Sexo: ¿para qué el autoerotismo?

El autoerotismo evita las demandas exigentes y la insatisfacción por el desajuste de los ritmos del deseo
El autoerotismo evita las demandas exigentes y la insatisfacción por el desajuste de los ritmos del deseo Crédito: Corbis
Nuestra columnista despeja algunas dudas sobre uno de los temas tabú de la sexualidad del ser humano y sus ventajas a nivel fisiológico y personal.
Marta Rajtman
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23 de junio de 2015  • 00:20

Si intentáramos definir el autoerotismo, podríamos decir que es la relación placentera que un individuo establece consigo mismo. Pero si ahondamos, también podemos agregar que es uno de los elementos fundamentales de la autoestima. Vamos a explicar por qué.

Cuando nacemos, nuestro cuerpo es pertrechado con una infinidad de recursos biológicos para que utilicemos a la hora de sobrevivir. Entre ellos, están las hormonas, que tienen funciones muy específicas. Por ejemplo, la adrenalina, que incrementa la actividad de los órganos, aumenta los umbrales sensitivos, agiliza los reflejos y establece los sistemas de alerta. En el otro extremo, encontramos las endorfinas, que relajan los músculos, adormecen las alertas y provocan las sensaciones de placer.

En la adolescencia, la masturbación nos induce al conocimiento del mecanismo fisiológico de la "respuesta sexual" y, sin ninguna duda, nos ayuda a expresar el deseo y a asociarlo a los objetos eróticos elegidos a través de nuestras fantasías mucho antes de que podamos establecer relaciones con los objetos reales. También le sirve a nuestro cuerpo para resolver los excesos de adrenalina, producto de situaciones estresantes, en desahogos endorfínicos que nos hacen recuperar el bienestar corporal y el sosiego psíquico.

Ya en la adultez, el autoerotismo cumple algunas funciones más: por un lado, nos permite experimentar placer, favorece y construye una imagen positiva de vos misma, aumenta la autoestima y es un camino sano a la hora de establecer relaciones con los otros desde la base de nuestra propia seguridad e independencia. Y, claro está, masturbarnos también nos habilita a expresar la energía sexual en las etapas de abstinencia. Otra función muy importante –y, sin embargo, poco conocida y, peor, asumida como conducta sexual incorrecta– es actuar como un regulador de los ritmos sexuales de la pareja. Así como es difícil encontrar dos personas iguales en constitución física o en carácter, también es excepcional encontrar dos personas con un idéntico ritmo de deseo. En la mayoría de las parejas, la frecuencia de deseo de uno de sus miembros no coincide con la del otro, o no siempre están acompasadas. Esto puede plantear graves problemas, porque si el que desea menos accede a las demandas del otro, en algún momento se verá forzado a tener relaciones sexuales no deseadas, y esto, a largo plazo, puede devenir en una crisis de pareja. Y si, por el contrario, el que más desea se adapta a la frecuencia del otro, el resultado será la insatisfacción.

Todo este cúmulo de problemas no ocurre en las parejas que tienen integrada la masturbación como un componente más de su relación. El autoerotismo evita las demandas exigentes y la insatisfacción por el desajuste de los ritmos del deseo. Claro que, para que sea así, hay que tener muy en claro que una cosa es el cariño y otra distinta es el deseo, y que la práctica masturbatoria no significa ni pérdida de afecto hacia el otro ni una traición al contrato de lealtad que tienen establecido.

¿Y qué actitud tenemos en particular las mujeres respecto de la masturbación? Podemos decir: "Me hace bien", "es agradable, pero me siento culpable" o "es agradable, pero me siento frustrada", o también es posible que puedas pensar: "No me produce ningún placer".

Todo es respetable, pero tené en cuenta que e ste simple mecanismo te permite descubrir tu cuerpo, aprender a gozarlo y adquirir una mejor comprensión de él, que derivará, sin dudas, en un mejor rendimiento del placer en tus encuentros sexuales con el otro.

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