Sexo y pareja: "No soporto tu caos"

¿Qué pasa cuando, por más que exista todo el amor del mundo, no nos adaptamos al desorden del otro?
Fuente: OHLALÁ! - Crédito: latinstock
¿Qué pasa cuando, por más que exista todo el amor del mundo, no nos adaptamos al desorden del otro?
María Gabriela Palleros
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21 de febrero de 2017  • 00:20

Todo era perfecto hasta que decidimos compartir el mismo espacio. Una decisión que cuando se toma, debería una y otra vez, centrarse en considerar que no nos estamos yendo a vivir sólo con una persona, sino que estamos aceptando convivir con todo el universo que implica el otro. Aunque suene redundante, la mayoría de las veces, ese punto lo pasamos por alto, y nos sobreviene la sorpresa de encontrarnos con inconvenientes que no eran los que esperábamos.

La convivencia nunca es fácil y esto no es noticia para nadie, pero se vuelve realmente complicada cuando los detalles que hasta el momento eran inofensivos toman tanto peso que son capaces de desatar la tercera guerra mundial dentro de una pareja. Uno de esos detalles, sin duda, es el orden. A nadie se le ocurriría que una toalla húmeda en el piso o los platos sucios puedan generar un conflicto insalvable, pero cuando la convivencia está en marcha todas esas simples acciones están bajo la lupa del otro.

Nos proponemos que no nos va a molestar, que lo vamos a tomar con humor, pero al momento de lidiar con el caos del otro, se nos despierta la ira más profunda a no entender cómo vamos a poder vivir así. Pensamos que si la otra persona nos ama, va a cambiar, que después de todo no es tan grave, pero ese cambio que nunca llega, se termina transformando en la piedrita en el zapato que nos molesta todos los días.

¿Por qué nos detenemos en el orden? Porque además de ser un gran disparador de discusiones en la pareja, no sólo representa la forma de cómo acomodamos nuestras cosas, sino que tiene que ver con el modo en cómo vivimos. Según Marie Kondo, la autora de La magia del orden, la manera en que ordenamos nuestra casa, no sólo habla de nosotros mismos, sino también de nuestras estructuras. Por lo tanto, no es raro que cuando dos personas deciden vivir juntos, se choquen dos maneras distintas de ver el mundo.

No se trata de que uno tiene razón y el otro está equivocado, ni tampoco de que uno de los extremos sea el correcto, sino de evitar llegar al punto de no soportar la convivencia por razones que no tienen que ver en si con el amor sino con la manera de organizarse de cada uno. Frente a esta situación debemos tener en cuenta:

-La adaptación es un proceso llevado a cabo por los dos. No sucede de la noche a la mañana, como todo proceso, adaptarse lleva su tiempo, pero es importante comprender que no se trata de esperar que el otro cambie, sino que ambos debemos lograr la flexibilidad suficiente para poder aceptarnos.

-Establecer acuerdos. Esto se puede alcanzar si somos capaces de dialogar las diferencias. Si la comunicación en la pareja tambalea, no solo no vamos a poder resolver el conflicto del orden, sino que tampoco vamos a tener herramientas para afrontar ningún otro tipo de problema.

-Evitar abordar la situación desde la pelea. Cuando este tema se convierte en una confrontación constante, lo único que logramos es que el vínculo se vaya degastando cada vez más, hasta que se produzca su quiebre.

-Crear un espacio en común. Convivir es poder construir juntos, evitando que la manera de ser de cada uno se imponga sobre la de otro. Debemos lograr instalar una dinámica en la que ambos nos podamos sentir cómodos.

No soportar el “caos” del otro, no nos va a aportar soluciones, es importante ir más allá del enojo. Debemos soltar las estructuras rígidas, porque ambos vamos a necesitar ser permeables a los cambios para poder llevar a cabo nuestra vida en pareja. Ni yo tengo que ceder a tu mundo, ni vos te tenés que sentir incómodo con el mío, juntos debemos alcanzar ese punto en el que nos sintamos a gusto. Sin sobreadaptarse y sin querer forzar las situaciones, sino volviéndonos flexibles para poder crear una nueva estructura que nos incluya a los dos, como dice una famosa frase, amar no es mirarse el uno al otro, sino aprender a mirar juntos en la misma dirección.

¿Y vos? ¿Pasaste alguna vez por una situación similar? Más notas: Sexo y pareja: ¿por qué me limitás? y ¿Puede existir la amistad entre el hombre y la mujer sin pensar en sexo?

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