrece vaticinios mundiales y para cada signo, y analiza la corriente de El Niño y la inevitable carta natal de Lady Di.

Luego sigue el Horóscopo chino , el tradicional hijo de Ludovica Squirru, que llega a los 100.000 ejemplares y contiene tiradas de I Ching y aportes de la cultura maya.

Sorpresa: el prólogo está escrito por Ernesto Sabato. "Es una persona que cree profundamente en las culturas precolombinas como legado y patrimonio, en sus avances astronómicos y matemáticos -contó Ludovica al suplemento Vía Libre-. El valora el hecho de que yo transmita algo científico con humor y de manera muy accesible para la gente."

Lily Süllos, sin embargo, encuentra en el horóscopo chino un charco de pura poesía . Y dice que, al momento de precisar fechas, nada mejor que la astrología científica y ortodoxa. La de siempre. La que vive, y sobrevive, en el anuario de Lily, que tiene una tirada de 22.000 unidades.

Por un precio diez veces superior al de una publicación, las consultas personales ofrecen mayor precisión y menos horas de lectura. Las visitas astrológicas rondan los cien pesos y la confección de una carta natal no baja de los ciento cincuenta.

Claro que siempre está la alternativa más económica, más mediática y más IVA, de los 0-600-futuro. Signo Phone atiende a razón de una persona cada dos minutos, mientras que La Línea de los Angeles recibe semanalmente 3500 llamadas. De ellas, el 50 por ciento son hombres.

"Mi 0-600 está muy bien hecha, porque se actualiza a diario y es lo mismo que preparar un anuario -asegura Waldo Casal, que también tiene su Horóscopo lunar , con 15.000 unidades de tirada-. En el libro tratás de dar pronósticos exactos, porque la persona puede sacar su ascendente. Porque el ascendente da el yo soy, y al combinarlo con el soy ya le podés dar una predicción más segura. ¿Me comprendés? El horóscopo lunar tiene las predicciones para los doce signos, día por día. Son 365 predicciones por signo. Multiplicalo por doce. Está también la carta natal de la Argentina, y en el próximo libro vamos a dar las profecías: si va a haber guerra, si no, si el planeta se termina, si no se termina. Mucho más complejo ¿me comprendés?" Sería bueno comprender para saber si todo se acabará mañana, o pasado. Para apurar el futuro al menos un poco, y beberlo rápido como un café en la oficina. Sería bueno comprender para poder decodificar qué dicen algunos astrólogos cuando hablan de soyes, yosoyes, ascendentes, casas y luna llena.

"Hoy tenemos luna llena y todo lo que empezamos con la luna llena es estéril -previene Lily Süllos, con voz de fantasmita-. Te recomiendo que empieces esta nota mañana."

Sería bueno comprender.

Por lo pronto, parece que, cuando nacemos, los planetas y las constelaciones están en determinada ubicación. El ascendente es la constelación que subía en el horizonte en el momento mismo del parto.

De los diez cuerpos celestes (ocho planetas, el Sol y la Luna), lo más importante para la carta natal son el Sol, la Luna y el ascendente. El Sol marca las generalidades de un signo: por ejemplo, todos los de Aries nacieron con el Sol en una misma ubicación. La salvedad es que de los millones de arianos existentes, unos miles tendrán la Luna a un mismo grado (cambia de constelación cada dos días y medio), otros cientos coincidirán en la situación del ascendente y muy pocos compartirán la misma ubicación planetaria.

"La diferencia entre hacer un trabajo masivo y uno personal es muy grande -asegura la astróloga Karina Marión Bungerfeld, quejunto con su colega Néstor Uriarte se agrupa bajo el seudónimo de Kirón y hace los horóscopos de la Revista-. Son más las cosas que puedo decir mirando una carta natal que las que puedo escribir en relación con todos los taurinos, por ejemplo. Para el horóscopo semanal, hago un cálculo de cómo van cambiando de signo y de grados las constelaciones que están en movimiento en relación al Sol. Todos los taurinos van a tener el mismo sol, y escribo sobre la base de esa generalidad. Trato de tirar una punta, aunque muchos lo tomen simplemente como entretenimiento."

S egún estadísticas norteamericanas, entre un cinco y un diez por ciento de los consumidores de diarios y revistas dejarían de comprar la publicación si se extirpara el horóscopo de sus páginas.

"En dinero, esa pérdida es importante, y es por eso que se sigue con esta superstición -arremete Klimovsky-. Creo que periódicos y publicaciones serias no deberían hacerse eco de determinadas cosas."

Klimovsky debe ser Capricornio. Según el libro de Waldo Casal, son amantes del orden y la racionalidad (también tienen problemas óseos). Y Klimovsky sólo admite la existencia de la astrología en sus orígenes: en la remota antigüedad, se pensaba que las estrellas estaban fijas en el cielo y que los planetas eran dioses que vagaban sin rumbo y ejercían determinadas influencias. "Hoy se sabe que las estrellas son astros que se mueven, forman galaxias, van evolucionando. Y los planetas resultaron ser, en vez de dioses, esferas de piedra o gas."

Michel de Nostradamus, médico francés muy respetado en el siglo XVI, se hizo famoso gracias a esas celestes redondeces. Entre sus más de mil profecías se cuentan las videncias respecto de la Revolución Francesa, la tragedia de la familia Kennedy y la inicial victoria nazi.

Tan creíble fue -y sigue siendo- Nostradamus, que sus predicciones fueron usadas por el Tercer Reich: cuando Joseph Goebbels -el ministro de propaganda de Hitler- leyó los cuartetos, encontró allí un arma de persuasión sumamente útil para terminar cuanto antes con la resistencia francesa. El hombre, acaso para ahorrar tiempo, bombardeó Francia con panfletos que difundían la predicción. Pero el efecto boomerang pronto lo alcanzó: una vez invadida Francia, el primer ministro inglés Winston Churchill, convocó a un astrólogo para publicar aquellos cuartetos donde figuraba la derrota del nazismo.

Nostradamus no escribió versos sobre la Argentina. De eso se encargaron los astrólogos locales, que con buena prosa aseguran saber adónde vamos a ir a parar. Y es que la carta natal de nuestro país existe, y se toma a partir del lugar y la fecha de la declaración de la Independencia: el 9 de julio de 1816, en Tucumán.

"La gente no sabe que la mayoría de los próceres fueron masones y que decretaron el nacimiento de la Argentina buscando un día con una apropiada distribución de los planetas -revela y sorprende Mabel Iam-: el Sol en un punto que da éxito y trascendencia, y Júpiter en ascendente, que trae muchos beneficios. Es más: Urano y Neptuno en la casa dos hacen perder dinero, y la Argentina no los tiene ahí."

El Sol y Júpiter, decididamente, se están haciendo rogar. Y varios millones de personas podrían jurar que Urano, Neptuno y sus contratiempos clavaron sus raíces en todas las casas.

Son justamente los problemas económicos el principal motivo de consulta. "A la gente le gusta leer el horóscopo, aunque sea una mentira, porque está llena de problemas y quiere tener una ráfaga de esperanza -define Lily Süllos, que escribe para la editorial Perfil-. Lástima que esta ansiedad está vilmente explotada por personas que no saben nada."

Los que no saben nada son los improvisados, los que memorizan el nombre de los signos y luego salen a pronosticar años felices. Süllos, en cambio, tiene 40 años de profesión y se recibió de astróloga en una facultad alemana, dependiente de la de Medicina.

En Europa, el análisis de los tránsitos celestes es un estudio serio. En Londres, y desde hace trescientos años, funciona una facultad impulsada por Isabel I de Inglaterra. Luego surgieron las sucursales alemana, española y holandesa. En la Argentina llegó a funcionar una rama, que según Süllos iba a ser aceptada como una dependencia de Medicina. Pero el gobierno militar los tildó de brujos y, una vez más, optó por castrar cualquier resto de disenso.

C on la democracia fue posible volver a ver el cielo. Y más allá de la credibilidad de los cálculos, hay quienes trabajan sobre la base de impecables mediciones matemáticas. De ahí en más, existen medios que contratan astrólogos para su sección zodiacal, y hay otros que apelan a la nutrida imaginación de los periodistas.

"Es una injusticia -protesta Süllos-, porque yo me formé durante años y vienen unos chantas a desprestigiarlo todo."

Lily se indigna y el acento húngaro le entibiece las venas del cuello. Lily. La mujer que, en 1978, previó la victoria de la selección de fútbol. La que aún guarda un Menemálbum (sic) con recortes periodísticos donde aparece la prematura predicción de la victoria menemista. La que -en vísperas del SIDA- vio que Plutón había entrado en Escorpio, el signo del sexo, y aventuró la aparición de algún tipo de enfermedad mortal. La que, en 1983, hizo una carta natal donde adelantó el futuro astrológico de Gabriel Mariano Rugiero: un horoscopista maya que suele desvariar por las plateas mediáticas con túnica naranja y mechón de cabello al tono.

"Llegué al calendario maya a través del arte -explica Rugiero, verborrágico y grácil-. Empecé mi carrera como actor y en 1993 me apasioné con la mística, con la búsqueda espiritual. Estudié y trabajé con Indra Devi, en la India con Sai Baba, para enriquecer un poquito el almita. Hasta que me agarró la fiebre maya y me dediqué a todo esto."

Imix -su nombre telúrico, que significa dragón lunar rojo- escribe semanalmente para la revista TV y Novelas y fue declarado revelación 1997 como personaje exótico, junto a Federico Klemm y Moisés Ikonicoff. Abonado al ciclo Perdona Nuestros Pecados, asegura que su pretensión es llegar de una manera distinta a la gente: "Muchos se hacen los serios y son igualmente verseros. Yo al menos soy auténtico. Los indios decían que tenemos que ir por el río de la vida en una canoa con dos remos: el amor y el humor".

-Calculo que habrás ido a México más de una vez.

-Hice viajes astrales a México, viajé en ovni por todas partes. De hecho, mis últimas vacaciones las pasé en las costas de Orión.

-...

-Justamente, la nota era sobre mitos y verdades, ¿no?

Imix lo entendió todo. Mastica tímpanos propios y ajenos con su última carcajada maya. Como los futuros cohetes japoneses, el gritito perfora la atmósfera, asciende a la estratósfera, y muere en las playas de una constelación cualquiera.

Texto: Josefina Licitra

Ilustraciones: Napo

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