Sexo: estos son los 6 problemas más comunes en la cama

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Laura Gambale
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4 de abril de 2019  • 12:10

Si bien las mujeres avanzamos de manera rotunda en el terreno sexual, aprendimos a decir "no" cuando nuestro compañero sexual (casual o estable) nos hace sentir incómodas o nos pierde el foco de lo que nos gusta, y hasta logramos avanzar sin tener necesariamente que esperar a que sea el otro (o la otra) el que proponga, la sexualidad sigue siendo un terreno complejo con mucho por develar.

Para abordar los problemas típicos que nos pueden pasar a nosotras o ellos en la cama, charlamos con Mariana Kersz, sexóloga y psicóloga especialista en parejas, que identificó 6 problemas que aparecen con frecuencia a la hora de buscar intimidad. Los miedos, la falta de deseo, la falta de erección, el vaginismo (dolor asociado a la penetración), la eyaculación precoz y la anorgasmia femenina.

Los problemas o síntomas sexuales tienen que ver con la manera en que las personas nos excitamos y en cómo respondemos a este estímulo sexual.

Falta de deseo

Al nivel del deseo, la falta de ganas sexuales es un problema mucho más frecuente de lo que imaginamos. Y muchas veces sucede que, aunque esté todo bien en la previa (en esa charla o cena o salida antes de tener sexo) no tengamos ganas porque no hay erotismo o fantasía suficiente. Muchas veces, la falta de deseo esconde otra cosa, que incluso puede darse en otro nivel de nuestra respuesta sexual. Así sucede muchas veces con los problemas de erección en los hombres y con la falta de lubricación en las mujeres. Entonces, por una o por otra cuestión se van las ganas de tener encuentros íntimos.

Miedos

También aparecen los miedos en relación con el sexo, se devela la educación sexual recibida en la infancia y el mandato sexual de nuestra cultura. Todo esto también hace que el deseo aumente o no en base a como nos sentimos.

Falta de erección y vaginismo

Al nivel de la excitación, suelen haber dos grandes trastornos. En el caso de los hombres, la falta de erección, o bien, que haya sido lograda pero que luego se pierda durante el juego previo. En las mujeres se trata del dolor al momento de la penetración, lo que se conoce como vaginismo. Ambos son casos de disfunción eréctil y para abordarlos habrá que preguntarse si es una situación repetitiva o es algo ocasional, si nos pasaba con otras parejas o solo en el caso actual, y qué hicimos como pareja (nosotras, ellos, y en conjunto) para resolverlo hasta ahora. En esta instancia es recomendable la consulta a sexología ya que se trata de una situación (no importa si es pareja casual o permanente) que está impidiendo tener una vida sexual plena.

Eyaculación precoz y anorgasmia

Por último, está el nivel del orgasmo, y aquí hay dos grandes dificultades bien marcadas: la eyaculación precoz, que le ocurre a los hombres que no logran controlar el momento de la eyaculación, y la anorgasmia en las mujeres, que en realidad está teñido de un mito que dice que el orgasmo vaginal a través de la penetración es la única manera de lograrlos, y esto no es así. El clítoris tiene el doble de terminaciones nerviosas que el glande del pene, e incluso estimulándolo se llega a tener orgasmos muchas veces hasta más placenteros y accesibles que los que ocurren en la penetración. Volviendo a los hombres que sufren eyaculación precoz, suelen llegar al consultorio sintiéndose muy incómodos, inhibidos, tal es así que empiezan a tener falta de deseo sexual y en muchos casos disminuyen al máximo las relaciones sexuales.

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Consejos para abordar los problemas en la cama

  • Por empezar, no alarmarse. Es prioridad tomar conciencia del propio cuerpo, animarse a cuestionarse y a conocerse sin entrar en pánico.
  • Indagar si eso que me molesta me pasa desde siempre o no, si me pasa con todas mis parejas sexuales o no, qué edad tiene mi actual pareja sexual (no es lo mismo un cuerpo de una persona fumadora compulsiva de más de 70 que de un deportista de 20, por dar un ejemplo extremo)
  • Es fundamental poder acompañarnos en pareja. Si es una relación eventual, es necesario ser empático, ponernos en el lugar del otro, no trasladar nuestra frustración a la otra persona. No enojarnos. No juzgar ni criticar. En parejas estables, lo ideal es consultar juntos a un profesional que nos ayude a indagar qué está pasando, porque muchas veces los síntomas sexuales en la cama remiten a conflictos más profundos en otras áreas de la pareja.
  • Reconocer el ciclo vital en el que nos encontramos también es de gran importancia, y esto se logra con ayuda de un profesional. Por eso está bueno animarnos a consultar.

Si analizamos de manera general los problemas más comunes de acuerdo con cada etapa, en la adolescencia podemos decir que lidera la eyaculación precoz, por ser un momento clave de exploración y de falta de dominio aún del propio cuerpo, y en la adultez la disfunción eréctil tanto en hombres como en mujeres. En el primer caso, el síntoma, a su vez, esconde un trastorno de ansiedad muy común en los adolescentes que tienden a masturbarse rápido por miedo a ser descubiertos, entonces eso les genera aún más ansiedad y se hace un círculo vicioso. En la adultez, la disfunción eréctil suele estar muy asociada a los conflictos cotidianos y frustraciones que muchas veces ocurren en otros planos (laborales, familiares, profesionales) y que se manifiestan en la sexualidad. Y sobre todo después de los 40 años, cuando comienza un leve deterioro del cuerpo, la frase en los hombres de esta edad que llegan al consultorio es "antes no me pasaba", a lo que la especialista responde que es probable porque su cuerpo está distinto, pero eso no quiere decir que no vayan a disfrutar más del sexo, sino que, como en un partido de futbol, cuando se es más grande, se empieza a jugar con más estrategia, compensando el nivel de desgaste físico que quizás 15 o 20 años atrás solía alcanzar.

Lo mejor de cada etapa en nosotras

  • Adolescencia: tiempo de descubrir cómo funciona la sexualidad, los primeros encuentros con nuestro cuerpo y con el de otra persona, es la etapa predomina la autoestimulación y la explosión hormonal.
  • Adultez: las hormonas se nivelan, y está bueno porque permite llegar a cierta estabilidad sexual y emocional. En el caso del embarazo se da algo muy particular respecto al deseo. Como hay una alteración nuevamente de las hormonas, algunas mujeres atraviesan estos meses con altos niveles de deseo sexual, y otras, en cambio, con bajísimo deseo. En cualquier caso, los pechos suelen estar más sensibles y la vagina y la vulva con mayor irrigación sanguínea, lo que favorece al momento del roce y de la penetración. Si bien la panza puede resultar un poco incómoda, sobre todo en el último tiempo del embarazo, las relaciones suelen ser de lo más placenteras y se pueden seguir teniendo hasta el mismo día del parto (siempre y cuando se esté cómoda y con ganas).
  • Menopausia: es un momento de mayor encuentro con una misma en el cual la experiencia adquirida a lo largo de los años compensa las dificultades de agilidad que quizás se pueda tener si se compara con la adolescencia. Suelen lograrse relaciones sexuales mucho más placenteras que en años anteriores ya que se trata de una etapa en la que la mujer conoce mejor a su cuerpo y a sus reacciones.

Experta consultada: Sexóloga y psicóloga Mariana Kersz, directora de Clínica de Parejas. www.clinicadeparejas.com. IG: @clinicadeparejas

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