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Bienestar

Salir del dolor. Figuras de cartón y tutoriales de Instagram para superar una muerte

Jimena Barrionuevo
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11 de junio de 2019  • 00:57

Fue el amanecer más lento de su vida. Y con la salida del sol tuvo que dar la noticia más triste que jamás hubiera imaginado. Un llamado a las 4 de la madrugada le había confirmado una de sus peores pesadillas: su hermana, que vivía en Sucre, Bolivia y había atravesado un agresivo cáncer de mama, había fallecido esa misma noche. "Cuando vi una llamada de mi cuñado a esa hora, vinieron a mi mente las peores noticias. Me faltó el aire, intenté salir en pijamas a esa hora a la calle pero mi esposo me contuvo. Decidimos que lo mejor era viajar hasta Barinas, la ciudad donde vive mi madre y que queda a dos horas y media de Barquisimeto, en Venezuela, donde estamos nosotros. Esperamos a que amaneciera. Fueron las horas más lentas de mi vida. Y así hicimos. Le conté a mi mamá que su hija había fallecido. Fue una locura", recuerda Norelvys Márquez (39).

Con unos ahorros que tenían guardados, Norelvys y su madre viajaron a Sucre y pudieron llegar a tiempo para el sepelio. Su hermana había dejado dos niños pequeños de 9 y 4 años y era necesario juntar fuerzas para sostener a los chicos. "Desde que llegamos, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para apoyar emocionalmente a mis sobrinos y mi cuñado. No sé de dónde sacó fuerzas mi mamá, el duelo de una madre es algo que no se puede explicar con palabras".

Norelvys, su hermano Edgardo, su hermana Francis Márquez (fallecida) y cuñado. Fue la última foto que se tomaron juntos.
Norelvys, su hermano Edgardo, su hermana Francis Márquez (fallecida) y cuñado. Fue la última foto que se tomaron juntos.

En el tiempo que estuvo en Sucre, a veces, Norelvys consultaba las redes para despejar su mente de tanto dolor. Fue así que se topó con una cuenta argentina de origami que la interpeló profundamente. Siempre había tenido un interés especial por los papeles y las manualidades, pero el contenido de aquella cuenta y el tono de voz de los videos que subía su creador tenía algo especial que la motivó a seguirlo e interesarse en esa actividad, aún en medio del duelo. "Cuando regresé a Barquisimeto, lo hice sola. Mi mamá decidió instalarse en Bolivia para poder estar más presente con los niños. Mientras, de vuelta en la rutina con mi esposo, el día a día comenzó a abrumarme por la mezcla de sentimientos del duelo: mis sobrinos, mi mamá, el no tener fuerzas para trabajar, atender a mi esposo".

Con su esposo Marco.
Con su esposo Marco.

Pasó un mes y medio hasta que Norelvys pudo volver a conectarse con su trabajo, el diseño, corte y ensamble de piezas de cartón crudo para luego formar una figura. Hacía ya más de once años que trabajaba en forma independiente en su emprendimiento Cartones y Papeles, pero desde la muerte de su hermana no lograba concentrarse. Hasta que un día, un nuevo video en la cuenta de origami que seguía invitaba a los que se animaran a probar la técnica. Entonces abrió su paquete de papeles, se sentó en su craftroom y comenzó a plegar. "Sentía que estaba en un salón de clases con nuevos compañeros; ¡emocionante!, fue como nitroglicerina que me permitió desenfocarme del dolor y darle espacio a mi corazón y emociones, de hacer otra cosa con gusto y entusiasmo. Cuando terminó el Vivo, me dio tristeza y volví a repetir las figuras que había aprendido. Hice muchas en esa noche, tanto que mi esposo entró al craftroom y me dijo: epa, ¡estamos contentos!".

Entusiamada, Norelvys siguió creando con sus papeles y esperaba los vivos para aprender más. "Sé de personas que jamás llegan a superar un duelo, sé las cosas que se pierden por la depresión, la persona que queda viva tiene una lucha por sobrevivir cada día. Para mi, cada día fue un reto de permitirme vivir. A veces, no me provocaba nada, ni siquiera plegar, yo estaba atenta a los bajones emocionales, así que, rezaba y me iba a la oficina de mi esposo con mis papeles y comenzaba a plegar (evitaba estar sola)".

Tiempo después, pudo retomar su trabajo y decidió compartir también lo que había recibido especialmente por la crisis en Venezuela. La crudeza de la realidad la pone a prueba a diario. Mientras trabaja en una de sus piezas en su craftroom ve por la ventana a la gente revisando las bolsas de basura. "Es un contraste muy duro, porque, mientras unos pocos celebran y contratan mis servicios para que les haga un figura en cartón, la mayoría está ahí fuera revisando bolsas de basura. Entonces decidí ofrecer talleres gratuitos en mi casa para que todos pudieran aprender la técnica. No tienen costo alguno porque es una manera de armar una suerte de cadena de favores: drenar la ansiedad, el estrés, el dolor y muchas otras emociones. Todos necesitamos de todos, no fuimos hecho para estar aislados y ver los dos primeros grupos que tuve, me llenó de satisfacción porque algo beneficioso hice por alguien sin saberlo".

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