Recuperar el horizonte

Comienza el año de trabajo, de estudio y de proyectos. Para muchos es tiempo de crisis. Qué puede aportar el mentoring para aliviar la angustia y fijar objetivos
Sabrina Cuculiansky
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2 de marzo de 2014  

La vuelta de las vacaciones es un momento crucial para los individuos y las familias. Los hijos están ansiosos por los nuevos compañeros que van a tener o por cómo será la docente del nuevo año; la madre está preocupada por comprar los útiles y ocuparse de todo lo que tiene que ver con la estructura de la escolaridad. Pero puede suceder, además, que el padre o la madre vuelvan con una crisis con la que empezar el año les resulte muy pesado.

Muchos ven el comienzo como un iceberg. "Marzo es como el lunes, cuando empieza la semana. Hasta ahora la pasamos bárbaro, pero el lunes llegan las obligaciones", explica el profesor Ernesto Beibe, de Mentoring empresario, mentor de empresas a nivel internacional, consultor y estratega.

Los mentores se dedican a acompañar a una persona en segmentos de la vida en que se pierde el horizonte laboral. Si la empresa es familiar, un mentor media en los conflictos entre hermanos, padres e hijos hasta que se gesta una nueva empresa o hasta que la antigua –reciclada– funciona bien.

Según el especialista, en la entrada del año es cuando necesitamos pensar en un proyecto. Lo más representativo sobre las consultas a la vuelta de las vacaciones se relaciona con el sentimiento de soledad. "Hay gente que puede estar sola y no sentirse sola, hay gente que puede estar acompañada y sentirse sola, y hay gente que realmente siente que su vida no vale, porque no tiene a alguien que pueda escucharla", dice Beibe.

Es esa falta de bienestar personal la que se relaciona con la carencia de un proyecto, con la sensación de estar vacío de contenido. "El proyecto es el motor de la vida. Tiene que ver con el entusiasmo y se vincula con la emoción, una palabra que viene de motor, de motion", explica Beibe, cuya experiencia con niños de la calle y discapacitados, y como creador de proyectos en el campo de la educación y pedagogía (trabajó en el Departamento de Educación Creativa de ORT), lo llevaron a tener un enfoque multidisciplinario respecto del abordaje y la solución de la problemática de las empresas familiares.

"Podemos cambiar conductas en tiempos muy veloces. Al modificar la conducta de un miembro de una familia se altera el sistema familiar, las relaciones con amigos, con colegas y con el mundo."

La edad en la que aparecen estas problemáticas es generalmente entre los 45 y 55 años, cuando según el especialista se exacerba esta crisis de proyecto no sólo laboral, sino individual.

"Un arquitecto puede tener un estudio que funciona muy bien, pero su proyecto terminó y se empieza a deprimir. En esta etapa de la vida, además, se da el mayor índice de separaciones, tanto de hombres como de mujeres."

Es el momento en que surge la búsqueda hacia una identidad a la que Beibe llama identidad soñada. Plantea que el problema es que estas personas no saben que la tienen que buscar, y es entonces cuando se deprimen. La mayoría de los que consultan a un mentor son exitosos en sus trabajos, pero se sienten angustiados.

El genograma

Esteban Riverte era un exitoso empleado de una gran empresa, pero su identidad soñada era la de ocuparse del campo. El empresario José Mastías tenía una importante empresa de tecnología, pero descubrió que quería ser constructor. Las historias sobran...

¿Por qué está tan presente lo familiar en el mentoring? "Siempre el consultante es hijo de alguien o el padre de alguien. Cada familia viene con creencias y valores dados. Por eso esa identidad soñada no surge por generación espontánea. Si la persona logra superar a sus padres será clave para que pueda encontrar su propio camino. Es decir, que pueda correrse del mandato de su padres, abuelos y bisabuelos", dice.

Hay una herramienta de diagnóstico y pesquisa para entender las crisis con las que nos enfrentamos. Muestra dónde están los conflictos y ayuda a entender por qué cargamos con el legado de nuestros ancestros. Ese instrumento es el genograma, una especie de árbol genealógico que puede llegar hasta la cuarta generación.

No tiene que ver con fechas de nacimiento y muerte, sino que resulta ser un mapa de las relaciones transgeneracionales e intergeneracionales. "En este diagnóstico aparecen hermanos que estafaron a otros hermanos tres generaciones anteriores, o se pueden detectar suicidios que el consultante no conocía, así como amores, odios y demás identificaciones", explica el mentor, y aclara que lo importante de esta herramienta es poner al descubierto y revelar los secretos familiares que actúan como tumores y que pueden llegar a hacer metástasis en cualquier momento y edad de la vida de la persona que consulta.

En el caso de Riverte, el genograma demostró que tres generaciones atrás su familia vivía felizmente de la agronomía y que la vida de ellos cambió cuando tuvieron que meterse en galpones industriales sin contacto con el sol. "Inconscientemente él buscó volver al gozo de ese tipo de vida; entonces su identidad soñada pudo definirse en hacer la carrera de ingeniero agrónomo o criar patos."

Este mapa de la crisis se arma en un máximo de dos horas y ofrece un diagnóstico que marca en dónde está la persona y qué necesita. "Es un método muy dramático porque es rápido y conmueve porque relata el drama de tu familia, que desconocés conscientemente, pero conocés inconscientemente."

Aunque lo parezca, de magia no tiene nada. El mentor no inventa ni predice, sino que simplemente analiza lo que el cliente le cuenta y lo transforma en un gráfico. "Una foto que llega hasta la tercera o cuarta generación."

Cuando el mapa de las relaciones ya está armado, es el momento de caminar el territorio y arreglar las cosas. "Luego de conocerse y conocer sus orígenes se puede seguir con el mentor o elegir un amigo con quien conversar, un psicólogo para tratarse, un psiquiatra, un filósofo o un maestro. No importa quién, lo que importa es que tenga un oído para que escuche."

El trabajo del mentor parte de pautas educacionales, pedagógicas, y es a la vez terapéutico. Para ello utiliza técnicas multidisciplinarias que llevan hasta la comprensión de las razones de una enfermedad o de la repetición en distintas generaciones de un mismo hecho patológico.

Dentro del mentoring cada uno ocupa distintos lugares: está el mentor de un banco cuya función es ejecutar las políticas de la compañía; otros que trabajan con presidentes en la línea política, y otros que se dedican a buscar el buen vivir de la persona y las buenas relaciones familiares. En esa línea el lema de Beibe dice: Es mejor desarmar una empresa que perder una familia.

El enfoque es diferente del couching. "La pregunta del couch a su cliente es qué querés ser de aquí a cinco años, y lo acompaña para lograr esa meta. El mentor va a decir, por el contrario, quién sabe si vas a poder estar en ese lugar dentro de cinco años." A partir de eso trabaja sobre una realidad en la que inciden la familia, el entorno y la salud del consultante.

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