Retrato de una obsesión

Por carácter y personalidad se convirtió en uno de los líderes indiscutidos del seleccionado argentino, que debuta en un mes en el Mundial de Brasil. Autocrítico al extremo y de perfil bajísimo, manías y convicciones de un bicho raro del fútbol
Emilse Pizarro
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18 de mayo de 2014  

Fuente: LA NACION - Crédito: Lucas Kirby

No había un minuto que perder: salía del colegio corriendo y le daba las carpetas a un compañero –y vecino– para que se las llevara a su casa. Él tenía que tomar dos colectivos para ir de San Lorenzo (Santa Fe) al predio del club Renato Cesarini, que estaba en medio de la ruta. El viaje duraba una hora y 45 minutos y dos sándwiches que le preparaba Chiche, su mamá. Era 1999, tenía 13 años.

Ahora, sentado en un sillón de hotel, Javier Mascherano, que cumplirá 30 el 8 de junio próximo, sólo tiene dos cosas: un celular y una cajita verde del tamaño de un alfajor.

"Viajaba tres veces por semana, hasta que vi que era imposible y decidimos que lo mejor era ir a vivir a la pensión", dice, en un descanso de la grabación del comercial que hizo para Rexona.

Tenías 13 años, ¿no extrañabas tu cama?

Yo tenía el objetivo muy claro: jugar al fútbol. [Terminar el colegio.] Lo hice por respeto a mis padres, pero mi objetivo era ser futbolista. No me costó hacer, si se puede llamarlos así, sacrificios. Y sí, muchas veces mis amigos se iban a bailar y yo me quedaba en mi casa.

¿Es cierto que jugando en las inferiores de River no volvías a San Lorenzo para no salir los fines de semana?

Sí, porque después tenía que volver y era un tema. Muchas veces decidí priorizar lo que iba a ser mi carrera.

¿Ningún amigo te recriminó?

Mirá, hoy sigo contando con la misma barra de amigos de hace 15 años, y han pasado muchísimas cosas. Todos me dicen que valió la pena, pero que también en la vida hay otras cosas, que no es solamente el fútbol. Yo por esto he dejado mucho de lado y dejé de compartir muchísimas cosas con mis seres queridos. Lamentablemente una cosa no iba de la mano de la otra y cuando tuve que priorizar, prioricé mi carrera.

Te tomaste el fútbol en serio desde muy temprano, ¿Sentiste que no estuvo tan bueno ser tan serio desde los… 9 años?

Muchas veces; hoy en día lo siento. Soy muy responsable con lo que hago y cuando las cosas no salen como quiero, me lo reprocho, más allá de haberlo hecho como había que hacerlo. Por un lado está bien, pero por otro no, porque muchas veces me clavo puñales solo. Me equivoco y salgo a reconocerlo.

Eso fue lo que hizo, por ejemplo, después del gol de Perú a la Argentina en las Eliminatorias 2010, en cancha de River –su error fue olvidado porque esa noche Martín Palermo hizo el 2-1 faltando un minuto, bajo un diluvio que fue tapa de diarios–. Otro mea culpa en público fue en 2012, cuando Chelsea eliminó a Barcelona de la Champions League. El Jefecito falló en interceptar a Lampard y de ahí vino un gol.

¿Jamás vas a intentar ser un poco más flexible?

Es más fuerte que yo. Hay momentos en los que tendría que serlo y no tomarme todo a la tremenda, pero no me sale. He construido mi vida a base de esto y es muy difícil querer cambiar después de tantos años. Es un tema que quizá tenga que resolver, porque muchas veces roza el límite de no disfrutar nada de lo que hago. Lo hablé con gente que me quiere y me dice que no me exija más de lo que exijo a otros. Es algo para terapia.

¿Hacés?

No, pero creo que nunca es tarde para cambiar en algunos aspectos; habrá que ver si lo logro.

Cuando jugabas en Inglaterra contaste que con [Emiliano] Insúa se miraban desde las ventanas de sus departamentos. ¿Morías de aburrimiento?

Fue duro porque las costumbres son totalmente distintas a las nuestras. En Inglaterra al jugador de fútbol se lo respeta muchísimo, te hacen sentir muy cómodo y los clubes te brindan todas las posibilidades. Pero llueve diez meses al año, y en invierno, a las 3 de la tarde ya es de noche. Era un contraste bastante complicado para mí, porque en un club como Liverpool, que me dio todo, llegaba a casa y me encontraba en esa soledad de no tener una vida social. Era fútbol y mi casa con mi familia [hace 13 años que está en pareja con Fernanda –es de la ciudad de San Lorenzo, como él– y tienen dos hijas: Alma y Lola].

¿Pensabas en Alem, tu calle de San Lorenzo?

Pensaba en que yo estaba en invierno en casa y mis amigos estaban en la pileta. Pero es así, para conseguir lo que uno quiere en la vida tiene que dejar muchas cosas de lado. Y el fútbol me lo dio todo.

Mascherano es la cara de la campaña Prometé menos, hace más, de Rexona, que invita a los hinchas argentinos a mostrar qué harían por la selección, subiendo los videos de las promesas cumplidas a las redes sociales
Mascherano es la cara de la campaña Prometé menos, hace más, de Rexona, que invita a los hinchas argentinos a mostrar qué harían por la selección, subiendo los videos de las promesas cumplidas a las redes sociales Fuente: LA NACION

Pero la pileta con amigos…

Hace rato que quedó atrás. Sueño con algún día volver y tener el tiempo de disfrutar cosas que no pude. Aunque nunca se sabe, porque quizá los que querés que estén no van a estar, porque así es la vida.

Pero vos tomaste la decisión de vivirla así.

Exactamente. Y no hay ni un segundo ni un centímetro de arrepentimiento.

Tampoco un indicio de que juegue en Europa. Hace casi ocho años que vive ahí. Jamás se lo vio con trajes ajustados ni esos cortes de pelo que sólo allá quedan bien. "No necesito muchas cosas para vivir. No le doy importancia al aspecto. Mis compañeros me cargan mucho."

¿Te incomoda la plata?

Sí. Porque sé que vivo una realidad diferente de la que vive la gente que me rodea. No tendría por qué, porque no le robé la plata a nadie, la hice trabajando y dejé muchas cosas para que esto pasara, ¿no? Pero me incomoda. Me incomoda mucho la fama, no me gusta para nada. A mí me gusta el juego, mi profesión. Soy un apasionado del fútbol, pero no de los efectos secundarios. No salgo a la calle esperando que me pidan un autógrafo, salgo esperando que no me reconozcan. Soy un bicho raro.

Sos un líder raro también: sos argentino y sos callado.

Creo que hay que predicar con el ejemplo. Hay gente que está observando qué hago y qué no. Es el rol; si no, no lo seas.

Pero por más que uno tenga un rol...

[Interrumpe] A veces uno tiene roles en la vida que no los busca, te tocan.

¿Vos decís que te tocó?

No, no. Me ha tocado en diferentes grupos tener un protagonismo y trato de ser cuidadoso, porque mi accionar puede tener un efecto positivo o negativo.

Si tuvieras cinco minutos en los que nadie te mirara ni juzgara y lo que hicieras no va a lastimar, ¿qué harías?

No, no, es que… ¿Qué haría? Lo que hago, porque no actúo, yo me muestro tal cual soy.

Sos un tipo muy medido, pero has tenido tus momentos.

[Interrumpe] Sí, y me arrepiento.

Te cegás y...

[Interrumpe] Sí, como el último [en las Eliminatorias 2014 le pegó una patada a un camillero en Quito, Ecuador].

Y en un entrenamiento te echaron [2006, jugaba en Corinthians].

Sí, en Brasil. Me peleé con un compañero.

¿Qué te pasa ahí?

Nada. Tengo mi carácter y cuando veo una injusticia, muchas veces no me controlo. No está bien, nuestros actos repercuten en mucha gente. Cuando me miro no soy yo, ése no soy yo. No soy así, porque si no se repetirían muchísimas veces y son contadas.

¿Cómo te castigás por los errores?

Solo.

¿Te hablás, te puteás?

Me puteo, mil veces. En voz baja, para adentro. Para afuera. Veo el error. Y lo vuelvo a ver y digo qué pude haber hecho y por qué hice otra cosa.

¿ Cuál es la puteada?

Soy un boludo. Me digo sos, también.

Vos jugabas de 9 y tu viejo, que además era tu técnico, te cambió a 5. ¿Le preguntaste por qué?

Sí, él creía que ahí iba a jugar mejor y no caben dudas: de 9 no le haría un gol a nadie.

Cuando llegaste a Barcelona te sacaron de 5 y te pusieron de central. ¿Preguntaste?

No. Si el entrenador está convencido de que lo puedo hacer, no hace falta preguntar.

No pregunta, pero investiga: al Barça llegó en la mitad del camino de Guardiola y para saber un poco más de la etapa anterior leyó la biografía sobre el técnico del periodista español Guillem Balagué, porque quería saber detalles. Otras lecturas: Cartas sagradas, de Phil Jackson, entrenador de Chicago Bulls que ganó todo con Michael Jordan, y mucho de Robin Sharma, el autor de textos de liderazgo.

Supongamos que es el último partido de tu carrera y es el ideal. ¿La camiseta de qué club tenés puesta?

Uno quisiera que sea donde empezó profesionalmente: River. También sé que no se va a dar, pero retirarse como se retiró Zidane en una final de un Mundial no estaría mal, pero es difícil porque me gustaría jugar hasta lo máximo que pueda y sé que en la selección eso no va a pasar.

Te retirás con la camiseta de River. ¿Hacés un gol, cortás genialmente a alguien?

Me gustaría retirarme ganando un título.

¿Campeonato local?

No: la Libertadores.

Estuviste ya en tres mundiales: como sparring en Corea-Japón 2002 [el DT era Marcelo Bielsa] y jugaste en Alemania 2006 [con Pekerman] y en Sudáfrica 2010 [con Maradona]. ¿Cuáles fueron los errores en cada uno?

Difícil decirlo, en 2002 no te puedo hablar mucho porque era sparring, no estaba dentro del grupo… Pero mirá: ninguna selección se preparó como esa, ni creo que se vaya a preparar como esa.

Hubo un trabajo tremendo

Terrible... Pero el fútbol muchas veces no te da lo que vos esperás. En 2006 no veo reproches, quedamos afuera con Alemania en los penales, pero podríamos haber pasado tranquilamente y creo que jugamos cinco partidos muy buenos; quedamos afuera porque teníamos que quedar afuera. En 2010 creo que estábamos bien, pero, bueno, quizá no. Nos faltó ser un poco más precavidos a la hora de jugar ese partido contra Alemania, no tratar de ir a ganar desde el minuto cero, porque Alemania es muy poderosa de mitad de cancha hacia adelante, y ahí fue donde nos terminaron lastimando.

Cuando te preguntaron por qué Messi no rendía en la selección como en Barcelona dijiste que ninguno de ustedes había rendido ahí como en su club.

Eso lo dije hace rato porque ahora creo que ya no hay dudas de su rendimiento; de dos años para acá Leo ha rendido en un nivel superlativo en la selección, ha sido en un 95% el mejor jugador en todos los partidos. En los últimos años la selección ha pasado por muchos vaivenes, muchos entrenadores, muchas ideas, de jugar de una manera, de jugar de otra. Eso tampoco ayuda porque estás todo el tiempo cambiando y el cambiar genera desconfianza.

¿En quién?

En todos: en el público, en nosotros mismos, porque si cambiamos es porque no está funcionando. Ahora estamos en un momento en el hay una idea que puede gustar más o gustar menos, pero hay una idea y no se va a cambiar. El equipo tiene sus falencias y tiene sus cosas positivas, es competitivo, ha competido con potencias como Italia, Alemania, Brasil, y ha jugado de igual a igual. Esos son síntomas positivos.

¿Pensás que el clima y la humedad en Brasil beneficiarán a equipos sudamericanos?

Sí, creo que el ambiente, y todo va a tender a favorecer a los equipos sudamericanos, pero uno nunca sabe.

¿Tenés algún sueño?

Campeón del mundo, sí. Sueño con que podamos hacer un muy buen Mundial, con volver a tener una Argentina protagonista que vuelva a estar en semifinales. Pasar esos malditos cuartos de final. Hace 24 años que no pasamos, es mucho tiempo. Entonces, no miremos tan lejos, miremos lo que tenemos más cerca: primero, el grupo; después, octavos. La Argentina se tiene que proponer estar entre los mejores cuatro del mundo, porque una vez que estás entre los mejores cuatro, ahí es otra historia.

Mascherano agarra su celular y abre la cajita verde.

"Es una placa: me estoy juntando los dientes. En un año van a estar perfectos. Sólo me la saco para comer".

En figuritas

Fuente: LA NACION - Crédito: Lucas Kirby

Así se lo ve en el álbum de figuritas para Brasil 2014. ¿Mascherano es figurita difícil? No. Bruno Sallustro, de la empresa Panini, responsable del producto, afirma que eso es un mito: "No hay figuritas difíciles. De hecho, hay un servicio de álbum lleno para poder completar las faltantes", explica.

  • Fue capitán de la selección con Maradona y Batista. Luego, en la era Sabella, la cinta pasó a Messi.
  • Tiene dos medallas de oro olímpicas (Atenas 2004 y Beijing 2008).
  • En 2003, debutó en la selección argentina antes que en la primera de River.
  • Ganó 9 títulos con Barcelona, uno con River y uno con Corinthians.

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