Posca y Peña: las dos caras de una misma moneda

Peña podría suicidarse en el escenario; Posca trae de regreso a El Perro, su personaje más exitoso. Dos iconos del under en un duelo que recién comienza
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28 de junio de 2002  

POSCA

El hombre es así. Y no hay vuelta. Favio Posca es capaz de colgarse de una buena idea de inmediato. Es diestro en poner el cuerpo y obsesivo con su trabajo. Tanto, que armar cada uno de sus espectáculos le toma varios largos meses.

Siempre fue así: movedizo, locuaz, como una ametralladora de disparar ideas.

Con anteojos de sol en los que el interlocutor no tendrá más remedio que mirar su propio reflejo, Posca llega al Paseo La Plaza, donde estrenará el viernes próximo su nuevo espectáculo, Lagarto Blanco , con paso firme y un dejo de músico de rock en la apariencia. Una multitud de niños de ocho años se agolpa en una de las salas para ver la obra de Hugo Midón. "Fa-vio, Fa-vio, Fa-vio", gritan a voz en cuello. Y Favio replica con contorsiones a lo Mick Jagger.

¿Quién diría que este actor amante de los mundos border tuviera tanto festejante infantil? A lo mejor las participaciones en espectáculos de Midón que aparecen en su currículum podrían justificar oficialmente la alharaca menuda. ¿O será la tele?

Y aunque parezca una tarea imposible la de dejar su cuerpo quieto, Posca también es capaz de sentarse a la mesa de un café, y charlar sobre sí mismo. Es el tema en cuestión. "Este espectáculo, a diferencia de Mamá está presa , que fue mucho más violento, mucho más social, es un cable a la risa -dice-. Creo que la gente está necesitando un off realidad. Estamos muy bombardeados por el bajón, por la sensación de que va todo para atrás. Yo creo que el arte tiene también que ver con cierta capacidad de desconar un poco las cosas para otro lado."

Eso es algo que Favio siempre supo hacer bien y en donde puso su marca registrada. Si algo ignora voluntariamente son las miradas lineales. Por eso se encarga de remarcarlo: "Ojo, la risa articulada desde un sello muy Posca; acordemos eso y de ahí en más -sentencia-. Lagarto blanco se va a disparar a mundos inventados, a futuros en la Argentina totalmente fantaseados por mí y va a tener, en el medio, una comedia musical con un bailarín invitado. Por primera vez voy a hacer una comedia musical, con todas las letras, pero deforme. Yo hice comedia musical, así que puedo deformarla con mi estilo y hacerla en serio, sin necesidad de que sea seria".

El estilo Posca nace en la sublimación de su experiencia de vida. Sus temas brotan de su estado emocional, de absorber como una esponja lo que el entorno le aporta como información. "Incluso la que me aporta la gente que no me banco", dice.

"Todo eso lo sublimo arriba del escenario. Puede ser bueno o no, eso está al margen. Y nunca pienso en el espectador a la hora de crear. No me interesa pensar qué le puede gustar al espectador y qué no, o si lo va a entender o no. Tampoco me gusta el espectador pasivo. Lo que me interesa es exponerme como artista y exponer al espectador en una situación adrenalínica."

Cierto vértigo que le gusta imprimir a sus shows, ciertas oscuridades, según él, proviene de nuestros fantasmas compartidos. "Tiene que ver con el tabú, con las partes reprimidas. Me gusta liberar esos fantasmas. No es que yo los largue porque les tenga miedo; me gusta jugar con ellos, me divierte. Nada solemne. No le creo a la solemnidad, me parece un acto de hipocresía. La gente más oprimida es la que más se va de mis shows. Pero mi idea no es disfrutar con eso sino liberarlos. Nada mejor que el hecho de que puedan abrirse de patas y pegarse un viaje a otro lado."

Un viaje que, en principio, será propuesto por Aerolíneas Posca, con la expectativa de que todo el mundo anhele treparse al avión.

Como comandante de a bordo volverá el inefable personaje de El Perro. "Hay algo muy importante: en un momento en el que todo el mundo se va de la Argentina, vuelve El Perro. Viene del mundo. Estuvo en Amsterdam con sus chicas y vuelve muy power, con un par de temas nuevos y unas historias desopilantes".

Posca puede sonar a loco. Pero de loco, nada. Aunque afirme muy suelto de cuerpo "Mis personajes viven en mí, pero también, a esta altura, viven en sí mismos. Ya no se trata de modificar la voz y el comportamiento corporal y punto. Ahora es como entrar en trance. Y yo quiero que la gente también entre en trance. De hecho, es algo que me consta y me complace", dice, con las manos estiradas sobre la mesa, el cuerpo que le zangolotea levemente en la silla y una mirada a lo Clark Gable, escondida tras los lentes de sol. Le consta y le complace. ¿OK?

Lagarto blanco. Estrena el viernes 5. Funciones, viernes y sábados, a la 0 en la sala Pablo Piccasso, Paseo La Plaza.

Av. Corrientes 1660; 4109-9999. $ 10 y $ 20.

Más de zorro que de oso

"Mi relación con la televisión es totalmente positiva. Esto es así por las posibilidades que en su momento me dieron gente como Suar o Repetto, pero también por cómo yo manejé el fenómeno televisión. Siempre tuve en cuenta que hacer tele es muy interesante. Saber explotar ese medio es fantástico. Pero es muy importante no perder la esencia de lo que uno quiere hacer. Es decir, es bueno en tanto uno sepa manejarlo desde la calidad. Si te dejás estandarizar por el tele corrés mucho peligro como artista.

"Para decirle que sí a un proyecto tengo en cuenta los productores, el producto, los autores y los actores, o sea, todo. En el caso de Los osos tuve en cuenta el producto, los productores y los dos compañeros que iba a tener al lado, Lalo Mir y Alejandro Fantino. Y asumí el desafío de debutar como conductor. De entrada me imaginé con ellos y di el okay. Me divirtió mucho la idea y me lo tomo muy en serio. Soy muy obse con lo que hago cuando lo hago. Los personajes que he hecho en la tele siempre tuvieron mucho aporte mío, incluso en el vestuario. No lo estoy haciendo por la plata. Hay mucho mito con eso. La gente cree que porque sos medio famoso te estás pudriendo en guita. Y en realidad, seguimos siendo pobres."

PEÑA

"Estoy más solo que nunca -dispara Peña sin dolor-, a pesar de todos los cuerpos humanos que hay a mi alrededor."

Aislado -"lo único que me relaja es estar así, tirado, con mi vaso de whisky y mis pensamientos"-, Fernando se muestra enojado, ahogado por la vida cotidiana, esa que lo ve morir lentamente.

Y en ese enojo, en ese aislamiento y con la muerte pisándole los talones (se está recuperando del virus HIV) nació El niño muerto, la obra que hoy sube a La Plaza y que consideran como la primera autorreferencial del actor. "Habla de la muerte y de la vida -intenta explicar-. Tiene un mensaje positivo de la muerte y un mensaje negativo de la vida. No tiene esperanzas. Sé que no va a vender y no me importa. El que quiera venir que venga; el que no, que se quede en casa."

Sin sus caballitos de batalla, Dick Alfredo, La Mega, Milagros López, Rubén Román Sixto Alegre (Palito) y el político corrupto Rafael Orestes Porelorti, Peña quiere mostrarse por primera vez tal como es. "Me cansé -dice con un suspiro entrecortado-. No quiero hacer más los personajes arriba del escenario, no me interesa. ¿Por qué? Porque así es más fácil vender entradas y en este momento no me interesa. A mí lo fácil no me apasiona y esa masa estúpida,que pedía a gritos al oligarca Revoira Lynch y que es capaz de aceptar cualquier cosa que yo hiciera, me aburrió."

Cansado de la letra "O" y en pro de la letra "y", Peña asegura que es hora de apostar por los sentimientos. "No me hago la Mercedes Sosa, persona que detesto, me parece una hipócrita. Tampoco se trata de una frase hecha, pero es hora de dejar de vivir a través de Radio Millenium, de comprar sentimientos marketineados y de dejar de emocionarnos con un mundial de mierda. No todo pasa por si ves a Lanata o a Hadad. Por eso detesto la O. Empecemos a usar la y."

A la hora de buscar razones por sus cambios de humor, Fernando no esquiva la mirada y se hace cargo. "Mirá lo que me pasó -se defiende, refiriéndose a su enfermedad-. Pero, ¿sabés lo que pasó realmente, la razón de todo esto? -hace una pausa, como frente a un abismo- La decadencia del gay. ¿Sabés lo jodida que es la vejez del p..., el sentirse sexualmente frustrado?"

Con la 48 en la sien

Miles de veces imaginó su propia muerte como si fuera parte de su naturaleza. El suicidio ronda en su cabeza desde hace tiempo como una vía de escape, como un juego al que alguna vez hay que acercarse. "Yo no voy a morir en la calle -aclara-, ése es un lugar irrespetuoso. ¿En mi casa? Menos, son las cuatro paredes que albergan todas mis miserias. Yo voy a morir donde soy feliz, donde vuelo, arriba del escenario."

En El niño muerto el suicidio está presente. "Quizás ésta sea la obra en la que decida poner fin a todo. Pero antes de eso voy a ver el Weather Channel, porque es importante que sea una noche de lluvia -confiesa con su sarcástico humor negro-, y que las gotas se estrellen contra el plástico negro que cubra mi cadáver."

Lejos de importarle la reacción que su muerte puede causar -"soy muy egoísta"-, el irreverente creador de Esquizopeña y My Name is Albert, with A está convencido de que es una víctima, una persona cansada de sufrir. "Adoro ser cursi, para mí es la clave de la evolución. Por eso soy capaz de decir soy un marica que no cabe en este mundo y no piensa caber. "

La razón de todo

Oh! Niño que mueres sin querer y vives sin querer, en otoño serás adulto y todo sin querer. Con una puesta diferente desde lo estético y lo narrativo (el libro pertenece a Peña, Ronnie Arias y Sebastián Wainraich), y acompañado por actores y bailarines, la voz de Cucuruchos en la frente (lunes a viernes, a las 21, por Rock & Pop) combinará el stand up comedy desde su habitación de hospital con la danza contemporánea, y conducirá al espectador a un viaje surrealista que llega hasta la morada de San Miguel Arcángel partiendo del útero materno. "Es como el racconto de un marica desgraciado que se burla de su destino -reprocha-. Todos somos el niño muerto, porque es la razón de todo lo que nos pasó, de cómo fuimos arrojados a este mundo, una tragedia."

De antemano sabe que la crítica lo va a destrozar; de hecho, su equipo le tiene muy poca fe. "La gente esperaba otra cosa de mí. Necesitaban al nuevo Gasalla, al nuevo Perciavalle y yo estoy muy lejos de eso. Estoy harto de que me relacionen con todo lo preexistente -gesticula-. Esto no quiere decir que no sea amigo del éxito, pero no quiero repetirme, porque tengo otras cosas para decir."

Como si se tratara de una manifestación multimediática, El niño muerto combinará cine, televisión y teatro en siete cuadros con un final abierto y un corto de Sebastián Aloi, que jugará como el legado póstumo del actor. "Ya sé que van a decir que la parte cinematográfica excede lo actoral. Pero no importa, porque estoy listo para la guerra."

El niño muerto. Viernes, a las 23.30; sábados, a la 0, en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza.

Av. Corrientes 1660; 4109-9999. $ 20.

De caras y caretas

Posca es una payaso triste y yo una magdalena alegre", confiesa Peña. Es que Favio y Fernando vuelven a tomar La Plaza, cada uno con lo suyo, pero con un mismo fin. "Los dos hablamos de lo mismo, él desde la risa desopilante y yo, desde lo drástico, desde ese humor negro que apela a la tragedia", compara.Como buenos amigos que son, Fernando descarta esa idea de FP v. FP. "Ese juego se lo dejo a los medios. No me importa, porque mi meta es otra."Una de sus búsquedas más intensas es la de marcar una clara diferencia entre divertirse y entretenerse. "La diversión es como meterse en una montaña rusa loca que te puede jugar una mala pasada, se puede caer el carro y terminás desnucado en el asfalto –dice en tono analítico–. En cambio, entretenerse es saber elegir dónde uno quiere ir, es por eso que nunca te vas a dar la cabeza contra el asfalto. Yo quiero que lo mío se entretenimiento y no una excusa para despejarse. Estoy tan harto de esa onda de despejarse al pedo. Detesto esa gente que va a ver a Nito Artaza para olvidarse, para no comprometerse. No digo que hay que comprometerse al nivel de cortarse las venas, pero tratemos de no ser tan caretas."

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