Pannies: quiénes son las niñeras que surgieron en la pandemia y acompañan a los chicos en su vida puertas adentro

Marina Levi (22). Estudiante de Psicología. "Trabajaba part time en un consultorio médico y no pude seguir yendo. Una mamá buscaba a alguien que la ayudara con los nenes. Me venía bien y además me gustan mucho los chicos".
Marina Levi (22). Estudiante de Psicología. "Trabajaba part time en un consultorio médico y no pude seguir yendo. Una mamá buscaba a alguien que la ayudara con los nenes. Me venía bien y además me gustan mucho los chicos". Crédito: Mariana Roveda. Producción de Lula Romero.
Ana Paula Queija
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16 de noviembre de 2020  • 13:07

Los cuidan, les traen actividades lúdicas pero pedagógicas, los acompañan en sus clases virtuales, los ayudan con sus tareas, los escuchan, comparten la vida puertas adentro con los chicos, que, definitivamente, fueron de los más afectados durante estos meses. Las "pannies" son las niñeras de la pandemia. Son chicas por lo general jóvenes, a quienes también les cambió la rutina y que buscaron un trabajo temporario. Sobrinas, primas, hijas de amigas o chicas que viven cerca y pueden llegar caminando y ayudar con los chicos. Muchas de ellas son estudiantes que ahora cuentan con más tiempo libre por estar ahorrándose el viaje de su casa a la universidad; otras, maestras jardineras o auxiliares de guarderías que se quedaron sin trabajo o redujeron sus horas (y sus sueldos, claro). Ellas se convirtieron en un gran salvavidas para varias relaciones entre madres e hijos que ya estaban al borde del abismo.

Al borde del ataque de nervios

Es que, aunque nos fuimos acostumbrando a esta nueva realidad, no deja de producirnos cansancio. Un informe reciente de la Universidad Siglo 21 sostiene que una de cada tres mujeres está agotada. ¿Cómo no vamos a estarlo? Con el correr de los meses, nuestras casas se convirtieron en escuela, espacio de juego, oficina, gimnasio y templo de todas las emociones y conflictos de cada integrante de la familia. Nos costó energía extra y habilidades que creíamos no tener, pero lo conseguimos. Por suerte, de a poco, el aislamiento se fue descomprimiendo y pudimos salir a hacer ejercicio y hasta tomar algo con amigas. Sin embargo, están los pequeños que aún quedan sin esa lucecita al final del camino, algo perdidos sin su escolaridad ni la habilitación para realizar actividades grupales o en clubes, y esto, para muchas mamás, resulta pesado y algo preocupante, después de tantos meses. En las charlas entre amigas circula mucho la frase "me cansé de ser maestra" o "ya me estresa recibir mails del colegio". Obviamente, contar con escolaridad a distancia es un privilegio que no todos tienen, pero, no obstante, es un peso que cuesta llevar. Además del desgaste que produce en la relación con tus hijos, puede que también te preocupe que ellos sigan carentes de contacto con sus pares, o incluso con otros adultos. Los chicos necesitan de espacios por fuera de la mirada de sus padres para crecer y desarrollarse.

Frente a la pregunta de si da pedirles que sigan adaptándose a estar fuera de los círculos que antes los representaban, son varias las familias que comenzaron a activar planes de apoyo que también les permitan contar con un par de horas al día para poder trabajar o hacer sus tareas. Así surgieron las pannies, en distintos formatos, pero siempre con un mismo objetivo: sumar una nueva figura al juego y buscar darles mayor contención a los niños en este momento en el que la escuela no parece ser prioridad en nuestro país.

Tipos de pannies

  • Maestra particular: para muchas mamás, lo más difícil y desafiante fue, sin duda, convertirse en maestras de sus hijos. Durante estos meses, valoramos más que nunca la tarea docente que requiere una paciencia infinita, y también nos dimos cuenta de que muchos chicos no responden de la mejor manera a la pedagogía de sus mamás, así que una salida es la niñera que oficia de maestra particular, o bien una docente en casa. Puede funcionar una o varias veces por semana y lo que hacen, en general, es sentarse con los chicos a cumplir con las tareas, motivarlos y acompañarlos en sus encuentros por Meet. Así conviven docencia, pedagogía y un poco de juego.
  • ¡A jugar!: otro tipo de panny es la que viene a casa exclusivamente a jugar, una especie de maestra jardinera que enseña, pero al 100% con el juego. Son unas horas en las que un adulto se dedica exclusivamente a desarrollar un espacio lúdico. Los chicos disfrutan mucho de tener una rutina en la que saben lo que va a suceder, en medio de tanta mezcla de actividades en casa, y también les producen placer las actividades coordinadas y guiadas.
  • Recreativo y grupal: para quienes se preocupaban por la carencia de sociabilización de los chicos, surgió la posibilidad de una figura que puede ser una maestra jardinera, animadora o profesora de educación física que ofrece una propuesta lúdica en la que un grupito reducido de chicos se encuentra para jugar. Generalmente se da en lugares abiertos como un parque. También se armaron grupos de recreación en algún espacio público al aire libre, permitiendo a los chicos retornar a su deporte favorito. Hay chicos que se juntan con un profesor a jugar al fútbol, otros que se organizaron para hacer clases de tenis. Además, la calle se convirtió en un punto de encuentro entre vecinitos. Quienes se animan y tienen un parque cerca, recurren a ese espacio. Los chicos son fáciles, ellos pueden sociabilizar jugando en paralelo sin siquiera tocarse, uno con su mamá en una fila y quien le sigue con su papá, en el tiempo de espera, se miran y se comunican con sus gestos. Muchos chicos han aprendido a socializar manteniendo distancia. Los especialistas en crianza concuerdan en no encerrar a los chicos; una buena forma es enseñarles el concepto de burbuja: hacer de cuenta que cada uno está dentro de una y si nos acercamos, se pincha, por eso no debemos entrar en contacto físico.

Rescates para niños en pandemia

Por Alejandro Schujman. Psicólogo, especialista en familias.

Jamás existirá una máquina o monitor que pueda reemplazar las vivencias de la interacción mirándose a los ojos ni las sensaciones que un abrazo de alguien amado produce. Doy gracias por eso, porque es la esencia de los seres humanos. Hoy extrañamos todo aquello que teníamos y no valorábamos. Extrañamos y extrañan los más pequeños, pero ellos no entienden del todo lo que pasó con los amiguitos, las señoritas, la cotidianidad del aula o la salita. Los adultos tenemos una enorme tarea: reinvertir la ecuación de monitores encendidos y miradas apagadas. Todos los espacios de conexión real son primordiales.

En estos tiempos de espacios superpuestos es fundamental mantener la especificidad de los roles. Los padres, a la crianza, y los docentes, a educar. Por la salud mental de todos los actores, evitar la superposición de funciones es clave. Brindemos momentos plenos, compensemos de alguna forma lo que la realidad les impone desde afuera. Sin descuidar lo epidemiológico, claro, optimicemos las alternativas que sí tenemos para que nuestros niños puedan tener experiencias cara a cara con pares y adultos esenciales. Miraba una historia en una red social de un jardín de infantes que implementó turnos para que las familias pasen (de a una por vez) con los peques para que jueguen con sus seños, a través de las ventanas. La cara de felicidad de los niños y niñas lo decía todo. Ellos tienen la sabiduría para valorar y atesorar esos momentos hasta que pueda volver la normalidad. Las pequeñas dosis son rescates en el mientras tanto. Tenemos que ser creativos y ofrecerles alternativas y momentos de mirar a los ojos, de darles la contención y la tranquilidad de que estamos aquí y ahora con ellos. Construyamos momentos pequeños, posibles, seguros de ojos brillantes, y esperemos. Pero cuando vuelva la calma, no olvidemos, porque si no aprendemos aquí, entonces, no habremos entendido nada.

¿Y vos qué plan B activaste?

  • Florencia Gancedo (37). Abogada y mamá de Candelaria (4). "A Cande la veía mal, desocializada, veía un chico y se escondía; le estaba empezando a costar relacionarse. No digo que le vayan a quedar secuelas, porque ella tiene la contención para superarlo, pero decidí ayudarla de otra manera. Reuní a algunas mamás y les propuse armar tardes de juego en la galería de mi casa. Son tres nenas y un nene, todos compañeritos del cole. Lo que más me costó fue conseguir a una maestra, pero apareció. Yo creo que es más importante la salud emocional que si se agarran el virus".
  • Guadalupe Salesses (27). Bailarina y profesora de danzas. "Desde siempre trabajé con chicos. Mi primer trabajo, apenas terminé la secundaria, fue como profe ayudante en una colonia de verano. Este año, si bien continúo dando mis clases de danza en modo online, familias conocidas y amigas me pidieron ayuda con sus peques, un par de horas a la mañana o a la tarde para jugar con ellos y salir a dar algunas vueltas por la plaza. Puedo decir que estoy rodeada de niños desde los 18 años, cosa que me encanta y disfruto mucho".
  • Carolina Crosta Blanco (42 años). Lic. en Comunicación Social y mamá de Agustín (5). "Cuando habilitaron los encuentros al aire libre de hasta 10 personas, encontramos un profesor de educación física que daba clases en plazas. Lo charlamos con algunas madres del jardín y formamos un grupito. Somos plenamente conscientes, y por suerte Agus también, de las medidas de cuidado, pero también creemos en la importancia de cuidar su salud emocional. Él necesita el contacto con sus pares, más aún por el hecho de ser hijo único. Lo que hoy vivencia va a definir su personalidad, sus habilidades físicas y su salud emocional".

Expertos consultados: Karina Pintos. Psicóloga, mamá de 5 hijos y autora de Herramientas de crianza. @consultoriodecrianza.

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