Sexo: qué es el "punto P" y cómo estimularlo

Crédito: OHLALÁ!
Denise Tempone
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20 de mayo de 2019  • 13:46

¿Conocés la versión del punto G en el cuerpo masculino? Te contamos de qué se trata para que puedas sumar esta geolocalización a tu mapa sexual.

P de Prejuicio

El punto "P" es una parte bastante misteriosa del cuerpo de un hombre. En realidad, más que misteriosa, es una parte bastante censurada. Casi nunca la mencionan en la (poca) educación que recibimos y, al ser interno, ni siquiera es que podemos verlo en una porno. La mayoría de nosotras no sabemos bien "para qué se usa" y su función erógena parece más bien reservada a ciertos grupos: hombres gays, personas que ejercen prácticas de sumisión y dominación o almas particularmente libertinas. Lo cierto es que el punto P tiene, claro, la misma función, importancia y potencial de placer en todos los hombres de este mundo. El camino para liberar ese potencial, requiere, eso sí, acceder a cierta información y "desenredarnos" un poco de los ruidos culturales.

P de próstata

El punto P se refiere a la próstata. La próstata es un órgano glandular que funciona como una vejiga secundaria que ejerce presión para que el semen sea expulsado durante las poluciones y las eyaculaciones. Se ubica enfrente del recto, debajo y a la salida de la vejiga urinaria, aunque puede estar pegado a esta. Si la tocás, tiene forma de nuez y es súper sensible. De hecho, la cantidad de terminaciones nerviosas que la conforman hace de este punto una zona muy erógena. Muchos hombres pueden incluso llegar al orgasmo simplemente con su estimulación. El camino hacia esa estimulación empieza, bueno..., metiendo un dedo en su cola.

P de placer

La técnica "máster" para una estimulación directa del punto P consiste en meter el dedo lubricado en la cola de tu amante suavemente y, apenas entra, curvarlo hacia abajo, ligeramente. Después de eso, moverlo lenta y suavemente, es decir, dando un pequeño masaje. Quienes la tienen clara aumentan la sensación masajeando también el perineo, esa zona de piel que queda entre el ano y los testículos. Ahora bien, si todo esto es demasiada información, o demasiado estímulo, hay formas de explorar más amablemente, de una forma menos invasiva.

P de progresivo

Que a vos o a él les cause cierto rechazo la idea de un encare tan directo, no significa que no puedan expandir la acción. Existen maneras sexies y amigables de hacerlo sin necesariamente pasar la barrera del dedo. Acariciar el perineo, esa pielcita suave a la que casi nunca le prestamos atención, es una. Es especialmente efectivo en los hombres a los que les cuesta llegar al momento de "la explosión". La idea es simplemente acariciarla y, por ahí, hacer un poquito de presión cuando la cosa ya está en llamas. Podés aprovechar para hacerlo durante la clásica posición del misionero, cuando él está sobre vos, y también cuando le das sexo oral y la cuestión queda "a mano".

P de ¡put...!

El acceso al punto P, lo que implica llegar a él, representa para muchos hombres un desafío a la heterosexualidad. No son pocos los que creen que disfrutar de cualquier cosa que quede detrás de sus testículos y al final de su espalda puede tener ramificaciones "riesgosas" que desemboquen en el cuestionamiento de si acaso -¡horror!- serán gays. Esos hombres prefieren evitarse un dilema, equivocado e innecesario, pero dilema al fin. Para que tu amante pueda disfrutar de toooodo su cuerpo sin ese fantasma, tiene que entender, antes que nada, que la orientación sexual de una persona no se define por la zona del cuerpo con la que goza, sino por el género de la persona que lo hace gozar. Puede que se lo tengas que explicar, o puede también que él también ya esté en vías de "deconstruirse" por voluntad propia. Tanteá el caso que tenés entre manos.

P de paseo

En teoría, en la cama, todo se pregunta y todo se habla. En la práctica, a veces los amantes usamos vías menos convencionales para lograr revelaciones que nuestro partenaire tal vez ni conozca de sí mismo. Esto último habilita otras posibilidades, entre ellas, la libertad de comenzar un pequeño paseíto, una exploración, sin saber del todo qué reacción esperar de parte de tu compañero. El tema es así: si hablás del punto P en frío, probablemente un hombre te saque carpiendo o te evada. Pero si esperás mejor a que él esté derretido en tu cama para extender tu mapa de caricias, la reacción podría ser muy diferente. No se trata de "inducir" en forma tramposa, sino más bien de ampliar, inesperadamente, el menú de sensaciones.

P de poder

Hay una pregunta interesante que es, en definitiva, por qué hablamos de esto. ¿Qué placer nos da a nosotras esta idea? Puede que parezca que estimular el punto P de nuestro compañero no involucre directamente ninguna de nuestras zonas erógenas, pero es una concepción errada. Involucra nuestro principal órgano sexual: el cerebro. La complicidad, la confianza, el placer y el poder se ponen en juego cuando adoptás un rol poco convencional y transgresor.

P de ¡puaj!

También vale aclarar que esto de buscar el punto P no es una de las prácticas más estéticas ni higiénicas, y eso puede producir bastante rechazo en nosotras, que somos las que tenemos que ejercerla. En general, el asco habla de una ausencia de deseo real por encarar esa exploración y lo ideal es escuchar nuestras disgustos. En una era en la que "hacer y probar todo" parece ser un mandato, es bueno recordar que no hay por qué pedir todo lo que está en el menú. Nada en la cama es obligatorio, no todos los potenciales tienen por qué ser explorados ni los roles intercambiados.

Experta consultada: Mariela Tesler , coach sexual. Es autora del libro Ganas de vos, en el que explora temáticas actuales; info@mariatesler.com.ar

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