Por qué los príncipes de Mónaco posaron con un incendio

Alberto y Charlene, con su hijo Jacques posan junto a una barca ardiendo
Alberto y Charlene, con su hijo Jacques posan junto a una barca ardiendo Fuente: AFP
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28 de enero de 2019  • 19:12

Fue un fin de semana de puras celebraciones para la familia real monegasca. La princesa Charlene cumplió 41 años y se rodeó de los suyos para soplar las velitas el viernes pasado. Al día siguiente, ella, su marido y su hijo varón, Jacques, asistieron a una antiquísima tradición del principado de Mónaco: la festividad de Santa Devota, patrona de su país, famosa por recibir cada vez que hay una boda real, el ramo de la novia y flamante princesa.

Según cuenta la leyenda, Devota fue una joven cristiana que vivió en Córcega en el siglo III d.C. y fue torturada hasta la muerte por no renegar de su fe. Al morir, su cuerpo fue rescatado de la hoguera y trasladado en una barca rumbo a Africa para que recibiera sepultura lejos de la persecución del imperio de Diocleciano. En el camino, una fuerte tormenta casi destruye la embarcación, y fue entonces que ocurrió el milagro: una paloma salió de la boca del cadáver y dirigió a los cristianos hasta Mónaco, adonde finalmente la santa fue enterrada. Sus reliquias, consideradas fuente de bendiciones para los habitantes del lugar, fueron robadas en a principios del siglo XI. Los ladrones intentaron escapar con el tesoro en una barca, pero un fuerte viento les impidió la huida. Fueron inmediatamente capturados y la barca se quemó como sacrificio expiatorio. Tiempo después, se estableció la quema de la barca como una tradición fundamental para la cultura monegasca. Aunque el origen de las celebraciones es muy antiguo, el programa de actos se oficializó en 1924 cuando, durante el reinado del príncipe Luis II (bisabuelo del príncipe actual), se creó el Comité Nacional de Tradiciones Monegascas, dedicado al mantenimiento de la cultura y las tradiciones populares del Principado.

Actualmente, es una de las festividades más importantes de Mónaco, y se realiza a lo largo de dos días. El 26 de enero, hay una misa de las Tradiciones, oficiada en lengua monegasca y se bendice el mar. Luego, en Puerto Hércules, tiene lugar la llegada de la "barca simbólica" y la acogida de las reliquias de la santa. Tras una procesión hasta la Iglesia de Santa Devota, se quema la barca ante la presencia de la familia real. Es por eso que en las imágenes de la jornada, siempre deben estar presentes los monarcas. El 27 de enero, se realiza otra misa y una procesión para pedir bendiciones a la santa.

Este año, la postal de la familia con la barca ardiendo detrás tiene una gran ausente: Alberto y Charlene solo llevaron a su hijo varón, Jacques, y la melliza de este, Gabriella, al parecer, se quedó en casa. Aunque no trascendieron los motivos, todo apunta a que se debió a que estaba enferma ya que no es habitual que los mellizos falten a esta cita con la tradición de su país. De hecho, en los últimos años se han convertido en los protagonistas de este evento, dejando siempre fotos de lo más tiernas para que recorran el mundo. La presencia de Jacques en solitario hizo que su madre estuviera pendiente en todo momento del pequeño, quien se mostró muy atento a todo lo que ocurría a su alrededor, sin soltar la mano de su padre durante prácticamente toda la ceremonia.

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