Placer con "onda light"

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11 de octubre de 2009  

No es novedad la gran concentración de gente y comodidades que existen en las ciudades: allí encontramos las tiendas que amamos, los lugares que frecuentamos y todo lo que necesitamos a diario. Pero cuando nuestra vida urbana requiere de un descanso, muchas veces nos alejamos de ella para tomar un respiro. ¿Quién no soñó alguna vez con disfrutar de afrodisíacas playas y recorrer los siete mares? No todos podemos ser capitán, pero igual podemos vivir una experiencia inolvidable siendo pasajero de un crucero.

Lo que para muchos puede sonar algo extraña es la idea de un crucero fitness. Es que cuando se piensa en este tipo de viajes, en general se imagina un ambiente lujoso y relajado, repleto de comida a toda hora, tragos con sombrillitas y otros placeres alejados de la vida saludable. El único problema de esa postal tan tentadora es que el regreso puede sumar al estrés diario un nuevo problema: el de bajar todos esos kilos demás acumulados durante el viaje.

La buena noticia es que hay una alternativa sin renunciar al lujo, ni a esa posibilidad mágica de darse un descanso en medio del mar y bien lejos de la rutina terrenal. Hoy es posible disfrutar de la vida en un crucero, visitar lugares de ensueño y a la vez perder algunos kilos, para regresar sintiéndose mejor. Mientras cada vez son más los que toman conciencia sobre la importancia de mantener una dieta saludable, estar en forma y cuidar la salud, el turismo fitness se consolida como una de las nuevas tendencias en vacaciones y como alternativa para perder peso. Una buena manera de pasarla bien mientras se enfrenta el "trabajo duro" de hacer una dieta. Los programas suelen incluir un coach que coordina un tratamiento personalizado y actividades diarias, como ejercicios guiados por entrenadores personales y consultas con nutricionistas.

LNR se embarcó junto a 3470 personas en un crucero fitness rumbo a Santos, Río de Janeiro, Salvador de Bahía e Isabela... sin dejar de moverse entre visita y visita.

La vida en un crucero

El camarote es el espacio privado y exclusivo de los pasajeros y es supercompleto. Minibar, televisión (señales de aire y sistema pay-per-view), baño privado. Hasta 4 personas por "habitación"; no se permite la ocupación de los menores solos sin al menos un adulto mayor de 21 años (otorgan beneficios varios cuando se viaja en grupos familiares, como descuento y precios especiales). Luego de tomar una ducha (utilizan agua desalinizada), es tiempo de disfrutar del sol en el balcón mientras resuena el graznido de las gaviotas sobre el mar azul; luego, hay que subir al último piso y para meterse en las tibias aguas de las piscinas.

Con cuatro piscinas (hay una que es exclusiva para niños) y seis jacuzzi, siempre hay gente dentro o en las cercanías tomando sol y disfrutando del buen tiempo. Algunos sólo descansan, otros charlan y piden un trago (la estadía no lo incluye, se paga aparte; también se pueden adquirir paquetes promocionales de bebidas). Pero también están aquellos que comen casi todo el tiempo, aun sabiendo que el eje principal del viaje es el fitness (cerca de la piscina hay dos buffets de comidas que ofrecen todo el tiempo diferentes propuestas). Porque si bien la figura y la salud importan, camarones grillados, pizzas de más de 10 variedades, mariscos varios, lomo al horno, pollo frito, hamburguesas caseras, papas fritas crocantes, tortas de toda índole, postres diversos, y mucho más, suele ser una tentación imposible de resistir para la gula de los pasajeros (sumado esto a la posibilidad de servirse todas las veces que quieran, la cantidad deseada). Igual, no todo es comida, ya que los ejercicios de fitness ayudan.

Además de actividades permanentes con profesores en diferentes espacios, viajar en barco también ofrece la posibilidad de disfrutar de un spa con todos los equipamientos necesarios, como equipo de gimnasia, baño turco, sauna, peluquería, cancha de tenis y más. Allí uno se puede encontrar con compañeros de mesa tratando de mantener (o perfeccionar) la silueta. Pero cuando el sol cae, la gran mayoría de la gente se va a tomar algo en el piano bar, a comprar en las tiendas (con ofertas diarias, hay desde anteojos Gucci hasta dentífrico y medias), o a disfrutar de los shows que ofrecen a bordo.

Los shows son diarios, y cada día hay uno diferente: a veces hay baile, otras veces se montan musicales o actuaciones. Pero cada performance encierra despliegues de la más alta calidad y tecnología. "Actualmente contamos con un equipo de 88 artistas provenientes de todo el mundo; realizamos castings constantemente, en Londres, Buenos Aires y Río, y todos los días ensayamos mínimamente una hora y media", cuenta Naim, de 46 años, cuatro como director artístico y 22 trabajando en cruceros. Habla 5 idiomas; "y medio -aclara-, porque además de francés, inglés, español, portugués e italiano también me defiendo con el alemán, aunque no muy fluido".

"En 1993 tuvimos nuestro primer artista argentino, y en cada viaje hacemos una función especial con los empleados no artísticos (I´ve a Dream) para incentivar la participación junto con el público."

EL Gran Banquete

Arriba de un crucero hay comida casi en forma permanente, pero sin descuidar la oferta de opciones light. Desde temprano hay buffet con todo tipo de tortas, cereales, frutas y panes (jugo, agua y café libre). A partir de las 12 empieza el almuerzo. La cocina del mediodía termina a las 15, e inmediatamente, a las 16, ofrecen pizzas, sándwiches y hamburguesas.

A las 18 empieza el primer turno para la cena (la segunda, a partir de las 20; todos los pasajeros están asignados previamente), que por lo general finaliza alrededor de las 23. Y desde la medianoche hay tortas y otras delicias, como para cerrar el día, en la cubierta y en el salón central, cerca del lobby bar. Los golosos, felices de la vida.

"Realizamos 15.000 platos al día, utilizamos unos 3400 kg de fruta fresca y otros 400 kg de vegetales para las ensaladas", explica el chef ejecutivo del crucero. Agrega también que se reponen 4000 latas de cerveza cada 24 horas (atento a que casi el 90% de los pasajeros son brasileños) y a diario se cocinan unos 150 kg de carne (al mes se consumen en el crucero más de 16 toneladas). Son números que realmente impactan. Otro dato: arriba del crucero, que tiene unos 1069 tripulantes permanentes, se utilizan 700 km de papel higiénico por mes.

Living la vida

Los pasajeros coquetos pueden realizar masajes relajantes, hacer una sesión de manicuría o estrenar un nuevo corte en la peluquería del spa. O leer libros en la biblioteca, visitar la sala de exposición de obras de diferentes artistas, navegar por Internet (arancelada), y hasta rezar en la capilla.

A modo de esparcimiento, también está el casino, que cuenta no sólo con juegos de azar: hay también electrónicos para los chicos y "atrapamuñecos" para los grandes, entre otros. Funciona sólo en alta mar. Es muy común ver grupos divirtiéndose mientras toman un cóctel.

Por la noche, además de los shows, hay bailes con músicas temáticas: noche de lentos, noche de música brasilera, noche de ritmos ochentosos, noche disco de los 70. En la pista baila toda la familia (para los niños y adolescentes hay un espacio aparte) y los cuerpos tostados por el sol se mueven al ritmo, algunos con suma maestría, otros con algo de torpeza. Poco importa: la consigna es divertirse al compás de la música. Y sumar al placer del crucero una conciencia por el cuidado del cuerpo. De eso se tratan estos cruceros fitness.

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