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Grandes Esperanzas

Pese a su discapacidad, triunfa en el agua y su futuro no tiene techo

Alejandro Gorenstein
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23 de noviembre de 2018  • 00:45

La primera vez que Georgina Melatini (19) tuvo contacto con una pileta de natación fue a los seis meses. Una mañana había entrado al agua, estuvo apenas cinco minutos junto a Alejandra, su mamá, y a la profesora que tuvo que salir de la piscina. En ese momento "Georgy" se enojó y comenzó a llorar. Pero cuando veía que la docente se volvía a meter al agua, inmediatamente acababa con su llanto. La volvían a meter en el agua y ella sonreía sin parar. Después de ese día, las clases que duraban 45 minutos comenzaron a duplicar el tiempo en cada una de las jornadas.

"Georgy" padece mielomeningocele, un defecto de nacimiento en el que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento. Esta afección es un tipo de espina bífida con secuela motriz. Su secuela más visible y que además la limita a caminar, es una derrotación bilateral de tibias. Esto hace que ambas piernas y pies se hayan girado hacia su interior desde las rodillas.

Además de Kinesiología, Terapia Ocupacional y Estimulación Temprana, los especialistas que la atendían les habían recomendado a sus padres que "Georgy" hiciera natación ya que de esa forma la movilidad y los estímulos podían tomar otra forma.

Rehabilitación y competencias

A medida que "Georgy" comenzó a incursionar en la natación, le fue tomando el gustito a ese deporte. A los 10 años los profesores empezaron a darse cuenta que cada día se esforzaba más y que podía llegar más lejos, más allá de los trabajos puntuales de su rehabilitación. Entonces, le propusieron entrenar para poder competir. Hasta ese momento no pasaba por su cabeza la posibilidad de hacerlo, pero les hizo caso a los entrenadores que observaban en ella ciertas cualidades para la alta competencia. Empezó a probar y fue dando pequeños, pero firmes pasos.

Cuando comenzó a entrenar para empezar a competir, "Georgy" se fue dando cuenta de las exigencias. A los 11 años arrancó con crol y espalda y sus primeras competencias, zonales, fueron en el municipio de San Isidro.

En los años 2014 y 2015 participó de los torneos nacionales de natación para personas con diferentes tipos de discapacidades que se disputaron en Mar del Plata. El primer año obtuvo la medalla de plata en los dos estilos y en 2015 logró dos medallas de oro. "Me sentí muy feliz y contenta por esos logros, por las medallas y porque además estaba representando a Tigre. Y cuando gané en los nacionales lo disfruté mucho porque competía contra chicos de todo el país, ya era otro nivel", se enorgullece.

En ese momento "Georgy" entrenaba tres o cuatro veces a la semana unos 45 minutos por día y cuando se acercaban las competencias, los entrenamientos la exigían aún más.

Paralelamente, iba al colegio en silla de ruedas. "Aprendí a convivir con la silla de ruedas, no puedo sentirme mal porque es parte de mí, al igual que los bastones canadienses" (los utiliza para trasladarse dentro de otros lugares para tramos cortos). Además, cuando va a caminar se coloca unas valvas ortopédicas, un dispositivo que se utiliza para inmovilizar distintas partes del cuerpo y articulaciones.

Practicar surf adaptado: un nuevo sueño

A través de un amigo guardavidas de su mamá, en el verano del 2016 "Georgy" se enteró de "Fabrica de sonrisas", un proyecto que impulsa desde 2004 Lucas Rubiño, que es Acompañante Terapeútico e instructor de Surf, en donde trabaja con alumnos ciegos, amputados, con sobrepeso extremo, sordos, con síndrome de down, con parálisis cerebral en diferentes niveles, TGD, Autismo, espina bífida, problemas medulares, secuelas de ACV y accidentes de todo tipo. Su objetivo es que estas personas, sin límite de edad, puedan conocer el mar y otros que vuelven al mar luego de varios años de padecer una discapacidad.

"Participé un día de la escuelita durante el verano, por primera vez me pararon sobre una tabla y fue una experiencia increíble, me sentía re libre, había sido todo muy divertido. Me había sentido muy ciudada por los profesores, hicimos ejercicios, lo disfruté mucho".

Después de esa primera experiencia que había resultado muy auspiciosa, a "Georgy" le empezó a picar el bichito de seguir practicando surf. Además, Lucas empezó a ver en ella un potencial para poder entrenar con miras a poder competir internacionalmente.

"Ella me sorprendió desde el primer día por las ganas y por la actitud que le puso. En cada entrenamiento mostraba que se quería superar, hizo un clic cuando empezó a entrenar en la pileta y se empezó a comprometer, soy bastante exigente con los chicos que entreno para competir, pero ella me demostró que cuando le exigía me respondía", dice Lucas Rubiño, su entrenador.

Georgina con su mamá
Georgina con su mamá

Cuando regresaron a Tigre, "Georgy" empezó a practicar en la pileta, también hacía entrenamiento funcional y la parte aeróbica en un gimnasio. "La verdad que no me imaginaba que en algún momento iba a competir, pero desde el día que empecé a entrenar me fue entusiasmando mucho esta actividad, se siente una libertad increíble. En el agua puedo hacer muchas más cosas de las que puedo hacer fuera, no me siento limitada, siento que tengo más movilidad. En el agua no tengo a nadie que me frene, no tengo límites, puedo hacer lo que me planteo".

La ola de su vida

En agosto pasado se realizó en Valparaíso (Chile) el Latinoamericano de Surf Adaptado. Para "Georgy", este nuevo desafío implicaba dar un paso más importante porque iba a representar a la Argentina, ya que anteriormente lo había hecho para su municipio (Tigre) y para la provincia de Buenos Aires. Pero esta vez se iba a colocar la remera albiceleste. Su mamá, que la viene acompañando desde chiquita en su pasión por el agua, viajó con ella y fue parte de la delegación. Además de "Georgy" participaron otros dos surfistas argentinos, de un total de 21.

"Georgy" estaba realizando una muy buena performance en su categoría cuando, de repente, su entrenador vio venir una ola muy importante. "Quiero que esta ola, sea la ola de tu vida", le gritó Lucas desde la orilla del mar. "Fue como un milagro esa ola, apareció de golpe y era para mí. No me esperaba agarrar esa ola que dijeron que había sido la más grande de toda la competencia. Fui la única a la que los jueces le colocaron la nota excelente y una puntuación fue de 8,85", se enorgullece. Esa maniobra le valió terminar en segundo lugar, obtener el subcampeonato y traerse la medalla de plata para el país.

"Sentí mucha felicidad porque cuando fui, antes de competir, no es que había ido pensando en que tenía que ganar, ya estaba feliz de poder estar ahí, ya me sentía campeona por haber llegado hasta ahí, yo no creo que sea que tengo que ser la primera o sino no sirve, al contrario lo importante era competir".

El 9 y el 10 de noviembre próximo se va a llevar a cabo en Mar del Plata el primer sudamericano de este deporte, donde "Georgy" volverá a competir contra delegaciones de varios países del continente. Pero, lo que más la desvela es poder llegar a participar en diciembre del Mundial de Surf que se va a llevar a cabo en el estado de California (Estados Unidos). Como los gastos de los traslados y estadías son muy caros, ella necesita de la ayuda económica para poder hacer realidad ese sueño.

Disfrutando uno de sus triunfos
Disfrutando uno de sus triunfos

Paralelamente, este año a empezó a estudiar la Tecnicatura Superior en Natación y Actividades en el Medio Acuático y una vez que se reciba podrá desarrollarse como entrenadora y poder trabajar con los chicos y con personas con discapacidad que es lo que más le gusta. "Me gustaría poder enseñarles a esta gente de que son capaces, yo cuando le cuento a la gente lo que hago m e dicen que soy como una inspiración y es lindo que te digan eso. La idea es poder dejar huellas en otras personas".

Para quienes deseen colaborar con "Georgy": contacto: Alejandra Melatini. Teléfono: +54911-5039-5587. Mail: cuencaalejandra@hotmail.com

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