Revisá tus lunares

Son una de las tantas manifestaciones del cáncer de piel; es un hábito simple que puede prevenir problemas complejos; el autoexamen, paso a paso
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10 de mayo de 2011  • 15:34



Los 90 quedaron atrás, y con ellos, la cara de Cindy Crawford luciendo su marca registrada: un lunar ubicado sobre el costado izquierdo de la boca. Mientras que en aquel momento podía tratarse de una marca "glamorosa", hoy es leída como una señal de alerta: abunda la información referida a la importancia que tiene protegerse del sol, cuidar la piel y, sobre todo, controlar el estado de los lunares.

Es que, aunque parezca algo insignificante, ese puntito chiquito con el que tal vez hasta estás encariñada puede traerte problemas, porque los lunares son una de las tantas manifestaciones del cáncer de piel, uno de los tipos más frecuentes.

Es por eso que los especialistas recomiendan, en primera instancia, autoexaminarse para poder detectar e identificar aquellos lunares potencialmente peligrosos y después, también, consultar al especialista.

Conocerte es la clave

Todas las personas -sin importar el tipo de piel que tengan o la existencia de antecedentes familiares- deben controlar sus lunares al menos una vez al año. Esto implica programar una consulta con un dermatólogo para que, a través de un examen clínico que no duele, el médico pueda ver uno por uno los lunares.

Pero, además, hay que cumplir con el autoexamen, una rutina fácil que te va a permitir ganar tiempo, porque, ¿quién mejor que vos para advertir rápidamente algún cambio en tu cuerpo?

Tenés que observar cada uno de tus lunares, sin olvidar el área genital, y pedirle a alguien que revise las zonas de difícil acceso, como la espalda o el cuero cabelludo.

¿Qué hay que buscar en esta revisión? No solamente un lunar "grande" es un lunar peligroso. Esta falsa creencia es uno de los peores errores que se cometen en el autoexamen. Lo principal es ir detrás de "signos de alerta", como son las alteraciones en la simetría (si cortaras el lunar en dos partes, éstas no serían iguales), bordes irregulares, cambios de color, crecimiento, inflamación o picazón.

La consulta médica

Una vez que hayas realizado el autoexamen –y sobre todo si notaste algo que te llamó la atención–, es importante que vayas a ver a un especialista en dermatología.

Durante la consulta, y basado en su experiencia, el médico determinará si con el examen clínico es suficiente o si es necesario utilizar el dermatoscopio (un microscopio especial para mirar lunares) o una lupa.

Por tu parte, asegurate de que tu dermatólogo revise no sólo la superficie de la piel, sino también las mucosas. Esto incluye, por ejemplo, que revise la cavidad de la boca.

"Me tengo que sacar un lunar"

Si tenés que sacarte un lunar, no te asustes, las cirugías se realizan con anestesia local, no duelen nada, a veces ni siquiera requieren puntos.

Salvo urgencias, las extracciones se realizan en invierno porque las cicatrices –sí, siempre queda alguna, aunque el tamaño dependerá de varios factores– no pueden exponerse al sol durante los primeros tres meses.

Poblaciones de riesgo

Aunque todos deberíamos revisar nuestros lunares, lo cierto es que hay algunos que deben hacerlo mucho más frecuentemente. Por ejemplo, las personas rubias, las pelirrojas y las de piel muy blanca o con muchas pecas, entre otras razones, porque suelen ser más susceptibles al sol, que, sin mencionar la cama solar, es uno de los peores enemigos de los lunares.

También tienen mayor riesgo las personas con lunares de nacimiento (llamados nevos congénitos), las que tienen antecedentes de quemaduras provocadas por el sol y, por supuesto, aquellas con historial de cáncer de piel, tanto propio como de otros miembros de la familia.

Como sea, estés entre la población de mayor riesgo o no, el tiempo que le dediques a prevenir siempre va a ser una buena inversión.

El autoexamen paso a paso

¿Querés empezar a conocerte y a cuidar tu piel? Agarrá dos espejos, uno de pared y uno de mano, asegurate de que haya buena luz y tené a mano un secador de pelo y una silla.

1. Examiná tu cara, especialmente la nariz, los labios, la boca y las orejas.

2. Pasá por tu cabeza un secador de pelo o un peine para analizar el cuero cabelludo. Cuando llegues a la zona de la nuca, utilizá el espejo de mano.

3. Revisá tus manos: palmas, dorso y entre los dedos.

4. Utilizando un espejo de pared grande, examiná los codos, las axilas, los brazos y los antebrazos.

5. Chequeá la zona del pecho, especialmente debajo de las lolas.

6. Igual que hiciste con la nuca, agarrá el espejo de mano y, de espaldas al grande, revisá la zona de los hombros y la espalda. También la cola y la parte trasera de las piernas.

7. Para terminar, sentate en la silla y disponete a revisar los pies.

Por Noelia Veltri

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