Sexo: sacá lo mejor de él

Crédito: Anahí Bangueses Tomsig. Producción de Virgina Gándola. Ilustración de Vale Boquete
A veces, solo podés ver sus defectos, pero vos sabés bien que si te concentrás en lo bueno, crece lo bueno. cinco claves para lograrlo.
Cecilia Tedin
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12 de julio de 2016  • 00:00

¿Por qué no dejar de alimentar los circuitos de la negatividad y crear nuevos surcos enfocando en lo bueno que existe en el otro y en vos? Es un buen modo de salir del lugar en el que te parece que estás haciendo algo para cambiar una situación, cuando la realidad te muestra que solo estás girando sin parar en la ruedita del hámster, enfocada en lo que no te gusta del que tenés al lado. "Nunca cocinás", "alguna vez podrías tener la iniciativa de organizar una salida, ¿no?", "cuando llora, te hacés el boludo", "siempre tenés la excusa del fútbol", reclamamos, y sí, puede ser cierto, pero solo ver lo malo lo encajona bajo una etiqueta. En cambio, cuando te conectás con su costado luminoso, no solo reconocés lo que sí hay, sus virtudes, sino que favorecés a que desarrolle sus debilidades lejos de la queja y más cerca de la confianza y el amor.

Moderá la insatisfacción

Hay que reconocer que a veces es difícil escapar a los mensajes del afuera: el bombardeo non stop de la publicidad y los medios te crea necesidades que jamás soñaste que ibas a tener, junto con la falsa promesa de que para ser feliz necesitás ese trabajo ideal, el último auto o celular, un cuerpo que no envejece, el viaje de tus sueños, la casa perfecta. Siempre hay una zanahoria nueva detrás de la cual correr para sentirte realizada. Pero, aunque la consigas, no te alcanza. El verdadero enemigo es, en realidad, la insatisfacción permanente, la idea de que no es suficiente y que siempre va a haber algo nuevo o distinto que te haga sentir mejor. Por eso, cuando aparezca la necesidad de que el otro cambie, está bueno que te preguntes qué es lo que de verdad le estás pidiendo. ¿No será que al quererlo distinto lo estás convirtiendo a él también en un ítem más de esa check list que querés conseguir para sentirte más plena? Darte cuenta de eso puede ayudarte a cortar con la dependencia y la idea de que la felicidad te la va a traer algo –o alguien– de afuera.

Apagá la crítica

Está demostrado que si estás con el faro del evaluador prendido las 24 horas del día, te alejás de la posibilidad de disfrutar y sentir. Aunque te parezca que es necesario estar en estado de alerta constante para que no se te escape nada, está bueno que los focos no estén siempre prendidos. El modo evaluador atenta contra el disfrute, y los momentos de oscuridad son necesarios para poder disfrutar con más intensidad los momentos de luz. Por eso, el gran desafío es aprender a encontrarle el gusto al claroscuro. En toda sombra hay luz, si no, no existiría la sombra. La vida es la mixtura entre ambas fuerzas, opuestos complementarios. Está bueno, entonces, probar desconectando el foco por un rato, sintonizar con los ciclos de la vida y la naturaleza, con sus ritmos de luces y las sombras. Dejemos que la oscuridad vaya cediendo paso a la luz.

Amá lo imperfecto

La mujer perfecta no existe, por ende, el hombre perfecto tampoco, y la pareja ideal es una utopía que se da solo en libros y películas. Lo sabés, y sin embargo perdés largas horas lamentándote y criticando a tu pareja porque no hace lo que querrías que hiciera o no es como te gustaría que fuera. Con la crítica, no solo derrochás energía y te mantenés en una ilusión que te aleja de lo real, también mirás desde un lugar de superioridad en el que te creés mejor que el otro y anulás la posibilidad de vincularte como pares, lo que genera un desequilibrio en el vínculo. ¿Y si en vez de mirar desde la falla probamos hacerlo desde lo que sí hay, tomando lo que el otro tiene para darte, en vez de lo que creés que te tendría que dar? Así, dejar de desear imposibles y empezar a tomar lo posible, sin conformismos.

Largá el control

A lo mejor te pasó: de pronto, te convenciste de que sabés cuál es la solución a los problemas del otro y te viste armando estrategias para lograr que empiece terapia, que haga tal curso o lea el libro que le transmita el mensaje de cambio que le querés hacer llegar. Desde ese lugar de control, creés que tu pareja y el vínculo tienen que ser de una única manera. Básicamente..., la que vos te imaginás. Pero ¿qué es lo que de verdad esconde esa necesidad de tener la manija? ¿Cuánto hay de miedo detrás de esa falsa sensación de poder, cuánto de falta de entrega para dejar que la vida siga su curso? Cada uno tiene su sabiduría, sus tiempos, sus formas. Nadie cambia porque vos se lo pidas, se lo exijas, cada uno cambia a su debido tiempo, como puede, como quiere. Por eso, creer que las cosas solo se pueden encarar de la forma en que nosotras nos lo imaginamos hace que nos perdamos la posibilidad de dar el espacio para que el otro actúe, y quizá dejarnos sorprender, y bloquea otros caminos posibles para aprender y evolucionar.

Abrite al misterio

Pensemos la pareja como un work in progress en el que podemos sumar cada día inspiración, creatividad y libertad para darle forma a esa obra inacabada que se va desplegando a la par de sus creadores. Entonces, como el pintor que se aleja para ver la obra que está pintando, está bueno cada tanto correrse de la escena y tomar distancia para ver y recuperar aspectos de la obra que permanecían ignorados y que cobran sentido en el gran cuadro. No todo tiene una explicación acabada, ni un trauma para descifrar, ni interpretaciones que iluminen la oscuridad. A veces se abre un gran "no sé". Tal vez ese movimiento nos ayude a detectar aspectos positivos del vínculo que estábamos dejando afuera, nos relaje en la confianza y nos permita mirar a nuestra pareja con nuevos ojos, sin tantas certezas y con más asombro y agradecimiento.

¿qué nos dice de nosotras?

Cuando algo en tu pareja te empieza a hacer ruido o te molesta demasiado, se convierte en la piedrita en el zapato que en algún momento te obliga a parar la marcha para ver qué hacer con eso. En vez de enojarte y pensar en matar al mensajero, aprovechá esa incomodidad para preguntarte por qué de repente te molesta tanto ese "defecto" que ves en el otro. ¿Estuvo siempre ahí y de pronto te empezó a hacer ruido? ¿Te refleja en algo? ¿Cuánto hay en vos de eso y todavía no te diste cuenta o no estás dispuesta a hacerte cargo? La sombra –esos aspectos negativos o positivos de nosotros que aún no logramos hacer conscientes– suele venir de la mano de nuestras parejas o de los que tenemos más cerca, para que la trabajemos y la integremos•

¿Sos de criticar mucho a tu pareja? ¿Qué rescatás de positivo en quien acompaña tu vida? Leé también: ¿Cuáles son tus límites? y Sexo: ama al prójimo ¿como a ti mismo?

Experta consultada: Lic. Inés Dates, nuestra psicóloga.

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