Push up emocional

Crédito: Inés Auquer
En invierno, con los días más cortos, algunas personas sufren el “desorden afectivo estacional”. Por si es tu caso, te damos herramientas para aprender a conducir y administrar mejor la energía.
Violeta Galanternik
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29 de julio de 2015  • 00:00

Solemos pensar que el frío es el culpable de todos nuestros males, pero no: en invierno, muchas personas sufrimos lo que se denomina "depresión invernal" o "desorden afectivo estacional" (DAE), y no tiene que ver con la baja temperatura sino con el largo de la luz solar. En este tiempo de días más cortos y de menos luz, es común que nos sintamos caídas, angustiadas o cansadas.

Ponete a pensar desde qué etapa de tu vida repetís esta secuencia. Nos levantamos, con o sin alarma, con más o menos sueño, y nos preparamos para salir del confort de nuestra querida cama a enfrentar el mundo exterior. Todos los días ponemos mucha energía en este empujoncito matutino que nos lleva a vivir el afuera. Es el primer eslabón de una cadena y, aunque casi siempre lo hacemos de manera automática, hay veces que nos cuesta mucho dar ese primer paso, especialmente si es en invierno. Miramos por la ventana, todavía es de noche, no es difícil intuir que hace frío, y nos ataca una resistencia mañanera que nos condiciona a retroceder y taparnos con el acolchado. A muchas de nosotras, el invierno nos cuesta. Y no decimos "cuesta" solo por decir, sino porque implica un gasto que, cuando nuestra energía está en default, parece enorme e inabarcable. Te contamos cómo hacerle frente.

¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN INVERNAL?

Crédito: Inés Auquer

Las siglas en inglés parecieran hechas a medida: SAD (seasonal affective disorder), que casualmente también se traducen como "triste". Es que el desorden afectivo estacional o depresión invernal no es otra cosa que esos cambios de humor que muchas personas experimentamos durante el invierno, cuando contamos con una menor exposición a la luz solar. Ansiedad, pesadez, pesimismo, pérdida de interés, cansancio. Todas pueden ser consecuencias de esta baja energética. Seguro escuchaste que los países con largos períodos invernales suelen tener poblaciones más propensas a la depresión, a diferencia de los tropicales, que se "apropian" de la alegría. Todo se debe a la falta o abundancia de luz.

Las estaciones del año son parte de un ciclo, y nosotras nos sumergimos en ellas con ciclos propios. Los ritmos circadianos constituyen nuestro reloj biológico, que regula las funciones fisiológicas del organismo para que sigan un ciclo de 24 horas. Este tic tac interno está programado para que coincida con los estados de sueño y vigilia, los cuales, a su vez, están asociados a los estímulos de luz. Nuestro cerebro asocia la luz con una mayor actividad fisiológica y la oscuridad con una inhibición de estas funciones. No pareciera ser tan raro que cuando el ciclo de luz es más corto, activarnos nos implique un mayor esfuerzo. Entonces, especialmente en estos meses, podemos utilizar herramientas para la baja de energía.

¿CÓMO HACERLE FRENTE?

Aunque el invierno es la estación en la que a muchas de nosotras se nos viene la noche, quizá la baja de energía se te genera en otro momento del año. Tratá de recordar cuándo solés sentir este bajón, a veces coincide con alguna pérdida pasada o con alguna época del año más exigida, para no ponerte a vos misma más palos en la rueda. Ubicarnos en contexto alivia. Sea cual fuere el momento, lo interesante es identificarlo y darnos cuenta de que no es que "todo nos sale mal" o que "el mundo está en nuestra contra", sino que se nos generó un desequilibrio en la energía que tenemos. Como un GPS, esta cuenta es la que tenemos que recalcular y así generar push ups emocionales que te ayuden a vivir con esta energía en vez de ir en su contra.

Cortá con el pensamiento rumiante. Somos enroscadas, demasiado enroscadas a veces. Está buenísimo ser racionales y reflexionar sobre lo que pasó o lo que va a pasar, pero a veces nuestra cabeza da vueltas de más y, en vez de ser productivo, se convierte en un pensamiento obsesivo. ¿Quién de nosotras no se enrosca con algo que dijimos o nos dijeron, algo que hicimos o dejamos de hacer, y empezamos a dar vueltas y más vueltas sobre lo mismo? Esta calesita, en vez de aliviarnos, solo alimenta cada vez más la frustración, y si encima estamos bajas de energía, su efecto es multiplicador. En esos momentos en los que estás muy ansiosa y das vueltas sin sentido sobre desafíos a futuro, el mejor remedio es poner un stop a este frenesí mental. ¿Cómo?

Hacé actividades enérgicas y sin motivo. Esas que nos ponen el cuerpo en movimiento y la mente en paz. Es como un "lavado de cerebro", pero en el buen sentido: realizar ejercicio, escuchar música, bailar, tener sexo, nos conecta con lo sensorial y nos ayuda a parar la pelota y pasar de un estado de exigencia a un estado lúdico que es en sí mismo liberador.

Sublimá la energía con tareas operativas. Si estamos atravesadas, aprovechemos esa misma fuerza para hacer esas cosas tan odiadas de la cotidianeidad, como hacer un trámite en el Centro, ir al banco o a pagar cuentas, para así, por lo menos, sacarle provecho.

Una vez que reconocés qué es lo que te pasa o con cuánta energía contás, podés introducir en tu rutina diaria pequeños hábitos saludables para conservar y potenciar tu fuerza en invierno en vez de abusar de ella.
Una vez que reconocés qué es lo que te pasa o con cuánta energía contás, podés introducir en tu rutina diaria pequeños hábitos saludables para conservar y potenciar tu fuerza en invierno en vez de abusar de ella. Crédito: Inés Auquer

MINI PUSH UPS DIARIOS

Una vez que reconocés qué es lo que te pasa o con cuánta energía contás, podés introducir en tu rutina diaria pequeños hábitos saludables para conservar y potenciar tu fuerza en invierno en vez de abusar de ella.

A LA NOCHE

Apagá la alerta antes de irte a dormir. Es una clave que todos sabemos pero pocos aplicamos: cómo nos acostamos influye, y mucho, en cómo encaramos el despertar de la mañana siguiente. Bajar las revoluciones o hacerlas funcionar en "bueno" puede ser el primer paso para permitirnos un buen descanso.

Escribí cosas buenas que hayan pasado en el día. Podés dejarte una libreta en la mesita de luz y escribir (o solo repasar mentalmente) 5 o 10 cosas que te hayan sacado una sonrisa, desde un logro en tu trabajo hasta una linda actitud de un colega para con vos, un abrazo de una amiga o, por qué no, lo rico que comiste en el almuerzo. Se trata de cambiar de "lo que falta" a "lo que hay".

Meditá o hacé ejercicios de respiración. Buscá relajarte a través de alguna herramienta, ya sea meditación o respiración, unos minutos antes de recostarte. Podés recorrer las diferentes partes de tu cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, simplemente llevando ahí tu conciencia (este ejercicio se llama yoga nidra), o, si no tenés técnicas de respiración, podés, ya recostada, llevar tus manos a la panza y encontrarte con tu respiración diafragmática, llevando el aire a la panza con inhalaciones y exhalaciones cada vez más profundas. Si la conocés, es ideal practicar la respiración ujjayi (de la victoria), podés ver el tutorial en YouTube o encontrar más info en www.elartedevivir.org .

Elegí la ropa del día siguiente. Cuando estamos depre, elegir cuesta mucho. Tomar decisiones, de cualquier índole, implica un proceso que requiere un gasto importante. Si levantarnos ya cuesta, imaginate en ese estado eligiendo qué ponerte. Seguro te probás una y otra prenda y pensás que nada te queda bien. Capitalizá esa energía vespertina que todas tenemos para ahorrarte frustraciones a la mañana siguiente.

A LA MAÑANA

No te levantes de un tirón. En el despertar, primero dejate un tiempo para "carretear". Como un avión antes de su despegue, utilizá unos minutos para ir despertándote y disfrutá de remolonear, sentarte en la cama, hacer tu rutina de higiene, todo con pasos pequeños.

Prestá atención a tu lado derecho. Ciertas herramientas que rodean la investigación del estilo afectivo de Davidson nos pueden ayudar. Se llama así a todo el abanico de reacciones afectivas y de humor que todos tenemos. Seguro escuchaste que el hemisferio derecho es más emocional y el izquierdo, más ordenado y de acción, pero lo nuevo es que demostraron que la corteza derecha se activa más con la inhibición (el no puedo), y la corteza izquierda lo hace con la activación (puedo y quiero). Te aconsejamos una práctica sencilla: prestar atención consciente a alguna parte del lado derecho de tu cuerpo (mover la mano, por ejemplo), incluso recostarte unos minutos de ese lado porque, como los circuitos están cruzados, de esa manera se activa el hemisferio izquierdo, el del "puedo y quiero".

Generá un ritual al levantarte. No salgas de la cama con un "tengo que", enfocada en un futuro para el que todavía no te crecieron las fuerzas. Dirigí tu atención a esas acciones lindas y chiquitas plagadas de estímulos sensoriales: sentir el aroma del café cuando lo preparás, disfrutar del agua de la ducha, saborear un buen desayuno.

MEDIODÍA - TARDE

Emprendé el día paso a paso. La automotivación es imprescindible, y darnos autopalmaditas en la espalda con cada acción que emprendamos es una buena manera de potenciar la buena vibra. Está bueno que nos sintamos heroicas en cada acción difícil que emprendamos, por más chiquita que sea, pero no empastemos estas acciones, organicémoslas a lo largo del día para economizar la energía y disfrutarlas.

Fijate en qué momento del día sos más productiva. Ser conscientes sobre la estación del año, el momento del ciclo menstrual y el horario del día en que tenemos más energía es esencial. Si tenés la posibilidad, liberate de tareas arduas en esos días que te resulten pesados y ponete las tareas que requieran más energía en esas horas diarias en las que ya sabés que solés rendir. Conocer tus ciclos es fundamental para no ir en contra de tu propio reloj.

Escaneá tu energía y date recreos. Cada vez que termines una actividad, hacete un escaneo mental para ver cómo estás y cómo te sentís. Darte recreos de las tareas diarias es una buena herramienta. Nuestra psicóloga Inés Dates lo llama el "lindo boludeo", y no es más que una acción que no requiere mucha energía nuestra y que es totalmente liberadora. Desde ojear un portal de chimentos hasta salir a tomar aire, escuchar una canción pum para arriba o tomar un mate y charlar 10 minutos con una compañera de trabajo. Otra opción es realizar las meditaciones "Solo un minuto", de Brahma Kumaris, que podés encontrar en YouTube y son muy efectivas para descomprimir y hacer un refresh mental.

Adueñate de los viajes. Cuando ya estás volviendo a tu casa, buscá transformar el traslado en auto o transporte público y llenalo de sentido. Ya sea escuchando música, fantaseando, contemplando el paisaje por la ventana. Aprovechá ese traslado físico para ir dejando en el camino las tensiones del día.

HACELE CUCHARITA AL INVIERNO

Hace frío, los días son más cortos y, entre puchero y puchero, quedamos piponas. Pero esto mismo que a veces nos resulta pesado podemos verlo desde un punto de vista positivo.

Aprovechemos esta esfera más intimista que nos propone el invierno, disfrutemos del hermoso tiempo de entrecasa y de esos momentos de remoloneo buscando esos huequitos de calor en la cama. Si no tenemos ganas de salir, convirtámonos en anfitrionas de cenas puertas adentro para amigos y familia. Pero si querés estar sola, no lo conviertas en soledad: permitite degustar el sabor de leer una novela por horas o ver toda una temporada de la serie que ames.

Tratemos de disfrutar de los momentos más introspectivos que nos propone la estación invernal, porque no se trata de ir en contra de nuestra energía y sus altibajos sino de conducirla. •

Experta consultada: Lic. Inés Dates, nuestra psicóloga.

Fotos de Inés Auquer.

Producción de Florencia Belitrand.

¿Qué te parecieron estos recursos? Te recomendamos leer una nota específica de Matemática emocional (que también podés rastrear en tu colección de revistas ohlaleras: número 31, octubre de 2010) y 9 claves para empoderarse .

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