¿Se puede predecir el ganador del Mundial?

Fuente: Brando
Los brujos hacen sus predicciones, las casas de apuestas también, lo mismo que los fanáticos. ¿Y la economía? ¿Puede la matemática pronosticar un ganador?
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10 de junio de 2014  • 16:58

El tipo debe tener unos setenta años, aunque es difícil estimar con precisión porque la frondosa barba le tapa la mitad de la cara, y lo deja como una mezcla de Horacio Guaraní y Karl Marx. Pero Antonio Vázquez Alba nada sabe de música ni de economía, aunque sí sabe, o al menos eso es lo que dice, quién ganará el próximo Mundial.

El "Gran Brujo" es famoso en México por haber acertado, entre otras cosas, la elección de Felipe Calderón como presidente de ese país y haber vaticinado la muerte de Hugo Chávez, pero también es recordado por sus memorables desaciertos, como cuando dijo que Fidel Castro moriría en 2008 o que Alemania ganaría la Copa del Mundo de 2006. La cita tuvo lugar el pasado 4 de enero en un hotel de México DF, donde el tarotista se despachó con una predicción muy poco riesgosa: dijo que el próximo Mundial lo ganará su anfitrión, Brasil.

Nada de sorpresas ni de pronósticos jugados. El pálpito de las cartas coincide esta vez con la historia (Brasil es el máximo ganador, con cinco mundiales) y con las apuestas, que colocan al anfitrión al tope de los favoritos, y pagan solo cuatro dólares por cada uno apostado. Argentina y Alemania empatan el segundo lugar en el sitio de apuestas deportivas Bwin, que ofrece un premio de seis a uno y relega al actual campeón, España, a un cuarto puesto. Paga ocho dólares por cada uno jugado.

Lejos, en un segundo pelotón, vienen Bélgica y Francia, con 15 y 19 dólares respectivamente, y aún más distante, un tercer grupo compuesto por Colombia, Uruguay, Portugal, Italia y Holanda, que devuelven entre veintitrés y veintiséis billetes por cada uno apostado. El conjunto de selecciones con chances, al menos desde la perspectiva de los apostadores, se cierra con Inglaterra, que paga 34 dólares.

Sorprende la ubicación expectante de Colombia, pero coincide con el lugar de privilegio que ese equipo tiene en el último ranking de la FIFA, que la sitúa en el cuarto lugar, por detrás de España, Alemania y Portugal. A diferencia del criterio subjetivo de los apostadores, esta tabla pondera los puntos obtenidos en partidos internacionales según su relevancia (un punto para amistosos, 2,5 para eliminatoria, tres para competencia final de confederación y cuatro para partidos de mundiales), y la fuerza de los contendientes de acuerdo con su posición en el último ranking disponible. En ese ranking oficial, Argentina figura recién compartiendo la sexta colocación con Brasil. Uruguay está quinto.

Vale recordar que justo antes del último Mundial las casas de apuestas favorecían al que salió campeón, aunque la magnitud de la preferencia no era entonces tan marcada como ahora; España pagaba 5,50. Para Sudáfrica 2010, por su parte, Brasil figuraba al tope de la tabla de la FIFA, al mismo tiempo que los dos finalistas, España y Holanda, se posicionaban respectivamente segundo y cuarto.

Pero si las apuestas y los rankings de puntos conseguidos en competencias internacionales adelantan con bastante precisión lo que ocurrirá en el Mundial, qué lugar le queda a la economía, con sus modelos matemáticos y su pompa de ciencia cuasi exacta. ¿Hay alguna relación entre la cotización de los equipos y su performance? ¿Se puede comprar un Mundial?

La respuesta para ambas preguntas es que sí. Si tomamos la cotización promedio por jugador de cada uno de los cien planteles mejor rankeados (de la página de Transfermarkt.es) y la contrastamos con los puntos obtenidos por cada seleccionado en los partidos internacionales jugados en los últimos cuatro años (ranking FIFA), emerge la ecuación del fútbol: por cada millón de dólares que sube el valor de mercado promedio de los jugadores de cada selección, ese equipo saca 29,99 puntos más en el ranking FIFA.

Y lo más importante; la cotización de los planteles explica el 62,6% de las diferencias en la performance de los equipos. Quiere decir que una parte muy importante de los resultados deportivos depende del poderío económico de los seleccionados, pero todavía queda el 37,4% para ser explicado por otras razones, entre las cuales se encuentra la localía, la historia, el acierto en el planteo táctico estratégico de cada DT y, por supuesto, el azar.

Sé que el fanático le tiene reservado un pequeño lugar a lo aleatorio, pero en la realidad ni los penales son tan azarosos, como bien puede atestiguar Jens Lehmann, aquel arquero alemán que nos dejó afuera en 2006.

Nuestra mente está preparada para buscar regularidades, para identificar patrones, puesto que el costo de no ver una correlación podía llevar a nuestros antepasados a la muerte, y por ello primó la creencia en que el azar respondía a alguna lógica, naciendo así las religiones… y las cábalas.

Pero en el transcurso de un partido no solo hay espacio para un remate que se estrella en el travesaño o un jugador clave que se lesiona inesperadamente (pensemos, por ejemplo, en lo crucial que resultó la fractura de Pumpido para que Goycochea se luciera en Italia 90 y Argentina llegara a la final). En rigor, hay una cuota no menor de azar en cada jugada, en cada elección de un mediocampista que debe decidir si driblea para la derecha o para la izquierda.

Fuente: Brando

Por lo general, la extensa duración del juego hace que los efectos del azar se compensen unos con otros y que a la larga se imponga el mejor, pero, como sucede en tantos otros deportes, esto es cierto cuando existe una diferencia de talento lo suficientemente significativa, mientras que, si los contendientes son muy parejos, los caprichos de lo aleatorio bien pueden eclipsar las escuetas diferencias de talentos.

Por eso los economistas de la consultora financiera internacional Unicredit armaron un modelo en el que no solo miran la cotización promedio de los jugadores, sino también la varianza; o, puesto en castellano, cuán homogéneos son los equipos. Esta medida, de algún modo, captura uno de los componentes del azar que tiene que ver con las lesiones o con qué jugadores adquieren protagonismo según se dé uno u otro planteo estratégico.

Si miramos entonces esa variabilidad, España resulta tener no solo el plantel más cotizado (37,4 millones de dólares por jugador), sino también el más parejo, siendo Brasil y Alemania, en ese orden, los que le siguen en materia de homogeneidad de sus jugadores. Argentina, con el cuarto plantel mejor valuado (26,2 millones por jugador), está, sin embargo, entre los equipos más volátiles junto con Portugal, porque el potencial económico de sus escuadras está distribuido inequitativamente hacia dentro de los equipos y su valor cae drásticamente si se lesionan Messi o Ronaldo.

Los fanáticos y los brujos se inclinan por Brasil, pero, si los valores de mercado reflejan la realidad, ganará una vez más España, siendo Alemania el tercero con más chances. Si, por el contrario, el dinero no pesa tanto, Colombia tiene posibilidades de ser la potencial sorpresa del Mundial. Argentina podría también coronarse, pero necesita el azar de su lado y al genio iluminado.

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