Onicofagia: por qué nos comemos las uñas y cómo evitarlo

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Shutterstock
Daiana Aguirre
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4 de abril de 2019  • 12:02

Si sos de las que no pierde la costumbre de llevarse la mano a la boca y te avergüenzan tus uñas lastimadas, es seguro que también te gustaría pintártelas con normalidad y disfrutar de una buena sesión de manicuría. Sin embargo, la onicofagia no es solo un problema estético. Afecta a grandes y chicos y les causa a todos por igual las mismas dificultades: no son conscientes de que lo están haciendo, no poder parar al darse cuenta y ser incapaces de terminar con el hábito. Y eso no es todo. Porque, en los casos más extremos, la persona puede llegar a desgarrarse las uñas o bordes periungueales (laterales). Las autolesiones tienen una serie de causas psicológicas detrás y te invitamos a informarte sobre el tema.

Orígenes emocionales

Según el American Journal of Orthodontics and Dentofacial Orthopedics, esta práctica puede ser causada por la ansiedad, el estrés, la soledad y el aburrimiento. Cuando surge en la infancia, existen dos posibles razones: la imitación de otro miembro de la familia o transferencia del hábito infantil de chuparse el dedo. Aunque no se observa en menores de tres o cuatro años, se va incrementando hasta la adolescencia y decrece en la adultez.

Si bien sus causas son múltiples, la Licenciada en Psicología Dolores Insúa Darros afirma que es una costumbre que tiene que ver con la historia personal y el bagaje que hay detrás. Por eso, no se puede determinar una razón específica que lo provoque. Por otro lado, en esta compulsión, "uno deposita una ansiedad en juego que tiene que ver con la angustia, en vez de hacerlo a través de la palabra" y puede vincularse con un trastorno de ansiedad generalizada o neurosis obsesiva, entre otros.

Consecuencias en la salud

El llevarte las manos sucias a la boca puede provocar el traspaso de bacterias hacia tu organismo. Además, cortar la uña con los dientes puede lastimarla hasta hacerla sangrar y provocar infecciones. A su vez, estos cortes generan un dolor profundo en la punta de los dedos que dificulta realizar actividades cotidianas sencillas, como escribir con el teclado.

La exeperta en manicuría Graciela Chias agrega que este tic puede desencadenar patologías que se manifiestan después de repetidas infecciones. "La saliva cambia el PH de la piel que es lo que la protege por ser antifúngico y antiséptico. Así, las bacterias, virus y gérmenes están permanentemente contaminando la zona", explica. Una de estas secuelas es la paroniquia, que genera dolor e hinchazón en la piel que rodea a la uña. También, aparece la onicomicosis (infecciones por hongos) u onicolisis (separación de la uña de su lecho).

Por otro lado, es responsable de problemas en los dientes, sobre todo en los incisivos, al producirles un desgaste o llegar a quebrarlos debido a la dureza de las uñas. Otro efecto nocivo es el estrés en las encías causadas por los pedacitos de uñas que las lastiman y pueden ocasionar Gingivitis o Periodontitis.

Consejos para evitarlo

Aunque es un hábito difícil de erradicar, no es imposible. Si te mordés las uñas y ya probaste con el esmalte amargo sin resultados efectivos, estos tips te pueden servir:

  • Identificá en qué momentos te llevás la mano a la boca. Observá si pasa cuando estás preocupada terminando un trabajo importante o mientras estás nerviosa mirando una película de suspenso. Detectar estas situaciones te va a servir para alejar las manos de la cara.
  • Regalate una sesión de manicuría. Te va a ayudar a encaminarlas durante los primeros tiempos. Haber invertido en ellas y verlas más lindas, te hará pensarlo dos veces antes de morderlas. "Verse las uñas en buenas condiciones hace que uno tome más conciencia y no se pellizque las uñas o la piel perisférica", asegura Chias.
  • Llevá con vos un mini kit de limas y alicates. Así, cuando se te rompa o astille una uña o te descubras un "padrastro" y te tientes a morderlos, los podrás corregir rápidamente.
  • Mantené tus manos humectadas. Quienes se comen las uñas se ven tentados por morderse los bordes resecos de la piel hasta arrancarlos. Lo mejor es hidratarlos con una crema humectante para evitar que esto ocurra.
  • ¡Llevá los labios pintados! No vas a querer que tus manos queden llenas de rouge colorado y tu maquillaje desprolijo, ¿no?

A pesar de estas actitudes conductuales a tomar, el tic puede volver. Por eso, la Darros recomienda trabajar este problema en profundidad mediante la terapia. Cambiar este hábito lleva tiempo y hay que tener paciencia para ver los resultados, ya que las uñas tardan alrededor de seis meses en volver a crecer en su totalidad y verse sanas. En cuanto empiezan a mejorar, es posible que estén muy blandas y débiles por el mal trato recibido anteriormente. Por eso, lo importante es que las cuides aplicando esmaltes fortificadores o calcio debajo de tus colores favoritos.

Expertas consultadas: Graciela Chias, experta en manicuría. Dolores Insúa Darros, Licenciada en Psicología.

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