Refundar el Sur

La Corporación Buenos Aires Sur, creada por el gobierno porteño, tiene por misión devolverle a esta zona de la ciudad su antiguo esplendor. Para lograrlo, ya realizó obras destinadas a estimular inversiones. Pero para avivar el interés de los vecinos, realizó una muestra de fotografías históricas, reunidas ahora en un libro tomo y obligo Parroquianos y empleados de una pizzería en La Boca. La imagen fue publicada originalmente por la revista Caras y Caretas en 1934, y hoy pertenece al Archivo General de la Nación
Marina Gambier
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16 de diciembre de 2001  

Empujadas por la corriente de su propia historia, las ciudades suelen extenderse a lo largo y a lo ancho formando rarísimas figuras, a veces a contrapelo del paisaje. Mientras unas rellenan la costa para ganarle espacio al mar, otras se levantan como si nada sobre bancos de arena, o trepan las colinas para estirar los márgenes de sus suburbios, tratando de aprovechar la potencia de la geografía que, en cierto modo, refleja el espíritu de la gente que la habita.

Buenos Aires no escapa a esa dinámica de las grandes metrópolis. Creció sobre la falda de una barranca desierta junto al Río de la Plata, soportó las inclemencias del viento sur y la fiereza de sus indios, y progresó vertiginosamente a instancias del puerto, al que con el tiempo rodeó en forma de abanico. Según algunos historiadores, aquel asentamiento de casitas polvorientas mantuvo su precario equilibrio hasta 1870, cuando la fiebre amarilla castigó la orilla sur y obligó a las familias tradicionales a dejar sus fincas para mudarse al norte de la Plaza de Mayo, luego al denominado Barrio Norte, cediendo esos lotes abandonados para que, subdivididos, sirvieran de alojamiento a los primeros inmigrantes. Ese azaroso episodio comenzó por fragmentar la apacible uniformidad del territorio porteño, trazando en adelante una línea invisible, pero que para muchos sigue dividiendo a la Capital en dos áreas absolutamente disímiles en lo que se refiere a urbanismo, economía y calidad de vida.

Versiones fundamentadas, como la del escritor James Scobie, sostienen la hipótesis de un duelo entre el “bando del sur” integrado por los industriales apoyados por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, y el “bando nortista”, con sectores comerciales y financieros vinculados con los capitales extranjeros y los intereses del gobierno nacional.

Lo cierto es que esa enorme superficie (unas 7000 hectáreas) comprendida entre las avenidas Independencia hasta la General Paz, y el recorrido del Riachuelo, también fue un emblema del progreso nacional. Aunque parte de su paisaje haya quedado reducido a un circuito turístico que fascina a japoneses y alemanes, donde el marketing de lo pintoresco corre un velo sobre la carencias más notables, hubo cientos de fábricas que complementaron desde allí el paradigma del granero del mundo, rodeadas del encanto de los parques y las plazas, de las casonas con zaguán y aljibe.

Por esa razón, uno de los principales objetivos de este libro de fotografías que acaba de editarse, Buenos Aires al sur 1864-1954, es destacar esa realidad histórica. La publicación reúne espléndidas imágenes de la zona que fueron exhibidas durante marzo, en los salones restaurados de la Casona de los Olivera –parque Avellaneda–, en el marco de un ambicioso proyecto: refundar el Sur mediante un programa de inversión pública y privada. El desafío, a cargo de la Corporación Buenos Aires Sur –una sociedad del Estado fundada hace un año por el Gobierno de la Ciudad–, supone despertar el interés de los vecinos no desde la mirada nostálgica, sino desde un punto de vista constructivo, capaz de imaginar un destino mejor para el Sur. Revertir la percepción que se tiene de ese olvidado rincón de la ciudad no sería posible sin el valioso aporte del patrimonio fotográfico, que como destaca Luis Príamo –curador y encargado de buscar en los archivos este riquísimo material– llegó a nuestros días gracias a lo que los mismos porteños supieron conservar de su pasado.

Testimonios de una riqueza olvidada

Esas imágenes de antaño dan cuenta de un paisaje descampado, con distancias imposibles, ríos de aguas menos turbias, y vidas llenas de sueños y dificultades. Lejos de constituir un relato deprimente o nostálgico, las fotografías de este libro brindan un panorama del potencial postergado y hoy susceptible de recuperarse.

El material seleccionado se dividió en dos períodos: el primero incluye once fotografías del siglo XIX ampliadas gracias a la tecnología digital; y otras 57 de soporte plástico que ilustran la primera mitad del siglo XX, agrupadas en series o capítulos con imágenes unidas por un tema o aspecto de cada zona relevada, por ejemplo, Puentes del Riachuelo, Los nuevos Mataderos o Postales del barrio. Las más antiguas no ilustran temas de la época, sino escenas cotidianas: plazas y mercados, algunos suburbios considerados exóticos (mataderos, estaqueaderos, puentes del Riachuelo y rostros de inmigrantes de La Boca). También, la costa del río y los muelles, los paseos y edificios históricos. Hacia comienzos del siglo XX, gracias a los adelantos de la era industrial, la cámara se convirtió en el medio clave para testimoniar la modernización de una Buenos Aires cada vez más grande y cosmopolita, decadente y hermosa al mismo tiempo. El interés periodístico registró desde entonces todos los acontecimientos del progreso, y como consecuencia, emergen las sombras y las luces de una sociedad que, ante todo, quiere crecer.

Una empresa ciudadana

La Corporación Buenos Aires Sur es un proyecto del Gobierno de la Ciudad para poner en marcha el desarrollo de la zona sur, sobre todo para compensar las desigualdades que se dan dentro de ese enorme territorio donde hoy vive casi el tercio de la población.

El experimento tiene antecedentes en ciudades europeas donde se puso en práctica la gestión conjunta del Estado y los particulares para rescatar el patrimonio urbano. A fines del año 2000, la ley 470 promulgada por la Legislatura porteña puso en funcionamiento una versión de esta institución, cuyo cometido es mejorar la calidad de vida de los vecinos y promover un desarrollo más homogéneo de toda la ciudad. Tiene la estructura de una empresa cuyo único accionista es la ciudad de Buenos Aires, que financia sus proyectos recibiendo en fideicomiso bienes ubicados dentro de los límites de la Capital, fruto de expropiaciones, donaciones o acciones judiciales. Esta figura legal le permite actuar como agencia para promover inversiones: buscar la asignación de partidas públicas y también conseguir capitales privados para que se radiquen en el lugar. Algunos proyectos ya están en obra, como el Teatro del Tambo, una sala con auditorio de verano que se construirá donde funcionó la antigua cremería de la chacra Olivera, en el parque Avellaneda, y el centro de diseño en el predio del viejo Mercado del Pescado, en Barracas.

Tras décadas de parálisis, el sueño de una ciudad más homogénea hoy parece volver a formularse.

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