¿Qué es la bio-economía?

Crédito: Ilustración de Ana Sanfelippo
El nuevo paradigma busca acercar la economía a la biología para garantizar una oferta sustentable de recursos biológicos renovables. Enterate.
Joy Schvindlerman
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28 de agosto de 2015  • 00:31

Sacar-fabricar-tirar. El motor que hace funcionar la economía moderna se alimenta de la naturaleza como si los recursos fueran infinitos. La cadena que recorren todas las cosas que usamos – que empieza por la extracción y producción y termina con su consumo y descarte – parece ignorar que las cantidades de suelo, agua, aire y minerales de nuestro planeta tienen un límite. Y que ese límite, ante una población mundial que crece a pasos agigantados, está cada vez más cerca.

Aunque no es la idea ser apocalípticas, sí es necesario hacer una reflexión. Porque el crecimiento económico, que debiera servir como vehículo para alcanzar el bienestar de las personas, hace rato que dejó de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo.

La pregunta que hay que hacerse es: ¿se puede crecer ilimitadamente dentro de un sistema de recursos limitados? Aunque sea retórica, vale la pena responderla: no, no se puede. Tarde o temprano, una se choca contra la pared.

Un nuevo paradigma

Las costumbres que nos inculcan desde chicas, las ideas que nuestra sociedad lleva como bandera sin cuestionarse, las consignas repetidas como verdades absolutas, conforman el paradigma sobre el que avanza el mundo. Estas percepciones de la realidad pueden instalarse durante cientos, incluso miles de años. Ya lo dijo Einstein: es más fácil desintegrar un átomo que un preconcepto. La buena noticia es que un paradigma solo es ley hasta que es desbancado por otro nuevo.

Los intentos por reconciliar la economía con la ecología llevan varias décadas. No es una tarea fácil, pero tampoco imposible. Sin prisa pero sin pausa, y aunque solo sea porque ya no queda alternativa, viene asomando una visión más consciente del mundo. El desafío es diseñar una economía que no solo tenga en cuenta la productividad y el fin de lucro, sino también los recursos naturales, que son esenciales para la vida.

Así como sucede en la vida personal, las crisis a nivel global también son una gran oportunidad de cambio. Y la crisis climática, el agotamiento del petróleo y la escasez de agua, entre otros retos que hoy enfrenta el mundo, obligan a pensar otras formas de habitarlo.

Claves bioeconómicas

Pensar un modelo que le dé tanta importancia al capital social y biológico como al capital monetario es necesario y urgente. De eso, precisamente, se ocupa la bioeconomía, que se propone avanzar hacia un sistema que no deseche recursos ni personas y que respete los límites de la naturaleza. Su idea central es acercar la economía a la biología, y así garantizar una oferta sustentable de recursos biológicos renovables, no solo para asegurar alimentos saludables, sino también para producir bioproductos, como los bioplásticos y biocombustibles. En otras palabras, se trata de producir de forma más eficiente, con menores desperdicios y mayor reciclaje, todo ello con ayuda de la biotecnología.

En 2030, el mundo necesitará 50% más de alimentos, 45% más de energía y 30% más de agua. Para abastecer esta demanda, habrá que reducir la dependencia de las fuentes de energía fósiles como el petróleo, mientras se previene la contaminación y la pérdida de la biodiversidad. Hoy, son muchos los países que se ocupan del tema. En Europa, la visión está más orientada a una producción sustentable de biomasa, que consiste en aprovechar materia orgánica de origen vegetal o animal, incluidos los residuos orgánicos, y transformarla en una variedad de comida, salud, productos industriales y energía. En cambio, Estados Unidos y el resto del mundo definen la bioeconomía como la aplicación de la biotecnología a la producción.

Y por casa, ¿cómo andamos?

Argentina tiene mucho que aportar como un país productor de productos de origen biológico, con tradición en grupos de investigación y con años de desarrollo de variedades genéticas. Ante la demanda que existe, pocos países del mundo pueden ofrecer este menú. Sin embargo, nuestro país aún no cuenta con políticas para impulsar la bioeconomía. Y esto es elemental, porque este nuevo modelo no implica solamente un nuevo modo de producción, sino también un cambio cultural. Aun así, en el interior del país hay varios emprendimientos que encadenan la producción primaria (granos y ganadería) con la producción de energía, como biocombustibles y biogás, y que llevan a estructuras productivas que derivan en menores desperdicios.

Vos podés ser parte

Para acompañar este proceso a nivel individual y convertirnos nosotras mismas en personas "bioeconómicas", es necesario poner en jaque algunas ideas que tenemos arraigadas y cambiar nuestra mentalidad. Parece un desafío enorme – de hecho, lo es –, pero para conseguirlo basta con modificar algunos hábitos:

* Comprá menos cosas. Es el ABC de toda consumidora responsable y consiste, en primer lugar, en plantearte si realmente necesitás lo que estás por comprar. Si todavía lo querés, tal vez puedas pedirlo prestado o conseguirlo de segunda mano. Cuantas menos cosas nuevas se producen, se extraen menos recursos del planeta y se genera menor cantidad de residuos.

* Comprá alimentos orgánicos. La agricultura orgánica no utiliza pesticidas tóxicos, que terminan en el suelo, aire y agua. Además, son mucho más ricos y sanos.

* Trasladate de forma sustentable. Para distancias largas, elegí el transporte público o compartí el auto con otros. Para hacer pocas cuadras, podés caminar o subirte a la bici, así vas a estar cuidando el ambiente y tu salud como beneficio adicional.

* Mirá las etiquetas. Cuando vayas de compras, buscá las etiquetas y elegí las que indiquen que el producto fue fabricado de manera sostenible y ambientalmente amigable.

* Generá menos residuos. Acordate de las 3R. Si no podés reducir, seguramente puedas reusar, y si no vas a reusar, separalo para reciclar.

Un libro

Crédito: Web Cúspide

Un video

Experto consultado: Guillermo Anlló, Investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) Baires, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

¿Estás de acuerdo con este nuevo paradigma? Aprendé más sobre la Ecología personal y como convertirte en ECO

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