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Lifestyle

Pura atracción. Con encuentros intermitentes, después de 23 años jamás pudieron olvidarse

Señorita Heart
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18 de junio de 2020  • 13:20

Fue atracción pura. Ni más ni menos que una irrefrenable fascinación por mirar a esa morocha delgada, de piel canela y dientes perfectos. Quizás era un amor típico de la adolescencia, estaba dentro de las posibilidades. Sin embargo, desde que Jorge la vio aquel verano cuando él tenía tan solo 18 años, no pudo dejar de mirarla nunca más. Donde fuera que la cruzara, casi como en un acto reflejo, allí sus ojos se dirigían.

"Ella tenía 14. Yo era flaco, desgarbado y mal vestido. Íbamos al mismo colegio, ella a segundo año, yo a quinto. Mis amigos no podían creer cómo me gustaba tanto esa morocha flaca, pero no solo me gustaba: sentía una atracción tan fuerte que no la podía controlar. Nos besamos la primera vez en un bosque del monte misionero frente al colegio, después de clases. Fue increíble".

Se besaron de nuevo en el cumpleaños de 15 de una amiga de ella, donde Jorge y sus compañeros llegaron sin haber sido invitados. Fue un beso bajo la lluvia, apasionado, increíblemente químico. "En ese momento tenía novia, obviamente no se enteró pero me sentí muy mal los siguientes días. Pero la había besado y nunca más olvide ese beso ni tampoco jamás la química y la pasión dejó de existir entre nosotros".

Caminos bifurcados

Jorge terminó la secundaria en Misiones y se fue a estudiar a la provincia de Córdoba. Instalado en las sierras en forma casi definitiva, mantuvo unos años más la relación que tenía con su novia de la secundaria y la morocha hizo su vida.

Pero aunque la distancia los mantenía alejados, sus caminos estaban destinados a cruzarse, una y otra vez. De visita en el pueblo misionero donde se había criado, Jorge se reencontró nuevamente con aquella morocha que le había quitado el aliento esa tarde de verano. Aunque él estaba en otra relación, pasó la noche con ella en el auto de ella y comprobó, una vez más, que lo que sentía por esa mujer era único y especial.

Al día siguiente Jorge regresó a Córdoba. En el viaje en colectivo no dejó de pensar en lo que había vivido, con esa persona que hacía años le había sacado el sueño. Ya en su casa, no pudo aguantar la culpa, ni ocultar sus sentimientos, y le confesó la verdad a su novia. Pasaron algunos (malos) meses intentando descubrir qué era lo mejor, hasta que finalmente dieron por finalizada la relación.

Entonces Jorge se sintió liberado. Comenzó a charlar con la morocha por teléfono y a mantener contacto con cartas, hasta que acordaron encontrarse en Córdoba por unos días, precisamente en Villa Carlos Paz, en un hotel. "Pasamos más o menos una semana sin salir de la habitación salvo para ir a almorzar y cenar. Ambos estudiábamos en diferentes ciudades con 1500 km de distancia y ella había ido sin decirle nada a sus padres".

A los meses se separaron, Jorge no recuerda el motivo. Había una química que los unía pero también algunos aspectos oscuros que los separaban constantemente. Se dejaron de ver por años. Sin embargo, cada verano, coincidían en la misma ciudad para las vacaciones y él podía darse el lujo de verla en los boliches. "No podía sacarle la mirada de encima. Luego ella me confesaría que sentía mi mirada tan fuerte que podía saber si me encontraba en el lugar sin haberme visto siquiera".

Alejarse hacia el sur

Crédito: Madalin Calita en Pixabay.

Jorge nuevamente formó pareja. Y perdió contacto con la morocha durante años. Cada tanto, le llegaban noticias de ella a través de conocidos. Incluso pudo saber de buena fuente que estaba embarazada. Él terminó la carrera de abogacía y se fue a vivir a la Patagonia. Sin embargo, ese primer verano luego de haberse mudado al sur, volvió a Córdoba y se la cruzó frente a un supermercado del centro del pueblo. Ella llevaba de su mano a su hijo, muy pequeño. "En este tiempo mi madre falleció y recibí un llamado de la morocha para saludarme y saber cómo estaba, fue el único contacto que tuve con ella en años. Me había peleado con mi novia de ese entonces, la misma de hacia años, y estaba en un momento personal complicado".

Fue un verano extraño en muchos sentidos. Jorge y la morocha se volvieron a encontrar, casi como amigos, incluso él llegó a conocer a su hijo, que tenía apenas un año recién cumplido y además pudo saber que la morocha se estaba separando del padre del bebé.

Corría 2008, no existía WhatsApp y las llamadas de larga distancia requerían de un cierto dinero, con el que ellos no contaban. "Recuerdo que la morocha buscaba promociones en la compañía de teléfono para llamadas y mensajes de texto en teléfonos en ese entonces analógicos. Yo estaba completamente enamorado de ella y de su hijo que era un bebé. Mantuvimos una relación larga a la distancia, nos separaban 3000 km, hasta que en el año 2012 decidimos mudarnos juntos. Vinimos a vivir a la Patagonia los tres. La convivencia duró un año y medio. Las razones eran de todo tipo, las más importantes eran las económicas: la falta de dinero producía peleas y conflictos en la relación y su mamá estaba muy enferma. Para colmo, un año antes había fallecido su papá de forma súbita".

Entonces, a mediados de 2013 ella volvió a Misiones, en principio por unos días. Jorge la siguió e hizo el recorrido de 3000 km en 26 horas seguidas, solo en el auto. Se volvieron a separar y durante dos años y medio mantuvieron un contacto esporádico telefónico. "Pasamos un verano excelente en Brasil en enero de 2015 para volver a separarnos, yo en la Patagonia y ella en Misiones. Así trascurrieron los años hasta el presente, siempre nos vimos los veranos, nos amamos un mes y luego nos separamos. Debo decir que nunca jamás tuve la piel, la química y el amor que tuve y tengo con la morocha que conocí hace exactamente 23 años en el colegio donde ella cursaba segundo año y yo quinto. Hoy no estamos hablando desde hace varios meses, pero la verdad la extraño y la deseo con pasión todos los días de mi vida. Ojalá volvamos a encontrarnos".

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