Perspectiva de mujer

La artista rosarina expondrá su trabajo sobre Evita que causó revuelo en Venecia y dice que toda su obra tiene una “laboriosidad femenina”
María Paula Zacharías
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1 de marzo de 2015  

Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Coló

La artista rosarina Nicola Costantino mira fijo con un par de ojos grandes e inquietantes: son de distinto color. Así, con matices, ve la realidad en todas sus facetas. La pasa por su tamiz y salen de su taller artefactos infernales, robots de ella misma, siniestras bolas de animales nonatos, jabón de grasa de su propio cuerpo y ropa que parece hecha de piel humana. Su casa, en Villa Crespo, es carpintería, laboratorio de matricería, estudio de fotografía y salón de costura, a la vez que espacio de exhibición permanente de sus distintas etapas como artista y como mujer. Ahora está en plena faena de madre, así que entre sus obras hay un perro consentido, juguetes de Aquiles, su hijo, y un vergel tupido que crece en altura. Más al fondo, trabaja con su asistente en la construcción de paneles que se montarán en Colección Fortabat, donde se verá la muestra Rapsodia Inconclusa con la que representó al país en la Bienal de Venecia, en 2013. Esta seman será la esperada inauguración, y es difícil anticipar cómo será recibida, porque todo gira en torno de un símbolo nacional, Eva Perón. "Mostrarla primero afuera fue buenísimo, porque acá va a ser más intenso todo", dice Costantino.

En un panel de diecisiete metros de largo se cruzan las múltiples Evitas: la actriz joven, la trabajadora de trajecito gris y rodete, la del vestido de Dior, la de entrecasa y la espectral, enferma. Claro que Evita no es Evita, sino Nicola Costantino metida en su piel, para lo que recreó cada vestido, peinado y todos sus gestos a lo largo de un año de preparación. "Cómo ella se construyó a sí misma es el punto en el que me enfoco. La suya es una imagen construida muy intuitivamente, y que resultó visionaria. Sus vestidos son la herramienta que tomo para hablar, porque mis personajes son mudos."

Hay un armazón de vestido de hierro que se mueve como autómata, y con una energía inagotable se choca contra las paredes. "De chica era una de las figuras que más me conmocionaba. Veía las imágenes de los funerales de Eva y no podía parar de llorar. Y me quedó el recuerdo de la leyenda de cuando Perón fue elegido presidente por segunda vez y ella quiso acompañarlo en su recorrido en auto a saludar por las calles. Estaba ya enferma y no podía sostenerse en pie. Dicen que se hizo hacer un corset que la sostenía fijada al piso del auto. Es una historia que por mucho tiempo fue negada. Este vestido está poseído por su fuerza arrolladora". Al final de la muestra sólo queda su espíritu, en una cama de lágrimas de hielo iluminada con las luces del quirófano que pertenecieron al padre de Costantino, cirujano. Las lágrimas se van derritiendo y al caer sobre una chapa recrean el sonido de la lluvia. "La tristeza es fría", dice.

La elección de un museo privado para esta exhibición no fue azarosa. Nicola no quería ni por asomo recalar en una sala relacionada con un gobierno después del escándalo que se había desatado en Venecia, cuando la presidenta Cristina Kirchner cambió el título de la exposición y agregó una versión oficial sobre Evita con tres videos institucionales en el ingreso al pabellón.

¿Cómo digeriste aquel mal trago?

Yo sabía que estaban preparando algo y pedí muchas veces verlo. Pero lo único que pude hacer fue reaccionar después de 48 horas de inaugurado y oponerme públicamente, porque fue muy mal visto. Fue un papelón en el que caímos todos. El día más importante de la Bienal nadie pudo entrar al Pabellón Argentino. Todos los curadores y directores de museos más importantes del mundo quedaron afuera porque las puertas estaban cerradas para una inauguración privada con Boudou [Amado]. No hubiese deseado nunca pasar por eso. Nunca pude hablar con Cristina, que creo que hubiese podido entender. Sólo tuve contacto con intermediarios. Ya está. Venecia es una vez en la vida. No me va a tocar volver. Uno ni siquiera se da cuenta de lo importante que es haber estado ahí.

¿Cómo fue la investigación?

Fue un año de mucho leer e investigar. Lo que más disfruté fue hacer cada traje. Me pasaron muchas cosas, y fueron cambiando mis ideas. Hay cosas que escuchamos miles de veces y no fueron así, como el voto femenino. Todos creemos que se lo debemos a Evita, pero en realidad, Alicia Moreau de Justo llevaba 50 años luchando por eso. Eva odiaba a las feministas. Era sometida y creía que su marido era un dios. Muy machista, con una locura muy rara. Odiaba también a los intelectuales. Lo mismo que Frida Kahlo, que idolatraba a Diego Rivera, y no imaginaba la importancia de su propia obra. Frida era mayor que Eva, pero murieron con dos años de diferencia. Todavía no había llegado la revolución sexual de los 60. No podemos juzgar desde nuestra realidad de hoy.

Nicola nunca tuvo alguien al lado capaz de medir fuerzas con ella, opacar su obra o cuestionar sus ideas. Prescindió de un partenaire hasta para tener a su hijo. "Siempre pensé que mi trabajo no tenía una cuestión de género, ni me gustaba asociarme a la idea de artista feminista. Pero viendo hacia atrás, toda mi obra está hecha desde una perspectiva de mujer, con una laboriosidad femenina", reflexiona. Su 2014 estuvo dedicado a Nicola Costantino. La artefacta, una película biográfica que realizó con Natalie Cristiani, directora de cine italiana. "Va de la actualidad al pasado, con mi vida cotidiana, material de archivo y ficción, pero no se habla de arte. La vida y la obra están totalmente mezcladas... como en mi vida." Su próximo proyecto que será una gran instalación con diez mujeres paradigmáticas de la historia.

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