Descansar implica para nuestro cuerpo una necesidad imperiosa: de lo contrario podemos padecer desde falta de concentración y mal humor hasta baja en el rendimiento.
Descansar implica para nuestro cuerpo una necesidad imperiosa: de lo contrario podemos padecer desde falta de concentración y mal humor hasta baja en el rendimiento.
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2 de agosto de 2019  • 11:47

Hay estrés -mucho- y hay también malos hábitos alimentarios, así como una propensión exagerada al uso de pantallas en el contexto de tiempos que no paran de acelerarse. Con ese combo explosivo tiene que ver uno de los males contemporáneos más extendidos, una cuestión íntima e individual pero a la vez profundamente social: la falta de sueño.

Lo dice la Organización Mundial de la Salud, lo dicen todos los médicos, los libros con consejos para dormir y las cada vez más numerosas unidades interdisciplinares que los hospitales dedican al tema: dormir mal no es gratis. De hecho el sueño es tan importante para el cuerpo como respirar, comer o tomar líquido.

"Las personas mal dormidas tienen entre 5 a 7 veces más accidentes hogareños o laborales. Transcurridas 24 horas sin dormir, baja en promedio el 6 por ciento de la glucosa cerebral. Las áreas más afectadas son el lóbulo parietal y la corteza prefrontal, que pierden del 12 al 14 por ciento de glucosa. Ambas son tanto cognitiva como afectivamente muy activas, de hecho nos permiten pensar, distinguir ideas, tener control social y diferenciar lo bueno de lo malo", explica Pablo Ferrero, médico especialista en Medicina del Sueño, más conocido en Instagram como "el doctor del sueño".

Según trabajos realizados por el especialista, cerca del 40 por ciento de la población argentina duerme mal o padece alguna patología crónica relacionada al sueño.

Para Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas, hay que erradicar de una vez la idea de que dormir es una pérdida de tiempo o resta capacidad para otras cosas. "Lo ideal es descansar entre siete y nueve horas diarias -dice, es importante reducir la exposición a pantallas después de las 23 y también evitar comidas pesadas de noche, porque prolongan el proceso de digestión". "Y otra cosa importante -finaliza- es hacer actividad física en forma regular, preferentemente por la mañana".

Empezar por el colchón

Si hiciéramos caso a los médicos, pasaríamos un tercio de la vida en la cama. Sin embargo demasiadas veces seguimos sin relacionar nuestro colchón con el buen dormir y en definitiva, con nuestra salud. De acuerdo a Ferrero, la elección del colchón es clave a la hora de asegurar el descanso.

"Es importante tener en cuenta la vida útil de los colchones, que en general es de entre 5 y 7 años", advierte, y agrega que "un buen colchón debe distribuir el peso del cuerpo de modo uniforme y mantener alineada la columna tanto boca arriba como de costado. Se requiere una estructura que ceda más en los lugares más pesados del cuerpo, y una capa flexible cómoda y suave para que las saliencias óseas del cuerpo no duelan. Lo ideal es que sea un sommier, ya que la capacidad de absorber el peso es mayor y dura más".

"En nuestros locales observamos que cuando la gente decide cambiar su viejo colchón, lo hace reconociendo que la baja calidad o la antigüedad del que tienen les está impidiendo lograr un sueño reparador", comentan desde la cadena especializada Sommier Center. "Nuestra recomendación -añaden- es que para la elección final, antes de la compra, el cliente pruebe al menos cinco minutos acostarse en los colchones en las posiciones habituales en las que suele dormir".

La Asociación Mundial de Medicina del Sueño conmemora cada 13 de mayo el "día mundial del sueño" para destacar la relevancia del buen dormir y tomar conciencia sobre la magnitud de los problemas que por este motivo sufre nuestra sociedad, comunicando en ese camino que más allá de las preocupaciones y de tanto ruido, de pantallas y de tiempos vertiginosos, volver a tener un sueño reparador resulta perfectamente posible.

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