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Grandes Esperanzas

Se levantó para ir al jardín y le dijo a su mamá: "No me andan los ojos, no veo nada"

Alejandro Gorenstein
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3 de diciembre de 2019  • 14:16

"Yo siempre digo que trato de no usar la palabra discapacidad porque lo nuestro es un virtuosismo distinto. Por ejemplo, yo no veo, pero, sin embargo, uso el término de ver o de mirar cuando hablo de mi persona porque uno no solo ve con los ojos, sino a través de los sentimientos y de la percepción", dijo hace unas semanas Leandro Bedrossian (27) en la Cena de la Inclusión que organizó la Fundación Ian.

A los dos años a Leandro le detectaron un tumor cerebral muy avanzado por lo que debieron operarlo de urgencia en el Hospital Garrahan. Durante la intervención, que duró unas nueve horas, pudieron extraer aproximadamente el 95% del tumor.

En el transcurso de la recuperación, un día se levantó para ir al jardín y le dijo a su mamá: "no me andan los ojos, no puedo ver nada". A partir de ese momento comenzaron a realizarle una serie de estudios y se detectó que ese 5% del tumor que no habían podido quitar se había vuelto a formar sobre el nervio óptico. Además, le había dañado la hipófisis, considerada la principal glándula del sistema endocrino siendo primordial para nuestro organismo.

"Quiero estudiar batería"

A los tres años lo volvieron a operar y, además, recibió radioterapia para eliminar el tumor, aunque ya había perdido la visión. A partir de ese momento empezó a tomar remedios para poder estar estable porque al perder la hipófisis tenía inconvenientes con su crecimiento.

Con Lito Vitale y su hermana, dos grandes apoyos
Con Lito Vitale y su hermana, dos grandes apoyos

"Cuando en mi casa me hacían escuchar a María Elena Walsh yo pegaba las manos contra el piso, muchas veces tomaba cacerolas y hacía ruido. Un día le dije a mi mamá que quería estudiar batería, pero a los cinco años (a raíz de su problema en el crecimiento) medía mucho menos que la mayoría de los chicos de mi edad. Cuando el profesor me conoció le parecí raro porque no veía y era bastante bajito. Entonces, le dijo a mi mamá que me iba a tomar pero que no tenía idea de cómo iba a llegar a ser el proceso".

Hasta el día de hoy Leandro le agradece a ese profesor porque se encargaba de adaptar la batería colocando cajones para que pudiera llegar a los pedales. Además, bajaba los tambores para que estuvieran a su alcance.

Aprender a ensamblar

Gracias a las hormonas de crecimiento, que se aplicó desde los 5 hasta los 17, Leandro comenzó a desarrollarse y a crecer con la batería, que al principio lo veía como un juego y un pasatiempo. "Lo lindo que tenía esa escuela de música (donde él era la única persona ciega) era que a fin de año había una muestra grupal. En ese momento aprendí a ensamblar, a tocar en conjunto con otras personas. Hasta ese entonces no entendía mucho que no veía, no tengo recuerdos de haber perdido la vista, era como que creía que todos eran como yo, no existía la integración", dice. Y agrega: "La pasábamos muy bien, éramos chicos de las mismas edades, era parte de la diversión. Las muestras necesitaban de ensayos y nos matábamos se risa, lo disfruté un montón. Además, aprendí piano e intercalaba los dos instrumentos según el tema que hacíamos".

¿Vos querés tocar el clarinete?

A los 13 años Leandro tuvo un intento fallido de aprender a tocar el clarinete cuando comenzó a estudiar en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, pero se le dificultó porque estaba haciendo la secundaria. Sin embargo, luego de terminar Quinto Año le volvió a picar el bichito. De esa manera se volvió a contactar con otras personas ciegas y una de ellas le habló de la Sinfónica Nacional de Ciegos. Él se quedó tan sorprendido, como ilusionado.

  • -¿Vos que instrumento sabes tocar? -le preguntó esa persona.
  • -Para la música clásica lo único que tengo es el clarinete, pero hace mucho que no lo toco -le contestó Leandro.
  • -¿Vos querés estudiar clarinete?
  • -Sí.
  • -Yo te voy a conseguir un profesor de clarinete.

De esa forma, lo contactó con el maestro Alberto Brass.

  • -Hola, yo vengo a estudiar porque quiero entrar en la Sinfónica Nacional -le dijo Leandro no bien conoció a quien iba a ser su profesor.
  • -Bueno, para eso vas a tener que estudiar mucho y, quizás, en unos seis o siete años vamos a hablar de eso - le contestó.

"Al principio pensé que era un montón de tiempo pero le puse todo el empeño y me acuerdo que estudiaba entre siete y ocho horas por día el clarinete en mí casa, además de la clase semanal que tenía con el profesor".

"Era algo que siempre había soñado"

En diciembre de 2013 Leandro rindió su concurso para entrar a la banda que tanto deseaba y a partir de ese momento quedó estable. " Me acuerdo como si fuera hoy cuando dijeron por unanimidad del jurado que había quedado seleccionado, no lo podía creer porque apenas tenía 21 años, era algo que siempre había soñado. Me abracé con mis padres y fue muy especial, no se puede reproducir con palabras porque había sentimientos, lágrimas, emociones, algo increíble".

Leandro debutó en un concierto en Río Cuarto (Córdoba) en 2014 en el que sintió los primeros aplausos de la gente y que el teatro "se caía abajo". En ese momento comenzó a tomar consciencia de lo que estaba logrando. Y durante estos cinco años ya viajó a tocar a Neuquén, La Rioja, Catamarca, Tucumán y Rosario, entre otros destinos. Además, pudo tocar con grandes artistas que la banda traía como invitados como, por ejemplo, con Juan Carlos Baglietto, León Gieco, Lito Vitale y Guillermo Fernández, entre otros. " Siento como un sueño realizado, como un gozo que es más allá de la alegría porque esto último, para mí, es algo pasajero, pero el gozo es como que te llena, te emociona de pensarlo".

Con la familia a pleno
Con la familia a pleno

"Ensayamos dos horas por día, tres veces a la semana. Dicho de esta manera parece muy poco tiempo, pero el trabajo del músico ciego es memorizar la obra en braille, cada uno a su ritmo y a su manera", explica Leandro.

Orgullo de la familia

Leandro dice que su sueño es abrir su propia escuela de música y sacar su segundo disco ya que el primero (rock de música cristiana) lo compuso a los 13 años. "Siempre digo que todas mis canciones se las dedico a Dios porque él es el que me sustentó en medio de la tormenta", afirma.

"Mi familia está recontra orgullosa de lo que hago, en casa me piden que toque algo de lo que hago, cuando nos juntamos o en alguna reunión familiar. Estoy muy contento y agradecido a mis viejos que siempre me ayudaron en todo, a mis hermanos y a todos los que me bancaron los estudios de música".

¿Qué significa la música en tu vida? "Es un poco el resumen de mi vida. A través de la música pude conocer a Dios, puede llegar a muchas personas, puede expresar lo que yo sentía, puede descargar mis enojos, llorar y alegrarme. La música representa todo", finaliza.

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