Say no more

Después de provocar y escandalizar a la ultraderecha norteamericana durante siete años, Marilyn Manson vuelve al ruedo con The Golden Age of Grotesque , un álbum en el que, como su admirador Charly García, sobrepone el personaje a la obra. Ahora, maquillado de nazi, busca nuevas sensaciones en el vodevil de los años 30
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30 de mayo de 2003  

MADRID (El País).- Lunes 7 de abril. 9.30 de la mañana. Posiblemente, la peor hora y el peor día de la semana para exigir a tus neuronas algo más allá de un gesto primario. Pero éste es el momento elegido para que la prensa escuche lo último de Marilyn Manson. ¿Será una estrategia de la multinacional para sumirnos en un estado de choque que influya en nuestra opinión?

Lugar de encuentro, el hotel Villamagna, uno de los más exclusivos y caros de Madrid. Concretamente, uno de sus muchos salones, el Picasso, donde se encuentra el pequeño equipo de música que en breve vomitará las primeras notas de The Golden Age of Grotesque ( La edad dorada de lo grotesco ). En palabras del artista: "Una era que recupera la apreciación por el arte degenerado y peligroso".

Estamos avisados. Una de las responsables del evento le da al play, pone el volumen a tope y, la muy lista, desaparece. Ruidos electrónicos de lo más lúgubre dan paso a guitarras de alto voltaje. Las paredes retumban y la onda expansiva nos arranca las legañas. Pasan una fotocopia con la lista de canciones. This Is The New Shit (Esta es la nueva mierda), Use Your Fist and Not Your Mouth (Utiliza tu puño y no tu boca, en su doble sentido sexual y físico), Slutgarden (El jardín de las marranas) y otras preciosuras. Los segundos de silencio entre canción y canción saben a gloria. Sin novedad en el frente. Mucha guitarra y un sonido industrial deudor de lo aprendido de Trent Reznor, el líder de Nine Inch Nails. Hasta que empiezan a sonar ecos de vodevil, ritmos cabareteros y pianos de music hall. Algo más que un matiz.

11.30. El freak más universal y su séquito llegaron la noche anterior a Barajas en el secretismo más absoluto. Luego, cena en el restaurante chino del hotel y a la cama. Lo acompañan su explosiva novia y pin-up de culto (léase modelo de ropa y lencería fetichista) Dita von Teese, su representante, un guardaespaldas y 15 bultos numerados incluyendo maletas y sombrereras. A su alrededor, una maquinaria formada por 20 personas "movilizadas y nerviosas", según uno de los responsables del sello, para que nada falle. Madrid es la primera etapa de un periplo promocional que llevará a Manson por las principales ciudades europeas. Su avión hacia Milán sale a las cuatro de la tarde, así que no hay tiempo que perder. "Entra en la sala y espera. Marilyn Manson está a punto de bajar", indican.

12.00. Del salón Picasso al salón Dalí. Del ruido extremo al silencio sepulcral. Del despilfarro eléctrico a una luz tenue, rozando la oscuridad. El decorado no parece casual. Un inmenso espacio. Un minuto, cinco, diez. Como no hay señales de vida, repaso mis apuntes. Que si le ha dado por pintar, que si el éxito de su última expo en Los Angeles, lo de Doppleherz, un documental hecho por él que se adjuntará en DVD con una edición limitada del disco...

Se abre la puerta. El chorro de luz que viene de fuera proyecta una espigada silueta. Es él. Detrás, su guardaespaldas, tamaño dos por dos e igualmente vestido de riguroso negro. Prohibido fumar, me advierte. Sigue el silencio. Su zancada, elegante e imponente, lo acerca a mi posición. Sostiene una botella de agua que sorbe con pajita. Maquillado ("suelo tardar una media hora", asegura) y disfrazado de dandi de las tinieblas. Traje de levita negro y tirantes. Lentilla de un azul muy claro en uno de sus ojos. Calavera en el dedo índice, topos blancos sobre corbata negra, cadena de plata y, por si el chico no fuera lo suficientemente alto, botas con plataforma. Miro hacia arriba y lo saludo.

"Podría ser más provocativo, pero no me apetece. Ya soy diez años más viejo". Tras una carrera propulsada por su ambigüedad, el escándalo permanente y el título de Reverendo que le otorgó Anton La Vey, fundador de la Iglesia de Satán, Manson, alter ego de Brian Warner, nacido en Ohio hace 32 años, anuncia cambios.

The Golden Age of Grotesque es el primer disco tras la trilogía formada por Antichrist Superstar (1996), Mechanical Animals (1998) y Holly wood (2000). "Ahora hablo más de mí, de mi imaginación, y menos de lo que me rodea. Es un trabajo más intimista, creo que más accesible, quiero mostrarme al mundo tal como soy", sentencia. Y animado por el ultracristianismo de la administración de Bush: "A mí me beneficia. Con gobiernos así, tan inspiradores, la música sale mejor. He creado un mundo paralelo para que la gente se pueda evadir, un entorno donde pensar libremente. Lo mismo que en su día supuso lo burlesco, el vodevil y el cabaret, aquello de convertir tu propia vida en entretenimiento, de ahí su influencia estética y musical en el disco".

Las fuentes de inspiración de este universo propio se encuentran también en el Marqués de Sade, Bertold Brecht, Oscar Wilde y en los años treinta de Berlín y Hollywood. Un período de tintes bélicos cuyos artistas malditos, según Manson, representaron como nunca el espíritu punk. "He partido de ese contexto a la hora de crear, usando el lema No tomorrow (No hay mañana), como si el mundo estuviera cerca de su destrucción."

El lanzamiento de su nuevo álbum ha coincidido con el conflicto de Irak. "Es difícil ir de patriota después de los ataques que he sufrido en mi propio país." Bebe agua y sigue. "Yo siempre he dicho lo que pienso. Más no puedo hacer. Ahora que ya nadie puede parar esta barbarie, lo único que me queda como músico es luchar para que prevalezcan la democracia y la libertad de expresión".

¿Y lo de no unirte al movimiento pacifista que impulsaron algunos músicos? "Me recuerda a lo que pasó cuando ocurrió la Guerra en Vietnam. Cuando los artistas nos obsesionamos con este tipo de reivindicaciones, lo que acabamos haciendo suele ser muy aburrido. Y no es que no comparta su opinión, pero prefiero ofrecer una vía de escape."

En cuanto a Bowling for Columbine , el documental de Michael Moore en el que aparece, es más breve. "Está bien, pero hay demasiada política. Lo que no me gusta es lo del final con Charlton Heston. No venía a cuento".

12.40. "Ni caprichos ni rarezas. Es un muchacho muy normal." La persona de la discográfica convertida en la sombra de Manson durante su estancia en Madrid habla sobre lo terrenal, educado y afable de su protegido. Sí, bueno, cada uno con su concepto de la normalidad.

A estas alturas de la película, resulta obsceno seguir empleando un calificativo como éste. Especialmente para referirse a un personaje de este calibre. El mismo que pasó su adolescencia viendo cómo su abuelo se masturbaba a diario. O el mismo que exhibe en su casa un feto producto de un aborto en el interior de un jarrón. "Mi novia dice que por el momento no quiere tener hijos. Ahora mismo, éste es mi único niño", declaró a la revista The Face.

Dejando para otro momento la discusión de si es o no normal, lo que es indiscutible es que el tipo, en contra de lo que su siniestra imagen pueda sugerir, tiene un agudo sentido del humor. Lo demuestran multitud de anécdotas escritas sobre él, como la que asegura que hace años robaba las figuras del niño Jesús de los pecebres que los centros comerciales montaban en Navidad y las reemplazaba por una pieza de jamón cocido. Pues sí, tiene su gracia.

13.15. Mobscene, el primer simple, retumba en la sala Galileo Galilei. Representantes de 107 medios informativos se agolpan en el último acto de esta frenética mañana. Manson ofrecerá una pequeña conferencia de prensa. Una ráfaga de flashes anuncia su salida al estrado. Los allí presentes empiezan a acribillarlo a preguntas. Sus respuestas, para todos los gustos. Demostración de ego cuando reconoce que sí, que su obra se comprende mejor en Europa, proclama convencido: "Los Estados Unidos necesitan mi provocación". Demostración de conocimientos cuando unas jóvenes de un club fetichista de Madrid lo interrogan sobre el tema. Y una vez más, demostración de un saludable sentido del humor. "¿Has venido con tu novia?" "¿Por qué no está aquí?", le preguntan. "Eres un pervertido", replica. "Pero bueno, no pasa nada. Yo también lo soy."

La puesta en escena de su nueva gira promete. Habla de elefantes (sí, reales), estética militar inspirada en lo nazi, zancudos, siameses... Sin olvidar la más que posible aparición de su novia con un strip-tease sentada en una inmensa copa de Martini. "Prometo no quitarme los pantalones en público, he tenido algunos problemas con eso. Bueno, no prometo nada".

Para fanáticos

  • Hoy a la medianoche, en Alternativa (Rivadavia 1910) se realizará el lanzamiento oficial de The Golden.. ., con la emisión de material inédito sobre la grabación del álbum y una fiesta que promete atraer a los personajes más freak del under local.
  • Esto es todo, amigos

    En The Golden Age of Grotesque, Manson no logra escapar de su propia trampa

  • En 1995, con la edición de Antichrist Superstar , el señor Manson se convirtió en el enemigo público número uno del pueblo ultraconservador norteamericano. El flacucho del ojo de vidrio asustaba a madres y padres religiosos con sus obscenas canciones compuestas en el mismísimo infierno. Luego se travistió en un alien sin sexo ( Mechanical Animals ) y poco después se crucificó cual Cristo de los descarriados ( Holy Wood -In the Shadow of the Valley of Death ). Censuras, polémicas, prohibiciones, y hasta la culpa ideológica de una masacre en un colegio. Todo cayó sobre la espalda de este provocador por naturaleza (mediática).
  • Ahora bien, siete años después de aquel disco con la enorme cruz en llamas, Marilyn Manson asusta menos que el maltrecho y un tanto anacrónico Hombre de la Bolsa. Es más, hasta se asemeja a un niño travieso que, para hacer rabiar a sus padres, repite una tras otra todas las malas palabras que aprendió en la escuela en el último semestre.

    Al menos así le da comienzo a The Golden Age of Grotesque , con el tema This Is The New Shit . Una maquinita por aquí, otra por allá, y la voz de ultratumba de Manson que murmura sobre sexo, prostitutas, violencia y rebeldía.

    Este Manson que ahora intenta maquillarse de Hitler del nuevo milenio cruzado por el vodevil y el cabaret de los años 30 parece enjaulado en su propia trampa. Y él mismo lo confiesa en las primeras palabras que se escuchan en el álbum: "Todo ya ha sido dicho antes/ no queda nada más que decir". El shock que antes era verbal y musical, ahora apenas es visual. Solo algún que otro resto sonoro de su antigua relación con Trent Reznor y la intención charlygarciesca de enarbolar la bandera de "la obra soy yo".

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