"Qué será de nosotros": la sexóloga Flor Salort y la pregunta que se repite en las parejas post cuarentena

Flor Salort es especialista en Tocoginecología y suele comunicar de manera didáctica sus conocimientos a través de su cuenta de Instagram
Flor Salort es especialista en Tocoginecología y suele comunicar de manera didáctica sus conocimientos a través de su cuenta de Instagram Fuente: LA NACION
Pablo Mascareño
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19 de noviembre de 2020  • 14:44

Como una pulsión de vida, los momentos críticos, como una pandemia, suelen generar fenómenos esperanzadores. La sexualidad no está exenta a esta dinámica y se manifiesta como una energía vital esencial en tiempos de adversidades: "Hay un fenómeno de reproducción que tiene que ver con la conservación de la especie. Cuando se cayeron las Torres Gemelas, por ejemplo, aumentó meses después la incidencia de nacimientos, fruto de una situación de estrés que se canalizó en lo erótico", explica la médica ginecóloga y sexóloga Flor Salort (MN 100659), conocida por sus posteos en Instagram como @flordegineco. La profesional, que suele comunicar de manera didáctica su especialidad, es médica, con diploma de honor de la Universidad de Buenos Aires, especialista en Tocoginecología.

A la hora de pensar cómo la vida erótica y sexual se vio afectada por la irrupción del Covid-19, y los consecuentes períodos de confinamiento y distanciamiento, Salort plantea que "hay que elegir muy bien con quién uno se va a encontrar". Si este discernimiento era uso y costumbre, en un momento donde la salud está atacada masivamente de manera concreta, los recaudos deben ser aún mayores. "La sexualidad es un contacto estrecho, más allá que uno se masturbe virtualmente y a la distancia, por eso esta no es una época para encontrarse con distintas personas", explica la profesional que, este viernes 20 de noviembre a las 21.30, ofrecerá, por la plataforma passline, Del cerebro a la vagina, una propuesta interactiva con el público donde conversará sobre diversas cuestiones que hacen al universo de la sexualidad en la vida cotidiana actual. La propuesta, que también tendrá animaciones especiales, contará con la participación de Dani La Chepi, quien aportará la cuota de humor en esta experiencia donde el público podrá preguntar y hasta participar de encuestas propuestas por la profesional experta en los secretos de la sexualidad.

-A partir de la pandemia, ¿se modificó la dinámica de los encuentros sexuales?

-Ahora hay que elegir mejor con quién encontrarse y hacer preguntas que nunca se hicieron, porque cuando comienza el deseo y la calentura, uno, probablemente, se saque el barbijo y mantenga un contacto estrecho. Si antes preguntábamos con quién vivís y a qué te dedicás, ahora hay que saber si el otro tuvo algún síntoma de Covid, si se ha sentido mal, si tuvo contacto con mucha gente.

-Y apelar a la sinceridad.

-Hay que ser sincero porque se trata de una infección de transmisión estrecha. No cuidarse es una falta de respeto al otro. No se puede exponer a la otra persona a una enfermedad, eso es un abuso y hasta una violación. Vivimos en una comunidad de respeto y por eso digo que todo lo vinculado al coronavirus es un acto de amor, nos convoca a todos.

-¿Qué sucede cuando la pareja no es estable?

-En ese caso, el encuentro debe ser muy meditado, consensuado, sincero.

Flor Salort hizo un posgrado en Sexología en la Universidad Favaloro y tiene una diplomatura en Psicología Integrativa de la Universidad de Belgrano. Su experiencia hospitalaria por más de 20 años y su contacto con la comunidad la llevaron a especializarse también en neurociencias, cerebro y emociones

Flor Salort es especialista en Tocoginecología y suele comunicar de manera didáctica sus conocimientos a través de su cuenta de Instagram
Flor Salort es especialista en Tocoginecología y suele comunicar de manera didáctica sus conocimientos a través de su cuenta de Instagram Fuente: LA NACION

El día después

Si las vacunas en proceso de experimentación dan los resultados esperados, en un mediano plazo la humanidad podría comenzar a hablar de una nueva era post pandemia. En materia de vínculos será el momento de recomponer aquello que alteró la excesiva cercanía o la distancia. "Hubo casos de convivientes que estuvieron juntos las veinticuatro horas de los siete días de la semana y quizás, antes de la cuarentena, no compartían más de dos horas diarias. Pasamos a compartir espacios y a tener horarios diferentes. Hoy los chicos se van a dormir a la medianoche, todo cambió", explica Salort.

La mutación de hábitos alteró la vida de pareja, aunque siempre hay una posibilidad de recuperar aquello que se resquebrajó: "Recomiendo a las parejas volver a tener espacios de intimidad, pero no hablo solo de la cama. Para terminar en la cama, tiene que haber sexualidad fuera de ella. Esto tiene que ver con encontrarse con la caricia, con salir a charlar al balcón, preguntarnos qué nos pasó, cómo te sentís, agasajar al otro con algo rico o un regalo, enviar un mensaje por WhatsApp, aunque estemos en la misma casa. En definitiva, recuperar la picardía del deseo y el encuentro".

-Todo un trabajo.

-No es espontáneo, hay que tener ganas y poner mucha energía para erotizar a la pareja.

-La vida cotidiana no ayuda demasiado. Mucho menos volver de una pandemia.

-Uno siempre va a estar cansado, así que hay que ejercitar el erotismo. Además, el cerebro se acostumbra a algunos hábitos: si somos fanáticos de las series, vamos a estar siempre pendiente del capítulo siguiente y no vamos a estimular otras opciones. Hay que romper con esa agenda y proponerse volver a activar la dopamina.

-La dopamina está asociada a los estímulos de placer, ¿cómo llegamos a eso?

-Lo nuevo te da la dopamina. Al principio, puede ser espontáneo, pero luego hay que ir en busca de eso sin postergarlo. Hay que provocar estas situaciones hasta que se produce un circuito cerebral nuevo y esa nueva conducta pasa a ser espontánea. Hay que poner energía ahí.

-En la post pandemia, ¿habrá que reconstruirlo todo o habremos salidos favorecidos con nuevos aprendizajes?

-No sé si puedo responder eso. La pandemia fue un gran acelerador de tiempos y emociones. Evidentemente, hubo un gran cambio de valores: uno pudo mirar mejor a su pareja, tener los ojos abiertos. La gente se pudo educar más porque tuvo un poco más de tiempo, pero, como decía Einstein, es más difícil cambiar un hábito que desactivar un átomo.

-Entonces, ¿cómo hacemos para no establecer una mirada distópica?

-Si uno percibe qué le hace bien e insiste, el cambio ahí está.

Flor Salort es especialista en Tocoginecología y suele comunicar de manera didáctica sus conocimientos a través de su cuenta de Instagram
Flor Salort es especialista en Tocoginecología y suele comunicar de manera didáctica sus conocimientos a través de su cuenta de Instagram Fuente: LA NACION

Distancias

Cuando se implementó el encierro por la disposición de la cuarentena, parejas ocasionales que se encontraban lejos de su lugar de residencia habitual se vieron obligadas a convivir un largo período, marcando otro de los fenómenos vinculares de estos tiempos atípicos. "Las cosas suceden mucho más rápido, como cuando uno camina sobre una cinta en movimiento, esto agilizó lo vincular. En muchos casos, se dieron cuenta de que funcionó muy bien el vínculo y, terminada la cuarentena, buscarán seguir conviviendo. O, todo lo contrario, '¿qué hago con esta persona?'", reflexiona Salort.

El confinamiento también separó físicamente a mucha gente, con las consecuencias emocionales que implica esta situación. Con todo, también esta posibilidad puede ser capitalizada. "En la cuarentena aumentó el deseo en los no convivientes", reconoce Salort.

-¿Qué sucede cuando el deseo queda solo en la posibilidad?

-La fantasía supera a la realidad y uno cree que cuando va a ver el otro se va a encontrar con lo que extraña y después se da cuenta de que no es eso. Cuando no se convive y se está bien con esa pareja, se idealiza completamente al otro. Por eso los vínculos que son desde el sexting o a distancia pueden mantener por años el enamoramiento.

-No aplica el desgaste de la convivencia diaria.

-Sí o sí, en el cerebro la dopamina baja y, en no más de tres años, uno debe pasar de un amor carnal a uno de construcción, confianza y mucho más romántico.

-¿Qué sucede cuando se vuelve al vínculo presencial luego de un largo período de distanciamiento?

-Cuando se empezó a abrir la cuarentena y algunas parejas se comenzaron a ver, se dieron que cuenta de que no respondían a ese imaginario, apareció la realidad. En la distancia hay otras cosas que se ponen en juego más allá del sexo: la paciencia, incorporar los tiempos, priorizar la comunicación verbal porque no aparece el gusto, el olfato, lo táctil.

En su evento Del cerebro a la vagina buscará explicar ese vínculo esencial que parte del órgano vinculado a la razón y tiene como estación de destino la genitalidad. "El cerebro es el mayor órgano sexual", sostiene la médica.

-Eso rompe con muchas creencias instaladas.

-El cerebro acciona desde cómo nos enamoramos y deseamos, cómo nos apegamos en un amor más profundo y duradero. Está asociado a cómo reacciona nuestro cuerpo y también a cómo nos desenamoramos. La vagina, la vulva, el pene, el erizo de la piel, también tienen mucho que ver con esta relación.

-En sexualidad, ¿quién manda: el cerebro o la vagina y el pene?

-El cerebro ciento por ciento. Eso hace que me plante dispuesta, contenta, feliz, en presencia, consciente.

-¿Qué potencia la presencialidad?

-Mucha gente está sola con su propio cuerpo en la cama, pero cuando uno mira a otro, ahí comienza la magia de estar de a dos. Cuando el cerebro se conecta con otro, la vagina responde en su relajación, en la lubricación, se elonga y dilata. La vulva produce turgencia, aumenta la dilatación de los vasos que incrementa la llegada de sangre, y esto mejora y facilita el orgasmo. Ahora, si el cerebro no está conectado, es muy difícil que el cuerpo responda.

-¿A qué te referís cuando hablás de conciencia?

-La conciencia avala un consenso. Habla de un deseo de estar, qué me gusta y qué no. Me permite poner el foco en lo que quiero que me hagan, puedo decirlo con la boca, con el gesto, con los movimientos. Y para saber qué le pasa a la otra persona, hay que estar presente y consciente, si no es como hacer el amor con uno mismo. Eso les sucede mucho a los hombres. Lamentablemente, la mujer, por una cuestión de mandato y de culpa por pasarla bien y gozar, muchas veces no puede mirar al otro como dador de goce, sino evaluando si está haciendo las cosas bien, si está cumpliendo.

-¿Aún hoy hay culpa por el goce?

-Hace muy poco que la mujer está aprendiendo a involucrarse con el placer, a decir que no y que sí, y el hombre no está acostumbrado. El consentimiento es un acuerdo de cada momento y reversible permanentemente.

El confinamiento en soledad también profundizó algunas prácticas estimuladas por el deseo, pero que no se sostienen con el vínculo con otros: "Fue muy bueno que se empezara a hablar desde la salud pública de temas como la masturbación, que para la mujer siempre fue un tema tabú. Para los hombres, en cambio, siempre ha sido como una competencia, una experiencia de pares, de aprendizaje. La familia celebra cuando al nene chiquito se le para el pitito, pero con las nenas sucede todo lo contrario", reflexiona la médica.

Entre uno de los hábitos de consumo erótico figura el cine condicionado que, para Salort, altera la percepción de la realidad: "La porno propone una educación muy cruda, estereotipada. Un varón mira una porno y siente que tiene su pene chico. Lo porno va en contra de lo lindo del encuentro y de lo real posible, es como un manual del usuario irreal".

-¿Se puede rescatar algo del consumo de pornografía?

-Sí, pero en la gente más grande que ya atravesó experiencias, que puede discernir que la porno no es la realidad. En ese caso, puede ser un aliado como lo es un juguete, una vela, una luz o un telo.

-¿El cine condicionado mantendría un plano de ficción no espejada en la realidad?

-El adulto puede discernir entre lo real y lo simbólico, pero los adolescentes es lo único que ven y no pueden entender esa diferencia con la vida concreta. Ven penes grandes en las películas, se frustran y no entienden que esas dimensiones no son buenas para generar goce y hasta pueden lastimar o producir dolor. En la porno no se enseña el uso del preservativo, se muestran multiorgasmos ficticios y se abundan en tríos que en la vida real no existen en esa magnitud. El adolescente cree que si no se hace lo que muestra la porno no sirve.

-¿Qué sucede con el desarrollo que tiene el sexo virtual a partir de las múltiples plataformas desde las que se puede mantener este tipo de prácticas?

-En el estudio que hicimos en el Hospital Italiano, menos del 9% de los consultados mantiene sexo virtual. Existe gente que no lo conoce, otros sienten vergüenza de mandar fotos o grabaciones, y muchos tienen miedo de lo que pueda pasar con esas imágenes que pasan a estar en la nube virtual cuando uno las envía o cuando mantiene una charla en vivo. Es importante pedirle al otro que cumpla alguna consigna para saber que se está hablando con quien uno piensa. Hay que pedirle que agarre un objeto o se toque la cara. Aumentaron mucho los casos de grooming, de abuso. Los chicos están mucho más en la computadora y los pederastas saben muy bien cómo embaucar a los niños y adolescentes.

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