¿Querés experimentar el infinito en tu vida?

Crédito: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM)
En nuestro octavo aniversario, este símbolo nos da la oportunidad de fundirnos con la energía del universo para crear nuestra realidad
María Eugenia Castagnino
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28 de abril de 2016  • 00:00

"¡Al infinito... y más allá!", dijo Buzz Lightyear, y se lanzó así, sin miedo ni especulaciones, al vacío, frente a la mirada atónita del resto de los juguetes, en la película Toy Story. Esa frase –que esconde tanta potencia detrás de algo que podría sonar infantil en un principio– fue una de las primeras en las que pensamos cuando nos juntamos a intercambiar ideas para nuestro número aniversario. ¿Por qué? Porque cumplimos 8 años. Y porque descubrimos que este número, además de su significado numerológico –ligado a la solidez, al poder y a las metas cumplidas–, escondía en su forma otro mensaje; nos dimos cuenta de que si lo "recostábamos", se convertía en una lemniscata, es decir, el símbolo con el que solemos representar el infinito. Y que si mirábamos este símbolo con atención, podíamos empezar a encontrar referencias directas de nuestras vidas y, asimismo, de la historia de esta revista.

Porque así dibujado, el infinito es –como la existencia– un camino zigzagueante. Es un fluir constante de subidas y bajadas, de encrucijadas, de encuentros. En estos ocho años, OHLALÁ! tuvo momentos más desafiantes, cuesta arriba, y otros en los que el envión facilitaba el camino y nos impulsaba a seguir, a crecer, a animarnos. Creímos en un rediseño constante, porque entendimos que para acompañarnos entre mujeres no sirve lo ya conocido o los clichés de las revistas femeninas, ni construir sobre seguro, sino que el ancho de conexión con esta comunidad evoluciona todo el tiempo.

Por eso el infinito. Porque es la posibilidad de este doble movimiento: el de pararnos seguras, orgullosas y confiadas en nuestro presente, lleno de logros y satisfacciones –no por nada somos la revista femenina líder del mercado–; y también es saber quiénes somos, reconocernos y entender quiénes queremos ser... y accionar hacia eso, topándonos con momentos de decisiones, con esa sensación de límite, con nuestras debilidades, y también con nuestros "no puedo".

Y en ese segundo movimiento, enfrentarnos al futuro, al porvenir. Al infinito. Con esa sensación de vértigo, con el misterio de no saber exactamente lo que se viene, pero confiadas en que lo vamos a ir cocreando juntas, estando atentas a las señales del universo, alimentándonos del encuentro con otras mujeres. Lo que viene es un misterio, puede ser, pero si estamos conectadas, siempre vamos a llegar más lejos y a buen puerto. Porque, en definitiva, somos eso: un abanico infinito de posibilidades. Solo hay que empezar a explorarlas.

Cocrear la realidad

La física cuántica es la ciencia que estudia los fenómenos desde el punto de vista de la totalidad de las posibilidades, y que de a poco está instalando un nuevo paradigma en la humanidad que busca que nos reconozcamos como seres capaces de crear nuestras propias realidades, que es lo que hacemos todo el tiempo, aunque inconscientemente.

La llave para la cocreación de la realidad es nuestra certeza interna, nuestra propia verdad, que viene de la capacidad de conectarnos con nuestro corazón. Vivimos en una sociedad que nos ha educado mucho (quizá demasiado) en un plano mental –y que muchas veces nos domina–. El desafío es poder conectar y alinear la mente con el corazón. O sea, que lo mental y lo emocional trabajen juntos. Porque hay muchas veces que la mente nos mete en una realidad de complicaciones, de cosas que tenemos que resolver, de pasar a la acción, y en realidad, al alinearse al corazón, vas a notar que todo se vuelve más simple. Más fluido. Y empiezan a darse las sincronicidades con la energía infinita del universo.

Volvé a mirar el símbolo del infinito y vas a descubrir esa fluidez de la que hablamos: es un ida y vuelta, es un circuito que va en ambas direcciones y que podría pensarse como una retroalimentación entre nosotras (nuestro plexo solar, nuestras elecciones propias) y el universo (lo que nos devuelve el exterior, que, a su vez, nos nutre para tomar nuevas decisiones). La buena noticia es que podemos trabajar en empoderarnos para creer que todo lo que queramos crear para nosotras es posible. Convencete: sos la única hacedora de tu realidad.

Crédito: Lucas Engel. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM)

¿Cómo experimentar el infinito en tu vida?

Desarticular todas las decisiones que tomamos: para empezar a entrenar cuánticamente, un buen ejercicio es empezar a tomar las decisiones con el corazón. Todo eso que hacemos en piloto automático, desarticularlo por completo. Probá de hacerlo un día que no tengas obligaciones, un domingo, por ejemplo. "¿Qué quiero hacer? ¿Me quiero levantar o me quiero quedar un rato más en la cama? ¿Me quiero lavar los dientes o no?". El poder de elección es la clave para poder empezar a fluir con el infinito, porque aquello con lo que decidas alinearte va a definir tu futura realidad.

Sostener nuestros deseos: para poder discernir si estamos haciendo algo para articular ese deseo o si simplemente estamos condicionándonos desde lo externo. Por ejemplo, si querés ser mamá pero cuando ves a una mujer embarazada sentís envidia, lo más probable es que esa emoción te "separe" energéticamente de esa situación en vez de acercarte. En cambio, si al ver una embarazada sostenés el deseo, podés leer ese encuentro como una señal de que cada vez estás más cerca de lo que querés. Según la física cuántica, un pulso de deseo es 60 veces más poderoso que cualquier pensamiento. Tampoco hay que quedarse en el plano mental del deseo, sino que hay que dar el paso hacia la acción. Vayamos a algo concreto: si querés un aumento de sueldo, hay que pedirlo y poner algunas fichas para que suceda. Tampoco dejemos que "el universo haga todo el trabajo", ¿no?

Identificar patrones de conducta repetitivos y desactivarlos: si volvemos al símbolo del infinito, también vas a notar que es un sinfín, algo que se repite en continuo. Y si lo trasladamos a nuestra vida, también en nuestra propia "matrix" solemos repetir patrones de conducta –algunos buenos, otros no tanto–, que a veces, de tan arraigados, cuesta soltar o desactivar ("Yo no soy creativa" o "yo soy sola" o "nada me sale bien"). Dos mecanismos para desactivar patrones viejos pueden ser: 1) usar la frase "esto ya no me pertenece" para cuando repetimos conductas del pasado que ya sentimos viejas o no alineadas con nosotras; 2) transmutar la energía a través de la risa. El "reírse a carcajadas" puede ser una buena barrera de defensa, que nos permite que no se instale la negatividad en nuestro campo de acción hasta tanto podamos reemplazar lo viejo por experiencias nuevas.

Positivizar el campo sociovibracional: nuestro campo de energía tiene unos 20 metros a nuestro alrededor. Y podemos "positivizarlo" o cargarlo con la negatividad del entorno. Los condicionamientos externos también nos negativizan: una mujer que cree que ya no podrá seguir escalando posiciones en su trabajo porque cumplió 35 años y todavía no le dieron ese ascenso se está "negativizando", quizá sin quererlo, en vez de positivizar y buscar dentro de ella la respuesta al "¿yo quiero ser jefa?", "¿es esa mi verdad o no?". Somos permeables a nuestros pensamientos y a nuestro entorno. Es como cuando tu corazón se contagia en un recital y sentís que esas personas están vibrando en la misma frecuencia que vos. O en el polo opuesto: en discusiones, la gente vibra parecido.

Pedir y recibir señales del universo: cuando algún aspecto de la vida se traba, confiá en que el universo puede enviarte señales. ¿En qué forma? Pueden ser miles. Dependerá, en gran medida, de aquello con lo que cada una se conecte. Hay personas que se conectan más con la naturaleza, por ejemplo. Otras, con la tecnología; entonces, quizá la señal llegue en forma de un mail en el momento justo. Cuando alineamos el pulsar de nuestra vida con el pulsar universal, también se dan las sincronicidades, esas "casualidades" que ocurren sin explicación. Algunos también lo llaman magia. Es creer o reventar, pero probalo y vas a ver que funciona.

Ejercicio para sostener el deseo

Trabajá con tu deseo en tres momentos del día. ¿Cómo?

1. Antes de dormir: armá un álbum de tu deseo para tenerlo listo antes de irte a la cama, con fotos, palabras, frases y todo lo que sientas que le pone energía a lo que deseás. Mirá el álbum a la noche antes de dormirte, soñá despierta, pero siempre en positivo y antes de las 23.

2. Al levantarte: en la ducha y mientras te estés lavando los dientes, poné toda tu atención en el deseo. Sumale todos los matices que quieras, experimentalo en tu mente y llenalo de emociones positivas.

3. Durante el día: cada vez que te conectes con tu deseo, porque viste una imagen, porque lo recordaste o alguien te habló de algo parecido, alineate positivamente. Positivizá tus pensamientos, tus emociones, de tal manera que nada negativo te aleje de tu deseo, y esperá internamente el momento mágico en que el universo infinito se manifieste para vos.

En FB: Experiencia Quantum; experiencia.quantum@gmail.com

Expertas consultadas: Lic. Inés Dates, Nuestra psicóloga. Giselle Pintado, Fundadora de Experiencia Quantum.

Producción de Cenizo & Fella

Maquilló Eugenia Fortuna y peinó Leandro Moreno para JC Agency. Agradecemos a Las Pepas, Talitha Ind, Sylvie Geronimi y Oleana su colaboración en esta nota.

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