Respiro. Cuál es el impacto positivo de la pandemia en el medio ambiente

En Llandudno, al norte de Gales, las cabras coparon la ciudad, aprovechando la ausencia de humanos.
En Llandudno, al norte de Gales, las cabras coparon la ciudad, aprovechando la ausencia de humanos.
Ayelén Di Leva
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4 de mayo de 2020  • 21:38

La disminución de la actividad humana provocó un alivio momentáneo en el ecosistema. El aislamiento obligatorio que atravesaron muchos países logró que bajaran los niveles de concentración de dióxido de nitrógeno (producido principalmente por los vehículos y las centrales termoeléctricas) y nos encontramos con un aire más puro y un cielo más celeste, con menos contaminación. Por otro lado, como si fuera una postal de la naturaleza queriendo recuperar parte de su espacio perdido, aparecieron imágenes de animales paseando por las calles deshabitadas de las ciudades del mundo en busca de comida y aprovechando la ausencia de las personas. ¿Les estamos robando su espacio?¿Somos nosotros el problema? ¿Qué podemos hacer para sanar a la Tierra? La cuarentena nos evidenció una realidad que muestra que con acciones muy pequeñas podemos hacer grandes cambios en el medioambiente. Nos obligó a apagar los motores, a corrernos por un tiempo, y le regaló un respiro al planeta.

Cielo más celeste, aire más limpio

Con el cierre de fábricas, los aeropuertos vacíos y los autos sin encender, las emisiones de dióxido de nitrógeno y otros contaminantes bajaron notoriamente en China (25% menos durante febrero, en comparación con el mismo periodo del año pasado). Gracias a la menor cantidad de gases nocivos, el cielo se mostró despejado y más celeste, respirando. Sin embargo, los científicos de la NASA advierten que esto no quiere decir que el aire es puro. A pesar de lo alentador de los datos, existen otras fuentes de emisión, como la producción de energía y las vinculadas a la vivienda, que no disminuyen cuando más personas se quedan en casa.

Bajaron las emisiones de contaminantes y, En China, el cielo volvió a ser celeste.
Bajaron las emisiones de contaminantes y, En China, el cielo volvió a ser celeste.

Sin embargo, la tranquilidad también se evidenció en lugares turísticos, como Venecia. La ausencia de botes en los canales mantiene los sedimentos en el fondo y evita que el tono verdoso se vea en la superficie. Entonces, el agua luce mucho más clara, está libre de movimiento ondulatorio y pudimos ver cómo peces y aves paseaban tranquilos gracias a la falta de turistas y de tráfico de góndolas. El aire, por su lado, también está más limpio porque se apagaron los motores de los vehículos que circulaban a diario por la ciudad. Aunque el impacto sea solo temporal, está en nuestras manos hacer que esto sea el comienzo del cambio para lograr un equilibrio.

Nosotros, encerrados; los animales, libres

Los diversos ruidos que los humanos solemos generar continuamente son un duro golpe para los animales: altera su comportamiento y les genera mucho estés. Durante el aislamiento, estos niveles de contaminación sonora bajaron y los pájaros, por ejemplo, encontraron libertad para volver a cantar. Los patos pudieron nadar con total tranquilidad por los ríos del mundo, las cabras coparon las ciudades y, en Barcelona, los jabalíes se adueñaron de las calles.

Cisnes y patos volvieron a nadar en el Sena y algunos tomaron las calles de París.
Cisnes y patos volvieron a nadar en el Sena y algunos tomaron las calles de París.

En los últimos años estamos viviendo una pérdida de biodiversidad sin precedentes. Según el último informe Índice Planeta Vivo, de la organización WWF, el planeta ha perdido un promedio del 60% de las poblaciones de vertebrados en poco más de 40 años. Los científicos de todo el mundo son conscientes de que, entre las causas de la propagación de las enfermedades infecciosas emergentes, hay factores como la pérdida de hábitat, la creación de entornos artificiales, la manipulación y el comercio de animales salvajes y, en general, la destrucción de la biodiversidad. Por esta razón, y en este contexto, no resultan extrañas las imágenes de animales en las calles deshabitadas de las ciudades en busca de comida. Están ocupando lugares que creían perdidos.

En Lopburi, Tailandia, la falta de turistas hizo que cientos de monos hambrientos salieran a buscar comida
En Lopburi, Tailandia, la falta de turistas hizo que cientos de monos hambrientos salieran a buscar comida

Ojo, no todo es color de rosa. Muchos animales suelen alimentarse de los desechos que provocan los humanos o mismo esperan a que alguien les dé comida. Esta ausencia se evidenció en lugares como Lopburi, que vio sus calles sin turistas e invadidas por cientos de monos hambrientos que dejaron su refugio en busca de alimentos.

Crisis ambiental = crisis sanitaria

Según la Organización Mundial de la Salud, la crisis climática es una crisis de salud. A través de cifras preocupantes, reveló que la contaminación del aire mata a aproximadamente 7 millones de personas cada año, mientras que el cambio climático provoca desastres naturales, agrava la desnutrición y alimenta la propagación de enfermedades infecciosas.

El calentamiento global es un factor que desempeña un doble papel en los procesos relacionados con nuevas enfermedades: tiene un impacto directo por los daños que causa a la salud y amplifica las amenazas que afectan a la biodiversidad, favoreciendo la expansión de virus y bacterias. El covid-19 ha mostrado que estamos frente a una crisis de la salud del planeta y de pérdida de la biodiversidad.

En Venecia, el agua luce mucho más clara, está libre de movimiento ondulatorio y se pueden ver peces y aves.
En Venecia, el agua luce mucho más clara, está libre de movimiento ondulatorio y se pueden ver peces y aves.

¿Qué podemos aprender?

Entendimos que es necesario restaurar los hábitats más degradados, incrementando la superficie de las áreas protegidas con una gestión sostenible de los recursos hasta llegar a cubrir la mitad del planeta. Es imprescindible evitar una subida de temperatura global superior a 1,5 °C y, para eso, hay que acelerar la transición energética hacia una economía descarbonizada, con una energía 100% renovable, así como también un transporte y una alimentación sostenibles.

El impacto positivo más importante que nos dejará todo esto es el que recae sobre nosotros mismos, entendiendo que este escenario es un reflejo de que no estamos haciendo las cosas bien. Esta pandemia dejará consecuencias impactantes y generará una toma de conciencia a nivel mundial que deberemos sostener a largo plazo. Cuando recuperemos nuestro día a día, cuando la economía se reactive y los aviones vuelvan a volar, ¿queremos tener el mismo mundo? Es momento de replantearnos qué hábitos debemos modificar, cómo podemos ayudar a concientizar, qué acciones hay que tomar y qué futuro queremos. Estamos frente a la oportunidad de comprender la importancia de cuidar a la naturaleza, de proteger a las especies en extinción y dar una batalla real contra un enemigo grande: el cambio climático..

Aislamiento humano, mejor calidad del aire

  • Greenpeace Argentina realizó un monitoreo desde el 18 de marzo hasta el 2 de abril y evidenció una disminución notoria en la concentración de gases que producen efecto invernadero: dióxido de carbono (CO2), dióxido de nitrógeno (NO2) y dióxido de azufre (SO2).
  • La Ciudad de Buenos Aires analizó la calidad del aire del 20 al 25 de marzo y determinó que mejoró un 50% con relación al mismo período de 2019: 0,5 ppm fue el valor promedio de concentración del monóxido de carbono (la línea guía de la OMS indica 1 ppm) y el dióxido de nitrógeno arrojó 35 ppm (su valor guía es de 106 ppm).
  • Deberíamos reducir las emisiones mundiales de dióxido de carbono en un 45% antes de 2030 para evitar que el calentamiento global supere los 2 grados, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Experta consultada: María Carolina Ulla. Directora de la Lic. en Ambiente y Energías Renovables de Universidad Siglo 21, abogada y magíster en Derecho Ambiental.

Fotos de Getty y AFP.

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