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Bienestar

Renunció al mandato familiar y se abrió camino gracias a su capacidad como comunicador

Jimena Barrionuevo
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18 de septiembre de 2018  • 09:44

Había llegado a la tercera década de su vida. Y transitado todos los escalones que en algún momento había soñado que lo conducirían hacia el éxito: era gerente en la empresa de Relaciones Públicas de su padre, Nardelli & Asociados; estaba en pareja, tenía su propio departamento y también un auto. En el plano laboral, sus estudios de Comunicación Social lo habían llevado a trabajar y aprender en los medios más prestigiosos del país. Pero Matías no era feliz. "A los 31 sentía que estaba haciendo lo correcto y típico que toda persona de 30 años debería estar haciendo y viviendo, sentía que una parte de mi tenía una lista e iba en piloto automático haciendo lo que se debía hacer. Eso me frustraba y al mismo tiempo sentía mucho miedo de verme haciendo lo que mi corazón me mostraba, ¡lo que intuía!".

Por ese entonces, asesoraba en comunicación a Gol Líneas Aéreas y, cada vez que viajaba a Brasil por trabajo, sentía que ese era su lugar en el mundo y que debía darse la oportunidad de crear algo propio, original y verdadero en su vida. Claro que todas esas sensaciones le traían mucha angustia e infelicidad.

Pero la curiosidad y las ganas de superación pudieron más. En un mar de miedos e inseguridades, Matías dio el gran salto y se pidió cuatro meses de licencia para viajar. En paralelo, decidió que también era momento de ponerle fin a una relación que ya no lo hacía feliz. Su nuevo destino, acompañado por una pequeña mochila llena de esperanzas, fue China. "Anduve por el sudeste asiático, sentí lo simple que era la vida y me di cuenta que era yo quien la complicaba". Algo en su interior se estaba transformando.

Cuando regresó a la Argentina renunció a la empresa de su papá, puso en alquiler su departamento y vendió sus pertenencias para poder reunir un poco de dinero. Su padre no lo entendió pero a pesar de la decepción que le generó, esta vez Matías siguió su instinto y se fue a probar suerte al nordeste de Brasil. "Me fui sin conocer a nadie, solo y sin trabajo. Al mes ya estaba trabajando en marketing para un hotel y unos meses después me contrató el Ritz lagoa da Anta, el mejor hotel de la ciudad. Estuve varios años en Maceió, la capital del estado de Alagoas, viviendo lo que para mí era un sueño. Después de años de trabajar en microcentro ahora podía darme el lujo de trabajar sin saco y corbata, vivir frente al mar y ¡dormir siesta!".

Canal de comunicación

Pero nuevamente Matías comenzó a sentir en su interior un vacío que no lo dejaba disfrutar de lo que había logrado en tan poco tiempo. "Sabía que debía colocar mis energías en mi propósito, que era social". Desde chico había tenido un don particular para escuchar y ayudar a las personas a través de la palabra. "Soy Niño índigo , de las primeras generaciones, y una persona altamente sensible. Mi intuición siempre estuvo muy desarrollada y nunca cerré esa puerta, por lo que conseguía ver la verdad y la mentira; leía a las personas y sabía lo que ni ellas entendían de sus vidas, tenía enorme facilidad para entender a los demás; todo eso se fue agudizando con el paso de los años. Al mismo tiempo siempre me gustó hablar (a los 16 años ya tenía un programa de radio en el colegio), siempre me sentí cómodo hablando y sobre todo preguntando. Soy curioso por naturaleza, y no tardé en darme cuenta que había nacido para ser terapeuta".

La infancia de Matías no había sido fácil. Su alta sensibilidad lo llevaba a estar en estado de alerta permanente. Sus padres no habían advertido que algo diferente le ocurría. "No tenía con quien conversar sobre mi sensibilidad y cómo veía y sentía el mundo. Por eso sufrí tanto. En la época en que era chico no se hablaba de todos estos temas de espiritualidad y no había mucha información. Solamente cuando fui adulto empecé a estudiar sobre el tema y me reconocí como índigo". Además, una experiencia en su adolesencia lo había marcado profundamente. "Estaba yendo al cumpleaños de una amigo. Recuerdo patente que le dije a mi hermana que me dejara a dos cuadras. Comencé a caminar y tenía que cruzar por debajo de un puente donde pasaba un tren. De pronto vi un hombre que iba a saltar desde ese puente con un nene en los brazos. Así que sin pensarlo corrí y lo convencí para que no lo hiciera. Llegué temblando a la casa de mi amigo. Les conté lo que había pasado y no supe explicar porqué me había bajado antes del auto. Muchos años después entendí que fue mi intuición y también comprendí que nunca tenía que dudar de ella, y que iba a usarla para ayudar a las personas".

Entonces decidió estudiar Reiki, luego comenzó un proyecto solidario y después se animó a perfeccionarse. Abrió un centro en Maceió donde se ofrecen clases de yoga, masajes, reflexología, reiki y meditación sonora, entre otros. "Hoy estoy haciendo lo que sabía que era mi camino. Mi crecimiento interior fue intenso y aún lo sigue siendo. Trabajo mucho interiormente en este camino de auto-conocimiento. Entendí en los últimos años que conocernos es la tarea más importante y desafiante que traemos a este mundo, y que la única salida del sufrimiento es entender nuestra historia y poder a partir de ello hacerlo diferente. Estamos condicionados por creencias y programas inconscientes y al conocernos profundamente nos vamos desprogramando y volviendo a nuestra esencia, nuestra verdad de quienes somos y qué vinimos a hacer".

La voz del especialista

Mercedes Korin es Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social con orientación en Planificación por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Sociología de la Cultura de IDAES-UNSAM y consultora en procesos de toma de decisión y cambio a nivel laboral desde Modo Delta. En este audio habla acerca del mandato familiar como impulsor de la carrera que los adolescentes quieren seguir en el momento en que finalizan la educación secundaria. Pero también reflexiona sobre el mandato como el lugar cómodo y seguro que algunos se proponen romper para abrirse hacia la vocación.

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