Sexo: ¿qué es el capital erótico?

Crédito: Ilustración de Agustín Galikas.
Denise Tempone
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29 de marzo de 2019  • 17:53

La idea de que todas (y todos) contamos con un "capital erótico" que juega un rol primordial a la hora de definir nuestras relaciones y las posibilidades de nuestros proyectos nos da tanta curiosidad como bronca y adrenalina. Reconocer que el sexo y el erotismo siguen siendo importantes en la dinámica social puede ser inquietante, pero, para muchas, es también inspirador. ¿Por qué?

Tu capital... ¿qué?

"Una mezcla nebulosa pero determinante de belleza, atractivo sexual, cuidado de la imagen y aptitudes sociales que hace que ciertos hombres y mujeres resulten atractivos para los miembros de su sociedad". Así define el concepto de "capital erótico" Catherine Hakim, una doctora en Sociología y profesora de la London School of Economics, que en 2012 editó un libro con ese mismo título. Según Hakim, estamos acostumbrados a valorar el capital humano, es decir, los estudios, la formación, la experiencia laboral y, desde hace un tiempo también, el capital social: los contactos, amigos y la capacidad de vincularnos con personas que pueden ayudarnos a mejorar nuestro estatus social y estilo de vida. Ahora bien, no siempre estuvimos tan dispuestos a admitir "oficialmente" que lo que movilizamos en otros, en términos de atractivo sexual, puede incidir de forma muy concreta en los logros que conseguimos. Esta mirada, que a algunos les parece escandalosa, describe la importancia de la seducción en el mundo de las relaciones sociales y el dinero e invita, sobre todo a las mujeres, a reflexionar acerca del uso que hacemos de este capital.

Peligro: zona de sexo y decencia

Si el concepto de "capital erótico" nos incomoda tanto, probablemente sea porque nos invita a observar y a reconocer la manera sutil (o, bueno, no tan sutil) en que el sex appeal incide constantemente en nuestras pequeñas negociaciones cotidianas, tanto en el ámbito público como en el privado de nuestras existencias. Como si no supiéramos todos que el sexo vende, Hakim (y desde entonces, prácticamente todas las autoras que retomaron esta idea, entre ellas, la referente actual Virginie Despentes) tuvo que defenderse de las críticas de quienes piensan que esta interpretación del mundo hace apología de un uso "indecente" del poder sexual. Aunque efectivamente la lectura más radical de este enfoque desemboca en cierta "legitimación" de la prostitución, realmente no hace falta ir tan lejos ni ser tan literales para poder usarlo de otra forma. La idea de que todos, hombres y mujeres, contamos con un conjunto de recursos que se pone en juego a la hora de conseguir algo nos permite pensar de una forma más fría y distante si realmente estamos considerando todas las cartas que están bajo nuestra manga. Usarlas o no es, desde luego, una decisión personal.

¿Cómo se construye?

Entender la complejidad de lo que significa este capital es importante para desarticular su principal peligro, que es creer que existe una sola forma de ser sexy, de ser interesante y atractiva. Acá van algunas puntas para pensar sobre "tu patrimonio" más allá de lo físico.

Extendé tu comprensión del erotismo. Si nos cuesta mirar de frente el poder del atractivo físico, se debe a que, en gran parte, nos estresa. Y esto es porque solemos asociarlo a cualidades que se nos escurren de las manos o que nos son, directamente, inalcanzables. La eterna juventud, la justa delgadez, la turgencia y firmeza. Para complicarlo todo un poco, durante siglos nos lo han vendido relacionado también con ciertos rasgos físicos muy puntuales que solo tiene un porcentaje ínfimo del planeta. Comprender el erotismo más profundamente requiere una reeducación total de nuestro sentido de la belleza y afilar un poco la mirada para descubrir otros márgenes por donde circula el deseo.

Encontrá tu aura. Internet llegó para probar que es posible capitalizar nuestras singularidades. No hay solo un puñadito limitado de maneras de atraer. Lo revelador de todo esto es entender que, aun si nunca pensaste al respecto, algo siempre estás transmitiendo y adueñarte de esa información es parte de comenzar a reparar en tu capital.

Elevate sobre la literalidad. Aunque todas conocemos perfectamente la definición "mainstream" de lo que es deseable, hay vueltas mucho más sofisticadas que se expresan de manera abstracta:

1. El charme. El trato, los modales, "el don de gente", la capacidad de hacer sentir bien y especiales a las personas, suma mucho. Preguntalo, si no, en el mundo diplomático.

2. El sex appeal. No se trata de "mostrar" sexo ni de invitar al sexo, sino de sugerirlo. Acá entran la forma en que te movés, en que mirás, tus gestos personales, o sea, todo en lo que se basa tu lenguaje corporal.

3. La belle laide. Son todas esas cosas que podés hacer para emplazarte mejor socialmente: en resumen, diseñar una imagen que hable de quién sos, desde la postura hasta tus propios códigos ornamentales.

4. La vitalidad. La curiosidad, la inteligencia, la avidez, suelen hablar de un extra de energía disponible que, en general, nos resulta interesante. Es pulsión de vida, de goce, de alegría. ¿Quién no quiere ser parte de eso?

5. Tu autorrelato. Esta es la era del autorrelato. Todo el tiempo contamos quiénes somos, qué estamos haciendo, con quiénes estamos. Pensamos tanto en lo que decimos y mostramos de nosotros mismos que casi nunca reflexionamos sobre lo que no decimos ni mostramos. Y atención: es en lo que no se dice, no se muestra, no se sabe, en donde nace el erotismo. El "capital erótico" está ahí actualmente, flotando en muchas discusiones. En una era de replanteos constantes, nos despierta tanto miedo como fascinación. Tal vez lo más importante sea que nos despierte preguntas.

Qué leer

Para mirar el capital erótico desde todos los ángulos, te recomendamos estas dos lecturas:

  • Capital erótico. El poder de fascinar a los demás. De Catherine Hakim. Este es el libro que introdujo el concepto.
  • La cara oscura del capital erótico. De José Luis Moreno Pestaña. Esta es la mirada crítica sobre el primero .

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