Podemos

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7 de diciembre de 2009  • 12:19


Hoy se cumplen 2 años de mi hija viviendo en esta casa, nuestra casa. Nunca voy a olvidar ese glorioso viernes de diciembre que a China le dieron el alta y yo no dejé de abrazarla. Ya no había máquina ni enfermera que me avisara si ella respiraba, o no. ¡Qué semana enloquecedoramente caótica, dios! Qué bendición.

Y hoy quisiera insistir en un pensamiento del que soy casi fanática: ¡Cada uno vive la vida que elige vivir! Somos dueños del rumbo de nuestro destino, todo el tiempo y a cada momento. O sea, si bien no podemos manejarlo todo -gracias a dios-, nuestro PODER de atracción (y acción) sigue siendo INMENSO, mucho mayor del que suponemos.

No soy partidaria de una vida sacrificada (no en un sentido doloroso y exigido), pero sí de nuestra capacidad autoral para guionarnos la película que queremos vivenciar. Si nos convencemos de que el mundo es duro, sufrido, difícil y crudo, que en él habitan seres egoístas y envidiosos que sólo trabajan en función del provecho propio, así será nuestro mundo. Y de seguro, las cosas y los acontecimientos se acomodarán de manera tal que terminen confirmándonos todos nuestros pensamientos.

Si nos convencemos de que el mundo es ligero, abundante, fluido, perfecto, lleno de personas generosas (aunque con un poco de miedo), la película definitivamente será otra. Y no se trata de distintas interpretaciones de una misma cosa, sino de tantas cosas -de tantas realidades- como imaginemos.

¿La buena suerte será cuestión de animarnos a que nos suceda? Cierto, aquí también juega nuestra capacidad de entrega. De soltarnos y confiarle al mundo "la mejor manera".

Animarnos a ser feliz no es funcionar de un modo naïf, sino animarnos a proyectar y encarnar -a partir de ahora- una vida más plena.

¡¿Qué piensan?! ¿Qué nuevos pensamientos – y qué cambios- se están proponiendo en este mismo momento?

PD: ¡Felices 3 meses de blog para todos Uds.!

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