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Bestiario

Shaggy fue atacado por un lobo en la zona de exclusión de Chernobyl y así lo rescataron

Jimena Barrionuevo
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29 de octubre de 2019  • 16:23

Fueron tres días de intensa búsqueda y preocupación alrededor de la planta nuclear de Chernobyl, en Ucrania. Los habían visto, sabían que estaba lastimado y que sus heridas eran severas. Pero Shaggy no aparecía. Hasta que finalmente dieron con él. Inmediatamente lo trasladaron al centro veterinario que habían montado con esfuerzo para asistir a los perros que habitan en la zona y cruzaron los dedos para que llegara con vida al lugar.

Una vez en la consulta, el médico indicó que Shaggy debía ser intervenido para poder limpiar y cerrar sus heridas quirúrgicamente. Había sido atacado por un lobo, uno de los depredadores con los que deben enfrentarse los caninos que quedaron abandonados a su suerte luego del accidente que ocurrió en la década de los ´80. "Le pusimos Shaggy, porque tenía el pelo largo y cubría sus ojos. Calculamos que tendría unos tres años en el momento en que lo rescatamos. Luego lo esterilizamos y lo vacunamos", cuenta Lucas Hixon, uno de los voluntarios de la Fundación Clean Futures, que empezó a trabajar con los perros de Chernobyl en 2017. Lo hicieron a través de un programa de esterilización y vacunación para ayudar a mejorar la salud y el estado de los perros. Al año siguiente, ya pudieron comenzar a rescatarlos y darlos en adopción.

Shaggy es uno de los tantos que habitan la planta de energía nuclear de Chernobyl. Y aunque muchos creen que la zona carece de vida, la realidad allí es otra: más de 3.500 personas cada día trabajan en diversas instalaciones entre más de 250 perros callejeros que deambulan por casi todas las áreas, incluidas las interiores y controladas. Los trabajadores han adoptado a los perros de alguna manera y guardan restos de sus propias comidas para alimentarlos.

Estos perros son descendientes de las mascotas que no pudieron ser evacuadas con sus familias en 1986. Se estima que son más de 250 los que viven alrededor de la planta de energía nuclear de Chernobyl, unos 225 aquellos que habitan en la ciudad de Chernobyl, y cientos de otros que circulan por varios puntos de control de seguridad y deambulan por la zona de exclusión. Esa fue una de las razones por las que Hixon y Erik Kambarian comenzaron a trabajar para y por los perros. "Vimos que había graves problemas sociales y de salud que no se estaban abordando. Crecimos amando esta comunidad de trabajadores y a los afectados por el desastre nuclear de Chernobyl y queríamos brindarles apoyo".

Es que la zona de Chernobyl posee un entorno muy peligroso para los animales que viven allí abandonados. Quedan expuestos al duro invierno de Ucrania, así como también a los depredadores del área y a la falta agua fresca y comida. "Antes de comenzar con nuestro programa, cientos de perros nacían y morían debido a las situación a la que se enfrentaban. Pudimos montar una clínica de esterilización y hacemos programas de vacunación, además que brindar dos chequeos anuales a cada perro que asistimos. Hemos rescatado y dado en adopción responsable a más de 40 cachorros, y estamos trabajando para establecer un santuario permanente para los perros que se encuentren en la zona de exclusión de Chernobyl", agrega Hixon.

Para recaudar fondos, además de las donaciones que reciben a través de la Fundación, Hixon y Kambarian ofrecen una experiencia solidaria a través de la plataforma Airbnb, para que los interesados en colaborar puedan conocer de primera mano de qué se trata la tarea que allí realizan. Todas las ganancias generadas por las reservas son destinadas a los gastos veterinarios, de alimentos y asistencia a los perros del área.

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