Persiguiendo a Calista

Desde que protagoniza en televisión a Ally McBeal, todos tratan de definir a Flockhart, pero la actriz no es tan fácil de atrapar
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22 de octubre de 2000  

En un tiempo, pocos años atrás, si es que a alguien se le ocurría mencionar el nombre de Calista Flockhart, la respuesta era: ¿Quién? Aunque la chica se había pasado 10 años haciendo Chéjov, Shakespeare y Tennessee Williams en la escena neoyorquina, ningún radar la tenía registrada.

Más tarde, hace un par de años, cuando Ally McBeal se convirtió repentinamente en EL programa de televisión y Flockhart prácticamente se arrebató un Globo de Oro y un Emmy, se empezó a escuchar: "Es encan-tadora. Tan suelta".

Hoy, tras lograr la mayor fama que una persona o una sitcom hayan conseguido nunca, si se menciona el nombre de Flockhart, uno probablemente recibirá alguna variante de esta pregunta: ¿Qué problema tiene esa chica, por qué no come? Qué diferentes pueden ser las cosas en dos años.

"Todavía no he procesado bien el asunto -dice la simpática actriz, mientras toma su desayuno de copos de maíz con bananas y miel, medialunas y café en el hotel Carlyle de Nueva York-. Pero como siempre ocurre, querría haber tenido a principios del año último la perspectiva y el conocimiento que tengo ahora. Porque creo que no me hubiera resultado tan difícil. Sí, sería bueno que la gente hablara sobre mi trabajo y no sobre mi aspecto."

La fijación con su apariencia -o, más específicamente, con su peso- parece haber empezado con la entrega de los premios Emmy de 1998, cuando Flockhart le dio el premio a Richard Tyler, poniendo a la vista de todo el mundo sus brazos frágiles y su espalda huesuda... y echando a rodar instantáneamente el rumor de que padece algún desorden alimentario. No hizo falta escarbar demasiado para exhumar una película, hecha por HBO en 1992, La vida secreta de Mary Margaret: retrato de una bulímica, en la que Flockhart interpreta a una estudiante universitaria que tiene el placard de su cuarto lleno de frascos que prueban su afección, y que sus padres encuentran cuando hacen una buena limpieza. En esa película, que HBO repite ocasionalmente, pero que ha sido omitida en el currículum de Flockhart, la actriz engulle y se purga con la misma pasión que Ally McBeal siente por su ex novio, Billy.

Poco después de que el rumor empezara a difundirse, la actriz se tomó una licencia de Ally McBeal, alegando agotamiento y su agente, Pat Kingsley, se negó a que apareciera en The Today Show cuando los productores no le prometieron que nadie la interrogaría sobre su posible anorexia. Los medios consideraron su ausencia como una confirmación del rumor.

Pero la ahora madura Flockhart, que está en Nueva York para promover su nueva película, Things You Can Tell Just by Looking at Her (Cosas que se saben tan sólo con mirarla), ya aprendió que estar expuesta al escrutinio público no es más la otra cara de la fama.

"Lo que me ocurrió a mí es lo mismo que le ocurrió a Monica Lewinsky -dice-. La gente sólo ha hablado de su apariencia. Es una manera muy mezquina de despojar de poder a una mujer. Si sólo se habla de su aspecto físico, se niega su inteligencia. No hablan así de los hombres. Nunca dicen que Harrison Ford es alto o está delgado o está perdiendo el cabello..., dicen que es un gran actor. Las mujeres hemos recorrido un largo camino, muchacha, y creo que ésta es una manera de castigarnos por eso."

"La TV puede ser un arma de doble filo -dice Rodrigo García, el guionista y director de Things You Can Tell-. Las series de televisión agotan y destruyen a cualquiera por el grado de exposición. Siempre hacen comentarios ofensivos acerca de Calista, basados en su tamaño y en su peso... Es algo tan grosero. Si quisiera ser malvado, pensaría que los que dicen esas cosas de ella son todos gordos."

Escuálida o no, Flockhart no ha cesado de trabajar desde que empezó Ally McBeal, en 1997. Hizo el papel de Helena en Sueño de una noche de verano, de 1999, con un elenco de estrellas que incluía a Michelle Pfeiffer, Rupert Everett y Kevin Kline, aunque el film fue rechazado tanto por los críticos como por el público. El verano último, protagonizó una nueva obra de Neil LaBute, en el Lincoln Center, en la que desempeñaba el papel de una mujer que mata a su hijo. Esta vez, los críticos decidieron que probablemente fuera capaz de actuaciones serias, sin nada de Ally McBeal.

"Fue un elogio, pero no me importó. ¿Por qué habría de importarme, después de haber hecho teatro en Nueva York durante más de 10 años?" Si la actriz de 36 años suena un poco resentida, en realidad no lo está. Es una profesional mucho más inteligente que la que interpreta en la TV, y ha descubierto que la fama obtenida en la pantalla chica también le reporta cheques más gordos y mejores propuestas para el cine.

Flockhart, a pesar de ser soltera, dice que sale muy poco, y le echa la culpa a su agotador horario de trabajo. Salvaguarda ferozmente la privacidad de su vida amorosa, pero en las columnas de chismes han figurado sus breves romances con Ben Stiller y con Sam Mendes, el director de American Beauty. Aunque sigue sintiéndose una neoyorquina, afirma que por fin está logrando aclimatarse a Los Angeles, donde ha vivido durante dos años y medio, y donde acaba de comprarse una casa con jardín. "Lo único que realmente me molesta de Los Angeles -aclara- es que todo el mundo se fija mucho más en la ropa. En Nueva York, solía andar por el East Village con un par de jeans cortados, y me sentía perfectamente cool. Allí nadie se fija."

Y después se queja del estilo de vida del sur de California: "Es fácil ser víctima de esta obsesión por la salud, que es tan seductora -admite Flockhart-. En Nueva York, la gente que estaba levantada a las 6 apestaba a cigarrillo, tenía tremendas ojeras y se arrastraba rumbo a su casa. En Los Angeles, cuando me levanto, a las 6, y recorro en auto San Vicente, hay al menos 25 personas haciendo jogging, con vestimentas coloridas".

La actriz está promediando sus cinco años de contrato para Ally McBeal y dice que aún no ha decidido si lo renovará, suponiendo que el show siga encabezando el rating. "En realidad, dependerá de si puedo tener una carrera cinematográfica", especula. Por el momento, Flockhart sólo puede dedicarse al cine durante el descanso del verano, y afortunadamente para ella, en ese período se realizó la filmación de Things You Can Tell Just by Looking at Her. El novel escritor-director Rodrigo García (hijo de Gabriel García Márquez) la conoció durante la filmación de La jaula de las locas, cuando él era operador de cámara.

"La vi lucirse incluso frente a Gene Hackman, y eso no es poco -dice Rodrigo García-. Inmediatamente quise tenerla en mi cast. Después empecé a asustarme del fenómeno Ally McBeal. Pero cuando volví a verla, rápidamente recordé su inteligencia, sus sentimientos y su tipo reservado. Parece impenetrable..., uno no puede definirla. Y su personaje, Christine, intenta es-conder sus emociones mientras ve morir a su amante. Así es que decidí que funcionaría."

Flockhart ya había elegido el personaje de Christine la primera vez que leyó el guión de García, compuesto por cinco episodios de la vida cotidiana de algunas mujeres. "Parecía más una obra teatral o una novela -dice la actriz-. Me pareció que Rodrigo había escrito algo como lo de Harold Pinter. Es puro subtexto, algo muy simple y muy profundo. Adoré esa ambigüedad."

Los críticos han observado que, a pesar de toda la levedad de Ally, el personaje es en realidad más bien oscuro, y que casi todos los otros roles que ha interpretado Flockhart en el teatro, la TV y el cine han sido psicológicamente sombríos.

"Probablemente sea verdad -dice ella tras una larga pausa-. Y creo saber por qué. Los seres humanos me resultan terriblemente frágiles, y siento empatía por todos. Me fascinan las tortuosidades de la mente humana, la manera en que todos mentimos y manipulamos a los demás para conseguir lo que queremos."

En Things You Can Tell..., que tuvo excelentes críticas en el Sundance Film Festival (y que también protagonizan Glenn Close y Holly Hunter), Flockhart se sintió atraída por el único rol de la película que resulta controversial. Christine es lesbiana, y su amante que agoniza está interpretada por Valeria Golino.

"Creo que es producto de mi ingenuidad -dice con una sonrisa-. Sé, por un lado, que la gente va a decir: Ally McBeal se volvió gay. Pero, al mismo tiempo, creo que a nadie le importará dema-siado." De todos modos, Ally McBeal ya había coqueteado con la idea de volverse gay, con aquel promocionado beso con Ling (Lucy Liu). Y en todo caso, ¿hasta qué punto es tan terrible ser el tema favorito de todos los chismes?

"Esta mañana -contesta Flockhart-, se me acercó una chica, aquí en el hotel. Es algo que me ocurre con frecuencia. Simplemente se acercó y me dijo: Hola, muy amablemente. El hecho es que cree que me conoce. Todas las semanas estoy en su dormitorio."

La tímida Flockhart parece registrar el reconocimiento con cierto dolor, que infunde en su rostro una expresión de tristeza y le da un falso aire altivo. Un viejo amigo del ambiente la define como "una de las pocas personas a las que la fama entristece". Pero Flockhart, a la que David E. Kelley, el creador de Ally McBeal, llamó una vez "esa mujer chiquita con ese nombre raro", insiste con que es más dura de lo que aparenta.

"Es curioso -cavila-. La gente tiende a ponerme en un pedestal o a subestimarme por completo. Por eso no puedo asimilarlo. Tengo que tomar distancia, desconectarme de esas opiniones. Porque no puedo combatirlas."

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