Sexo y pareja: “Sos demasiado sensible”

Crédito: latinstock
¿Qué sucede cuando es todo un desafío poder convivir con la extrema sensibilidad de nuestra pareja?
María Gabriela Palleros
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28 de septiembre de 2017  • 00:00

Es importante empezar diciendo que no significa que nos moleste que nuestra pareja nos exprese sus sentimientos, sino que nos referimos a cuando la sensibilidad de quien tenemos al lado llega al extremo de condicionar nuestro comportamiento. Se trata de esas personas con las cuales siempre hay que tener un cuidado especia l con como se dicen y hacen las cosas para que no le afecten o lastimen sus sentimientos. A ellos todo los vuelve vulnerables, y siempre encuentran la oportunidad para que sus emociones estén en el centro de la escena. Por un lado amamos a la persona, pero por el otro, se nos vuelve casi imposible poder compartir libremente situaciones sin que terminen en un conflicto por este tema.

Cada pareja sabe cómo llevar el modo de ser de sus miembros, conoce como manejar su propia dinámica, pero cuando uno de los dos siempre está al cuidado de que al otro no le afecten las cosas, se genera una rutina estereotipada que termina por eliminar toda clase de espontaneidad existente en el vínculo. Este punto no es menor porque una relación en la que no nos podemos desenvolver con naturalidad va perdiendo la flexibilidad necesaria para sobrevivir a cualquier tipo de crisis.

Si constantemente vivimos buscando la forma de sortear la extrema sensibilidad de la persona que tenemos al lado para que la convivencia sea posible, terminamos sobreadaptandonos a cuestas de la nuestra. Poner siempre el foco en los sentimientos del otro, lleva a que no lo hagamos con los propios, dado que estamos más ocupados en ver cómo lo va a tomar nuestra pareja en vez de detenernos en lo que nos sucede a nosotros mismos.

Cuando este tema se vuelve recurrente los conflictos van a estar a la orden del día, porque querer mantener una dinámica que sólo resulta funcional para uno de los miembros de la pareja, alimenta una tensión que tarde o temprano termina repercutiendo en el vínculo. Por eso mismo es fundamental trabajar este tipo de situaciones antes que llegue a puntos extremos. Para esto es importante:

-No sobredimensionar los sentimientos del otro sobre los nuestros. No siempre uno es “el débil” y el otro es “el fuerte”, esos roles deben ser dinámicos y cambiantes, para que ninguno cargue eternamente con el peso emocional de todas las situaciones.

-Los dos deben sentirse comprendidos. Ambos necesitamos sentirnos cuidados por el otro. La fuerza de una pareja subyace en la manera que encuentran para transitar y compartir juntos todas las situaciones que les presenta la vida.

Formar una pareja, es poder meternos en el mundo emocional del otro y a su vez dejar que entren en el nuestro. No todos nos manejamos de la misma manera con nuestros sentimientos, ni nos repercuten igual todas las cosas, por eso aprender a conocerse en ese plano no es un trabajo sencillo y requiere que ambos sean permeables a la hora de mostrarse ante el otro. Cuando eso no se logra, y en la relación siempre se priorizan los sentimientos de uno de los dos, la libertad y la sinceridad a la hora de expresarnos se va limitando y acomodando en función de lo que le afecta a la otra persona. Necesitamos romper esa dinámica y comunicarle al otro qué es lo que nos pasa, para que ambos logremos ser conscientes de la situación. Muchas veces la falta de registro del conflicto es lo que le da el carácter de permanente al mismo, haciendo que se transforme en una crisis, por no haberlo puesto en relieve antes.

Si la extrema sensibilidad de nuestra pareja se convierte en un problema para la relación, tratar de acomodarse a la situación, sólo postergará la crisis, dado que cuando lleguemos al punto de no poder sostener más esa rutina, la forma de expresárselo al otro va estar cargada de enojo. Por lo tanto, nos costará generar un dialogo que aporte soluciones, y nos quedaremos atrapados en discusiones eternas intensificando cada vez más el conflicto, porque como se suele decir, cuando nos quejamos desde el hartazgo, nunca encontramos las mejores palabras, sino que terminamos encontrando la mejores ofensas.

¿Y vos? ¿ Qué opinas? ¿Tuviste una pareja extremadamente sensible? Más notas: Por qué el amor nunca "cierra" y Pareja: "¡Siempre elegís vos!"

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