Rap: esa rima santa

Un gospel áspero que se canta en ambos lados de la delgada línea entre Israel y Palestina
Un gospel áspero que se canta en ambos lados de la delgada línea entre Israel y Palestina
Nicolás Artusi
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8 de noviembre de 2015  

¿El rap puede lograr que llegue el Mesías? La pregunta resuena en la cabeza del pibe al que le enseñaron a odiar a su vecino y que encuentra en el ritmo machacante de las rimas, todo pum pum pum, una manera de asordinar el ruido de las bombas que le caen cerca. En el polvorín del planeta, el rap es cosa de vida o muerte. Y si pudo ser una expresión de furia callejera o un integrador social en el Bronx o en Fuerte Apache (nota mental: incorporar a mi playlist El rap de los monoblocks con fines antropológico-musicales), en la difusa frontera entre Israel y Palestina es testimonio de un conflicto eterno: "¿Cómo podemos coexistir si uno de los dos lados ni siquiera existe?", dice el rapero Tamer Nafar como réplica a la fundación Coexist que promueve el popstar bienintencionado Bono y la pregunta queda en el aire. Es uno de los (muchos) momentos incómodos de Holy Land, el documental de la revista Vice que conduce el inglesito Mike Skinner, el inspirado cronista social que estuvo al frente de la banda The Streets. En seis episodios colgados en YouTube, la tierra santa alumbra el fenómeno de época: un gospel áspero que se canta en ambos lados de la delgada línea roja.

El speech atolondrado del rapero típico dispara una metralleta de palabras por minuto, pero esta vez se queda mudo. Para algunas preguntas no hay respuestas. Con la actitud arrogante que ya es cliché en el ramo, Nafar es el líder de D.A.M., las siglas que reúnen a Da Arabian MCs, un trío de raperos palestinos que vive del lado israelí y que expresa su rabia en rimas de contenido explícito (político). Si es cierto que "el hip hop es un fenómeno cultural globalizado que trasciende las razas", según la definición del superproductor Russell Simmons, en Medio Oriente toma la forma de una intifada musical. Junto a su hermano Suhell y su amigo Mahmoud Jreri, Nafar lleva quince años como vocero de una juventud sin fe en el futuro y opone poesía callejera a la desesperanza endémica: en una imprecisa traducción, además de unas siglas, dam es una palabra que significa sangre en hebreo y eternidad en árabe.

"Un martillo puede usarse para construir o para destruir", opina Ohad Cohen (se me ocurre que lo mismo podría decirse de un micrófono). Del otro lado de la grieta era un adolescente judío no religioso que encontró su voz propia en el hip hop. Pero al crecer abrazó la fe ultraortodoxa y ahora, fiel observante de los códigos estrictos de la religión, usa sus canciones para esparcir su mensaje (su máximo hit es Ahmadineyad, intitulado como paródico homenaje al ex presidente iraní y su obstinada negación del Holocausto). Mientras recorre las calles de Tel Aviv, Cohen admite que el arte puede acercar a los que piensan distinto, acepta que el conflicto trasciende el maniqueísmo binario y reconoce las cicatrices de un odio ancestral que modela la vida moderna. Aun reprimido por los rabinos más tradicionales, conserva la ilusión de ser una estrella (de seis puntas).

"La lengua es más mortífera que la pluma y la espada": eso piensan el intenso Ben Blackwell, el músico judío negro que se rebela ante las convenciones raciales, y el narcisista Saz, que se presenta como el primer sex symbol palestino. Reflexivo y cálido, ya más asentado de los berrinches juveniles, Mike Skinner camina con ellos en la fascinante Holy Land, la serie que ayuda a entender la geopolítica del arte popular. Fuera de foco se ven edificios bombardeados y desiertos cegadores, retazos de una tierra maldita donde los músicos son reporteros de guerra porque el rap, como dijo Chuck D, el capo de los Public Enemy, "es la CNN de los pibes de la calle".

CINCO RAPEROS EN LA FRONTERA MÁS CALIENTE

D.A.M.

Un colectivo de raperos árabes que reconoce como máxima influencia el flow del finado Tupac Shakur y que hace rima con las cuestiones políticas de una zona caliente.

Ohad Cohen

A los 30 años es el autor de un hit panregional contra un ex presidente iraní: con espesa barba pelirroja y tzitzit, los flecos con cuerdas y nudos, es judío ultraortodoxo.

Palestinian Rapperz

Desde el corazón de la Franja de Gaza, cantan sobre los conflictos juveniles cotidianos y las duras condiciones de vida de los territorios ocupados.

Ben Blackwell

Nacido como Behn-Shakhar Ben-Israel en la pequeña ciudad de Arad, es negro y judío: artista precoz desde los 7 años, sus rimas abordan los prejuicios raciales.

Saz

Una celebridad palestina que domina las calles de Ramla, la capital del distrito central de Israel: sobre el escenario usa hiyab, el manto árabe, y las fans se vuelven locas.

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