Polémica en las redes: ¿es hoy Black Mirror una serie desubicada?

Gustavo Noriega
Gustavo Noriega PARA LA NACION
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25 de marzo de 2020  • 11:16

El tuit del usuario @aivirue fue contundente: "Pensar que todo el planteo de Black Mirror se basa en un mundo alienado por las nuevas tecnologías, que son lo único que hoy está permitiendo algo parecido al contacto humano. Qué serie estúpida." De pronto, la realidad del nuevo mundo alienado por el coronavirus quedaba revelada en algunas pocas palabras. Estuvimos durante años escuchando demonizaciones de las redes sociales, de su forma deshumanizada de contactarse. La superioridad moral de los tecnófobos llegaba a algunos cafés que sermoneaban orgullosos: "No tenemos WiFi. Hablen entre ustedes".

En estos días aciagos, de distanciamiento corporal, mi hijo de casi 10 años se comunica todos los días con su mejor amigo --con quien juega a la Play Station-- con sus abuelos y con su hermano. Mi mujer cumple via Instagram con su clase de gyrokinesis. Por mi parte, en los últimos años yo había descargado una astronómica cantidad de libros previendo una situación como ésta en la cual, en cambio, sigo bajando libros en lugar de leerlos. Leo maníacamente información sobre la pandemia, estoy al tanto día a día de mis amigos que volvieron de países super infectados, converso remotamente con gente querida de una manera que jamás hacía cuando la vida era normal.

Las suscripciones a plataformas de streming crecieron como el rock nacional durante Malvinas: desde el 10 % de Apple hasta el 212 % de Disney+, que recién arranca y tiene más campo para crecer. HBO casi duplica sus usuarios y la hegemónica Netflix (que en una medida discutible sin bajar la tarifa bajó la calidad de su streaming para no saturar las redes) subió casi un 50 %.

De pronto, las redes ya no son el veneno que nos desinforma sino el canal para acercarse al que no podemos contactar personalmente, el proveedor de entretenimiento, cultura y hasta la forma de consultar médicos sin saturar el sistema.

Y sin embargo. El coronavirus es un enigma difícil de desentrañar : los alcances de la pandemia, la tasa de mortalidad, el nivel de contagio son datos que se conocerán con cierto grado de certeza una vez que haya recidido. No obstante, sin minimizar su alcance que ciertamente es aterrador, tiene interés comparar sus números con los de la gripe A, pandemia que se desplegó de enero de 2009 hasta agosto de 2010. Se calcula que en aquel momento fueron infectados entre 700 millones y 1400 millones de personas a lo ancho del mundo y que de ellas, entre 150 mil y 600 mil fallecieron. No sabemos cómo será la cuenta final del coronavirus, si será mayor o menor. Sin embargo, una cosa queda clara: el pánico que ha generado, el nivel de atención excluyente que logró no tiene ni punto de comparación con el de la gripe A, un evento que no ha quedado en la "memoria colectiva". El mundo que quedará después de esta pandemia será muy distinto al de hace apenas cinco meses, de una manera que, ya lo sabemos, no sucedió en 2010.

Es difícil de pensar que esa diferencia enorme, indiscutible, no haya sido, si no generada, al menos muy amplificada por las redes sociales. Ese será otro de los grandes misterios a resolver una vez que esta pesadilla haya pasado. Si la toma de decisiones global fue influenciada por las discusiones en las redes y si esa influencia fue positiva o negativa. Quizás no se sepa nunca.

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