¡Para vos, todo es poco!

Proyectar nuestras exigencias en el otro puede llegar a jugarnos en contra
Proyectar nuestras exigencias en el otro puede llegar a jugarnos en contra Crédito: Corbis
Algunos consejos para evitar que se instale la exigencia y la tiranía dentro de la pareja.
María Gabriela Palleros
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21 de abril de 2015  • 00:20

Cuando la exigencia se instala en la relación y la vara se pone muy alta, los límites se vuelven difusos, dejando al vínculo expuesto a cualquier tipo de quiebre. Para esto, es importante empezar diciendo que cada pareja conoce sus límites, o debería tener una mínima idea de ellos. Esto difiere en cada relación, dado que así como no todas las personas son iguales, tampoco lo van a ser los vínculos que construyamos. Por eso mismo, en lo que nos vamos a detener es a ver qué sucede cuando pasamos el extremo, cuando le exigimos al otro más allá de su límite, cuando la demanda se vuelve cada vez mayor y parece no tener un fin determinado.

No hablamos puntualmente de lo que se exige, sino de la exigencia en sí, de generar el escenario de tensión en la que uno de la pareja siempre queda en falta respecto al otro. Si bien, cada relación cuenta con sus propios recursos para sortear estas situaciones, muchas veces se vuelve un patrón de comunicación insostenible que lleva poco a poco al desgaste del vínculo.

¿Por qué? La respuesta es tan simple como la pregunta, porque cuando todo lo que damos nunca es suficiente para el otro, nos agotamos. Si siempre nos enfatizan la falta no podemos despegarnos de la carencia, instalando #laInsatisfacción como una rutina dentro de la pareja. Nos vuelve inseguros porque no logramos la aprobación mínima, no porque se necesite en sí, pero simplemente porque la buscamos como forma básica de complacer al otro. Cuando esto nunca se alcanza, el quiebre resulta una salida.

Es necesario considerar, que no son pautas que siempre estén presentes de forma consciente, muchas veces exigimos sin darnos cuenta. Pasamos por alto el esfuerzo del otro presuponiendo, desde el vamos, que podría haber hecho un poco más, traduciéndolo en expresiones que remarcan una y otra vez nuestra insatisfacción al respecto. Poder visualizar eso, haciéndolo consciente, siempre nos permite poder intervenir antes de que se llegue a un desgaste donde la crisis sea insalvable. Para empezar a lograrlo, los siguientes puntos, pueden servirnos de ayuda.

Crédito: Corbis

•No proyectar nuestras propias exigencias en el otro. Muchas veces nuestra auto exigencia se reedita en el vínculo que creamos con los demás. Sostenemos que si nosotros podemos, el otro, sin duda, también podrá, y este tipo de supuesto es el que nos conduce a equivocarnos, porque cuando no se actúa como nosotros lo hubiéramos hecho, nos hace leer todo tipo de comportamiento como una falta.

•Aprender que nuestras palabras tienen peso. Cuando nuestro discurso siempre está enfocado en resaltar los ¨debería¨ de nuestra pareja, no hacemos más que ir cerrando el diálogo, porque se va instalando como pauta de comunicación que mantenemos con el otro, y por más que consideremos que esto no tiene ningún efecto en nuestra relación, tarde o temprano, genera un clima de tensión que marca la puerta de entrada a una crisis.

•Ampliar la lectura de las situaciones. Esto solo puede lograrse aumentando el registro del esfuerzo del otro, no dando por sentado que todas nuestras exigencias, si o si, deben cumplirse. Se trata de comprender que muchas veces lo que exigimos puede no coincidir con lo que la otra persona está dispuesta a dar, y no por eso nos está traicionando o nos quiere menos, se trata de lograr aceptar al otro como ser diferente a nosotros mismos.

•No tomar el rol del inconformista. Cuando frente a todo tenemos un ¨pero¨, lo que percibe la persona que tenemos al lado es que no importa cuál sea su comportamiento siempre se llega a una única respuesta. Debemos corrernos del lugar de la queja, de la demanda, aprendiendo que la pareja es un esfuerzo de par, donde no hay uno que marca las reglas y otro que las cumple, somos dos personas intentando descubrir nuestras metas en común para poder, ni más ni menos, que alcanzarlas juntos.

Por lo tanto, es importante comprender que el otro n o es un espejo nuestro y tiene sus propios límites. Si nosotros lo sobrecargamos con expectativas, nunca va a lograr alcanzarlas plenamente porque la lectura de las mismas está solamente en la mente del que las posee. Debemos ser conscientes de esto, revisando cada una de las exigencias que imponemos, no las que de por sí cada vínculo conlleva, si no las que empujan a los extremos, las que van mas allá de lo que el otro puede dar, las que instalan la insatisfacción permanente, para evitar sentir que se haga lo que se haga siempre da lo mismo, como dice una expresión conocida: cuando todo nos empieza a dar igual, hay que revisar, porque sin dudas estamos haciendo mal las cuentas.

¿Y vos? ¿Qué tan exigente sos con tu pareja? Además: Sexo y pareja: "Es un cero con las finanzas", Aprender a soltar y ¿Juntos las 24 hs?.

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