Paola Barrientos. "No entiendo cómo funcionan las redes sociales"

La protagonista de Viudas e hijos del rock &roll habla de su relación con la TVy la tecnología, y revela su placer culposo
Carolina Amoroso
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28 de febrero de 2015  

¿Nos va a molestar Thalía?", pregunta mientras se escuchan de fondo los ecos de un videoclip de la cantante que suena en una señal de música. Ocurre que es temprano, muy temprano para la energía vibrante de la mexicana. El volumen de la TV baja y arranca la charla con ella, una actriz de oficio y gran recorrido en teatro, que saltó a la fama con la desopilante publicidad del banco. Sorprendió por sus dotes para la comedia y, luego de cautivar al público con su rol en Graduados (por el que también recibió un Martín Fierro), fue elegida para protagonizar, en Telefé, Viudas e hijos del rock & roll, la siguiente tira de la productora Underground que seguirá al aire hasta mediados de este año. Sobre el final de las grabaciones de esa ficción, y próxima a estrenar en cine Ciencias naturales, la actriz (mamá de Jano y Clara) conversó con la nacion sobre el consumo de televisión en su casa, su relación con la tecnología, su placer culposo y los proyectos para este año.

-¿Sentís que se abrió un poco el juego en la TV para actores que vienen trabajando en teatro?

-Puede ser. Un poco, igual. Hay algo que la tele pone de moda. Que haya actores de teatro y que eso sea algo bueno también es parte de una moda. Siento que, en ese sentido, no hay pureza en la televisión. Se pone de moda algo, se accede a eso, y se utiliza. No siento que sea una elección franca o del todo honesta. Se abre un poco más el espacio, sí. Igual, yo fui perdiendo la ingenuidad.

-Hace poco dijiste que veías con cierta preocupación la explosión de la novela extranjera?

-Sí, como en cualquier aspecto que tenga que ver con la industria nacional vs. la importación. Me parece que cuanto más espacio nos demos nosotros para desarrollar nuestras industrias, sean artísticas, televisivas, textiles o lo que sea, es más para nosotros. Es aprendizaje para nosotros y es trabajo, y me parece que eso está bueno. Con el cine también sucede. Cuantas más posibilidades de producción nosotros tengamos, más chances de aprender a hacer, de aprender a ver como espectadores, y de comprendernos a nosotros haciendo...Yo veo con mucha alegría que, en un canal para niños como Paka Paka, los doblajes sean nacionales. Veo con mucha preocupación que los niños hablen en neutro. No me parece poca cosa, no me parece algo que pueda pasarnos inadvertido. Lo que más me preocupa es la naturalidad con la que se toma esa situación y que no la cuestionemos. Que no cuestionemos que uno puede ir por un shopping y hay un montón de negocios súper de moda, donde a las chicas les encanta ir, y donde hay unos bolsos con unas banderas yanquis o inglesas y si te querés comprar una remera con la bandera de argentina, tenés que ir a un lugar para el turismo, porque es grasa llevar una banderita de argentina en el bolso. Repito: no diría que no se pueden vender shorts con la bandera inglesa, pero sí me parece que es algo que se podría cuestionar. ¿Por qué eso sucede con tanta naturalidad? Me parece que son los resultados de dejarnos invadir tanto por otras culturas, donde terminamos viendo cualquier cosa que se trae de afuera con mejores ojos que lo que podemos nosotros.

-¿Dosificás el consumo de televisión en tu casa?

-Una decisión que tomé cuando Jano tenía dos o tres años fue no tener cable. Ahí puse televisión digital, el decodificador. No tengo historia yo con que vea, me parece bien, a mí me encantaba estar tirada en el sillón mirando televisión. Pero obviamente, cuando yo era pequeña, había uno o dos programas, y luego se terminaba. Acá es una situación en continuo, donde el gancho es el mismo que nos hacen a nosotros: no termina una cosa y ya viene la propaganda de lo que sigue. Me parece muy perverso actuar de ese modo con un niño. Por otro lado, el tema de las publicidades era algo infernal. Mi hijo tiene de todo, tiene un montón de juguetes, come lo que quiere. Tengo la posibilidad de darle todo. Y, sin embargo, frente a eso, todo lo que él podía ver era todo lo que no tenía. Me parece de una crueldad importante.

-En relación con el contacto con la tecnología, ¿tomaste otras decisiones similares para tus hijos?

-Lo que pasa es que yo tengo un contacto particular con la tecnología [abre su cartera, muestra el viejo modelo de celular que lleva y sonríe]. Yo tengo una compu en la que levanto mails y se la presto a él [Jano, su hijo mayor] para jugar. Él sabe que se la puedo prestar dependiendo de mi humor, de cómo se portó y de qué va a pasar cuando la apaguemos. A mí lo que más me aleja de que él tenga un contacto tan asiduo y tan naturalizado con esto es la angustia que provoca el momento de apagarlo. A Mickey, o ahora a los Power Rangers, los puede buscar él en la compu. Todo eso que no tenemos en la tele en casa lo puede buscar él. Pero es diferente, porque él decide qué tiene ganas de ver en ese momento y lo busca en Netflix o en YouTube y así ve el capítulo que quiere ver. Es una manera de que Jano sea activo y elija por sí mismo lo que quiere ver. Siento que es ponerlo en una situación activa en la que tiene que decir qué quiere ver e ir a buscarlo. No es un consumidor pasivo al que le muestran lo que le quieren dar.

-¿Tenés algún placer culposo?

-Sí, los programas de chismes. Me pasa que pienso: "¿Es verdad o es mentira? ¿Se está haciendo?". Me maravilla pensar: "Si se está haciendo, es una actriz del carajo", pero en el teatro, si la ves, no es una actriz del carajo. Me parece increíble cómo se puede llegar hasta tales puntos de exposición íntima. Me da morbo, sí [risas].

-En las redes sociales no estás...

-No, no entiendo cómo funcionan. No me interesa. Pregunto y no lo comprendo. Digo: ¿Cómo ves el Facebook? Si tenés 500 amigos, ¿te llega todo el tiempo lo que publican todos? No entiendo y tampoco el interés por eso. Yo, como no tengo Facebook, ni mis amigos me saludan ya para mi cumpleaños [risas]. Ya la gente no recuerda, así como no recuerda los teléfonos porque los tenés en la agenda del celular. Lo mismo que el GPS. Yo tengo la Filcar. Necesito la situación de saber hacia dónde voy a ir. En el GPS, ella me va diciendo y me lo dice en el momento en que yo lo necesito. Me desespera, siento que estoy en manos de alguien que no conozco, que me estoy dejando llevar. Digo: "Pará, no sé si te confío". En momentos me ayudó, cuando yo tenía el panorama general. Te puede guiar en alguna situación, pero no me entrego a eso.

-¿Cuáles son tus proyectos cuando termine Viudas...?

-Vida familiar y algunas funciones de Estado de ira en El Picadero.

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