Para la educación, el futuro es ahora

Javier Navia
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23 de noviembre de 2014  

Decía T. S. Elliot que, en buena parte, la función de la educación consiste en ayudarnos a escapar, "no del tiempo que nos toca vivir, pues estamos atrapados en él, sino de las limitaciones emocionales e intelectuales de nuestro tiempo". Para lograrlo, claro, la educación misma debe escapar de tales límites. Si el poeta, que murió hace medio siglo, visitara hoy nuestro país, encontraría que la educación es presa, precisamente, de todas las limitaciones intelectuales del presente. Si visitara Finlandia, descubriría, en cambio, cómo su teoría del propósito educativo es allí una norma no escrita que permite a los alumnos fineses experimentar hoy lo que en el resto del mundo llamamos futuro.

Hinde Pomeraniec lo hizo. Viajó a Finlandia para conocer en los suburbios de Helsinki cómo es un día normal en una escuela típica del país con los índices educativos más altos de Europa, y cuyos alumnos sólo han sido superados por sus pares de Shanghai y Singapur en las famosas pruebas PISA. El resultado es una crónica que se publica en esta edición de La Nación revista y que ilustra sobre las ideas que llevaron a crear un sistema tan alejado del nuestro como Finlandia lo está de la Argentina.

Por supuesto que allí Internet es una herramienta indispensable, tan básica –y a la vez insuficiente– como las zapatillas pueden serlo para un atleta de alto rendimiento, y en aulas que se parecen a las lúdicas oficinas de Google las Tecnologías para la Información y la Comunicación (TIC) son tan naturales para los alumnos fineses como el sol de medianoche. Pero mientras aquí la apropiada incorporación de las laptops a las aulas se celebró como un fin en sí mismo, en Finlandia las pantallas táctiles son apenas una intuitiva herramienta para saciar la curiosidad que los hipercalificados docentes se ocupan de mantener viva. Ése es uno de los secretos de un sistema educativo al que los chicos se incorporan recién a los 7 años y que encuentra en la cultura familiar un complemento fundamental: los fines de semana las bibliotecas públicas de Finlandia, uno de los países con índices de lectura más altos del mundo, se llenan de padres e hijos como en Buenos Aires se colman los cines o los shoppings.

El aula del futuro es un recurrente tema en congresos educativos donde se habla de impresoras 3D y pizarrones virtuales, pero, como apunta Mara Villanueva, doctora de la Universidad de Navarra e investigadora de la Escuela de Educación de la Universidad Austral, "no se trata de incluir tecnologías en las aulas, sino de incluir la escuela en la cultura digital".

O como decía Elliot, de escapar de los límites intelectuales de hoy.

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