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Cor@zones

Se conocieron en otro país, perdieron contacto y una increíble casualidad los reencontró

Señorita Heart
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8 de febrero de 2019  • 00:17

Sabrina se había ido por dos semanas a visitar a su hermana, que hacía años que vivía en una ciudad de la costa este de Estados Unidos. Era verano y alternaron los días entre paseos acuáticos, tragos y bandas en vivo al anochecer. La ciudad seducía con un sinfín de propuestas en sus bares, que ofrecían conciertos de blues, jazz, grunge, indie y rock clásico.

La noche en que lo conoció estaba especialmente cálida. Las luces de los pubs y los restaurantes creaban una exquisita postal y a Sabrina le daba la sensación de que en esas calles se podía respirar felicidad. Se había puesto un vestido negro corto, con la espalda semi descubierta, unas sandalias de taco alto y ese perfume especial que la hacía sentir confiada. "`Estamos invitadas a una fiesta en una terraza, ponete linda´, me había dicho mi hermana unas horas antes", recuerda Sabri.

Al llegar a su destino - una casona antigua de cuatro pisos por escalera - y atravesar la primera puerta, alta y maciza, una electricidad extraña recorrió el cuerpo de Sabrina. En planta baja esperaba un ambiente en penumbra, con muebles estilo Luis XV y unas chicas vestidas acorde, que ofrecían un aperitivo. El segundo piso resultó ser toda una sorpresa: luces negras, tubos de neón, música electrónica y tragos que brillaban en la oscuridad. Siguieron hasta el tercero, un ambiente lleno de hombres y mujeres que compartían sus risas en sillones de tamaños varios y pequeñas mesas redondas; allí quedó la hermana de Sabrina. "Pero yo quería llegar al último nivel y salir a la terraza, al corazón de la fiesta", cuenta.

El encuentro

Para Sabrina, el espacio era la imagen perfecta de lo que imaginaba del verano y las vacaciones: plantas frondosas de un verde intenso, pequeñas lucecitas de colores, un desnivel a modo de escenario desde donde sonaba una banda en vivo y una barra como las de las playas caribeñas; los tragos coloridos y cervezas en botellitas transparentes, desfilaban a gran velocidad. Y, de pronto, él.

Una fiesta inolvidable.
Una fiesta inolvidable.

El tiempo se detuvo y su corazón aceleró. Sabrina creyó que jamás había visto una sonrisa más hermosa en toda su vida. Más que hermosa: magnética. "Era un imán y tenía que acercarme como fuera. Busqué una cerveza en la barra y le pedí al bartender que no la destape. Caminé como distraída hacia él, sin siquiera mirarlo. Estaba con dos amigos y, con poca vergüenza y en mi inglés con claro acento, levanté mi mirada y sorprendida les pregunté si alguno me podía destapar la cerveza y clavé mi mirada en él", relata Sabrina divertida.

Él se rio a carcajadas y ella no entendió qué era lo que le causaba tanta risa. "Sos argentina", soltó el complacido. "Veo que vos también. ¡Cuánta casualidad! ¿Qué te trae por acá?", le respondió ella sorprendida. Lisandro, se llamaba y le contó que estaba de vacaciones con amigos, que se alojaba en un pueblo no tan cercano y que se quedaba en la ciudad por una noche. Que a la fiesta había llegado por casualidad. "¿Bailamos?"

"De pronto, sentí su mano sobre la mía y mi cuerpo empezó a temblar como una hoja. Quería hablar y mis palabras quedaron atascadas a medio camino y una timidez desconocida se apoderó de mí. Me dejé llevar por nuestros cuerpos cada vez más cercanos y finalmente por los besos, que se sintieron como si fueran de amor. Justo ahí apareció mi hermana para decirme que nos teníamos que ir", recuerda Sabrina.

Lisandro le pidió su número y le dijo que quería volver a verla. A Sabrina, los pocos minutos en la calle la devolvieron a la realidad, pero la magia la persiguió hasta el alba. Sin poder conciliar el sueño, lo único que podía pensar era: ojalá nos volvamos a ver. Ojalá se despierte pensando en mí.

El desencuentro

Sabrina tenía planificado regresar a la Argentina en cinco días y él a fin de mes, pero no se mencionaron las fechas exactas. Al día siguiente trataron de coordinar un encuentro sin éxito; estaban lejos y tenían otras actividades. ¿Tal vez mañana? Ella supo que sería muy complicado lograrlo, pero entonces, para sumarle frustración a su intento, su celular cayó al agua y quedó incomunicada. ¡Si tan sólo le hubiera preguntado el apellido para buscarlo en las redes! ¿Por qué no memorizó el número?

Mientras tanto la hermana de Sabrina, que no estaba atravesando un buen momento, le rogó por favor que se quede unos días más y se dispuso ella misma a cambiarle el pasaje. "Recuerdo que me preguntó en dónde quería hacer escala", cuenta Sabri. "Me daba igual. Sí o sí debía hacer una para llegar a Buenos Aires y tenía muchas opciones, así que elegí una ciudad al azar: Atlanta.

Resignada a no volver a ver a su enamorado, lo que Sabrina no sabía era que mientras tanto él le había estado enviando cientos de mensajes que jamás le llegaron.

Finalmente, el viaje encontró su fin. Sabri ya había tomado su primer vuelo y se encontraba en el aeropuerto de Atlanta, tomando algo y rememorando los días vividos. Habían sido mágicos y no podía dejar de pensar en la fiesta en aquella terraza, cuando conoció a Lisandro. ¿Cómo podría encontrarlo en una ciudad tan grande como Buenos Aires?

Una coincidencia increíble.
Una coincidencia increíble.

¿Destinados?

El altoparlante la sacó de su estado fantasioso con el anuncio de que debía abordar. "Y entonces ocurrió algo tan impensado, que creí que estaba en un sueño. Estaba parada en la fila, cuando de pronto sentí unas manos que se apoyaron en mi cintura desde atrás. Me di vuelta y ahí estaba él, ¡a miles de kilómetros de la ciudad donde nos habíamos conocido! A los dos nos salió un ¿Qué hacés acá?" al mismo tiempo, sin poder creerlo. ¡Casualmente al cambiar el pasaje, yo había elegido la misma fecha de regreso que él y el mismo aeropuerto donde también hacía escala!", continúa Sabrina en un tono más elevado.

"Pero por si fuera poco, cuando estábamos por abordar, una auxiliar me frena y me señala que no tenía un asiento asignado y me pide que me dirija al mostrador. `Nos vemos adentro, nos buscamos´, nos dijimos. Ya con el asiento, subí al avión y recorrí los números de las filas con la vista. Cuando llegué al mío bajé la mirada y ahí lo vi a él y a su lado un asiento vacío: ¡el mío! Increíble. El destino quiso que nos conociéramos en otro rincón del mundo y que a pesar de perder contacto, sin querer no sólo eligiéramos el mismo día para volver y la misma ciudad de escala, sino que también nos sentáramos uno al lado del otro. No lo podíamos creer. El vuelo fue de ensueño".

Buenos Aires

Lisandro y Sabrina, conscientes de la innegable jugada del destino, consideraron que por supuesto debían volver a verse en Buenos Aires. "Tanta casualidad para mí indicaba que teníamos que enamorarnos definitivamente, casarnos y tener hijos preciosos. ¡Era una historia demasiado bella para no darle el final de película! Y él parecía también estar muy convencido de eso", explica Sabrina.

"Después de la tercera vez que salimos me enteré de casualidad que tenía novia. Nunca me lo había dicho y sospecho que tampoco tenía intenciones de hacerlo. Apenas lo supe le dije que no nos volveríamos a ver. Sentí que el romance había sido dañado por la mentira. Creo que no siempre las casualidades que parecen cosa del destino tienen finales de película. Pero aprendí que tengo que quedarme con el mensaje de la travesía y no con el anhelo del cierre edulcorado. Claro que hubiera querido que fuera distinto, pero ya no me importa el final, disfruté el camino, y a esta historia la atesoro como una de las más increíbles que viví", concluye.

Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos aquí.

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