Polémica en las redes. Los premios Oscar y Parasite se discuten en Twitter

Gustavo Noriega
Gustavo Noriega PARA LA NACION
Crédito: Agencias
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12 de febrero de 2020  • 12:31

Un evento clásico de las redes sociales son las entregas de premios: Oscars, Golden Globes, Martín Fierro, etc. Lo que antes era consumo particularizado y comentario social al día siguiente en lugares de trabajo o estudio, ahora es grupal y al instante. Los ítems son los de siempre: alfombra roja, vestidos, injusticias del palmarés, discursos de agradecimiento y performance del host. A veces las coincidencias asombran. Cuando en los Golden Globes apareció la grandiosa Patricia Arquette a recibir el premio a mejor actriz por The Act, Twitter Argentina (y seguramente en ninguna otra parte del mundo) saltó al instante al grito de "¡Silvia Süller!". En cambio cuando en la entrega de Oscars Renée Zellweger, con sus ojitos siempre cerrados, recibió el suyo por Judy, la tuitesfera gritó "¡Margarita Stolbizer!". ( Salvo un fan de la NBA que refirió a "la madre de Nico Laprovíttola").

Crédito: Agencias

Ahora bien, la premiación del Oscar es exitosa en las redes, y principalmente en Twitter, porque el material para criticar es desbordante. Sin embargo, como espectáculo de consumo más pasivo está bajando abruptamente. De alrededor de 40 millones de televidentes que ostentaba la premiación hace algunos pocos años, llegamos a los apenas 23 millones de la última emisión. El motivo por el cual se produce esta debacle es difícil de determinar y seguramente incluye muchos factores. Como hace todo el mundo, yo voy a elegir la hipótesis que más me conviene y que confirma mis ideas previas sobre el cine y sobre el mundo. Y me voy a apoyar en algunos tuits al respecto.

La usuaria @libercringe afirmó en el medio de la ceremonia: "Qué lindo cuando los Oscars eran puro glamour y opulencia, el tipo de producto cultural que los mortales laburantes queremos ver para sobrellevar nuestra vida miserable, y no un corso de reivindicaciones sociales sobreactuadas por millonarios expiando remordimientos samaritanos.". Creo que en este tuit está la semilla de la verdad.

Hollywood, y en particular la Academia, con su predominio de actores, ha decidido encarnar todos los valores de la época: inclusión sexual y racial, no a ningún tipo de discriminación. Ha llevado estos nobles propósitos a un extremo tal que cualquier desviación de lo esperado es durísimamente criticada. Las dos últimas ediciones directamente prescindieron de presentador, por el miedo de que en algún momento de su vida haya tenido alguna relación sexual que se considere impropia o haya hecho un chiste o un comentario que a los ojos actuales se vea como discriminatorio.

La reivindicación de esos valores va de la mano de cierta vergüenza respecto de su propia tradición. Lejos de celebrar su propio cine (al fin y al cabo, se trata de una fiesta organizada por la industria), Hollywood se empeña en celebrar lo que Hollywood no es. A menudo, literalmente: de los últimos diez directores coronados con el Oscar a su especialidad, nueve no son norteamericanos. Es cierto que el Hollywood clásico se forjó con migrantes europeos que escapaban del horror de sus patrias. Pero todos ellos -productores, directores, guionistas, actores-inventaron ese cine clásico que forjó un lenguaje y construyó la fábrica de los sueños. Hoy (en 2015 para ser exactos), la Academia, alegremente se dio el lujo de premiar con nueve Oscars, incluyendo los más importantes, a una película como Birdman, que abiertamente despreciaba al mundo del cine.

La película norteamericana que este año celebraba a la industria y a la ciudad que le dio cobijo fue la de Quentin Tarantino, Erase una vez en Hollywood. Una película extraordinaria. Una película "buena", en doble sentido. Buena porque estaba bien hecha y buena moralmente. Tarantino eligió lo mejor del cine clásico: la posibilidad de transformar la realidad y corregir una historia trágica. La película celebra a la ciudad, a sus actores de segunda línea, a la idea del "final feliz" que no ignora la realidad -de hecho, la cruel realidad es el marco de fondo sobre el cual la historia se eleva-sino que la resignifica de manera catártica. La relación de los "finales felices" con la realidad de todos los días es mucho más sofisticada que las películas que tratan de retratarla de manera más cruda, como Joker y Parasite.

Más allá de los méritos particulares de Parasite, a la película ganadora de Bong Joon-ho (que es un gran director y tiene películas mucho más admirables en su filmografía), la Academia la premió básicamente por no ser ellos, como acto vergonzante de una tradición que sólo podría enorgullecerlos. Sencillamente parecen no entender su propio trabajo.

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