Sídney. Guía para moverte y aprovechar al máximo tu estadía

Crédito: Sofía Stavrou.
Sofía Stavrou
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23 de enero de 2020  • 14:38

Si hago memoria, no recuerdo exactamente qué hice mi primer día en Sídney, pero de lo que no puedo olvidarme es de que, la primera mañana de sol y calorcito, me subí a un bus en pleno centro y en menos de cuarenta minutos me bajé enfrente del mar. Caminé unas 5 cuadras y me asomé a ver la playa desde un balcón sobre la vereda: me encontré con una pileta gigante construida sobre rocas ¡dentro del océano! Me habían hablado del famoso Bondi Icebergs Club, pero la sorpresa fue mucho más impactante cuando vi con mis propios ojos esas olas enormes rompiendo en las esquinas de la pileta y salpicando a los nadadores locales. Del otro lado, sobre la terraza del club, también con vista al mar, comenzaba una clase de yoga. A pocos metros de la playa, un grupo de surfers se preparaba para entrar al agua. Y más abajo, a lo largo del Coast Walk, podía ver a los corredores y a los locales paseando a sus perros en una caminata que bordea toda la costa de Bondi Beach. Antes de elegir mi actividad playera preferida (o decidir si alquilaba una reposera y una sombrilla por 20 dólares y me tiraba a leer mi libro de viaje), crucé a la vereda de enfrente, en donde hay un cafecito al lado del otro, y entré a Preach Café para disfrutar de un desayuno potente y cargar pilas para una nueva aventura en Sídney a puro disfrute.

Porque acá, las preocupaciones se dejan en la valija: ya lo dicen sus locales cada vez que les agradecés por algo: "No worries", es su manera de decir "de nada" y cada vez que lo escuches te vas a acordar de no preocuparte y solo ocuparte de disfrutar todo el día.

Elige tu propia aventura

En esta ciudad cosmopolita, la más grande y poblada de Australia, cada día tenés la posibilidad de elegir tu propia aventura. ¿Tenés ganas de escaparte a la playa sin perder tiempo viajando? En 30 minutos podés zambullirte en las olas del Pacífico y dormir una siesta playera en la arena ¡o hasta anotarte en una clase de surf! ¿Sos fan de la naturaleza pero no querés irte de la ciudad? Vas a poder explorar uno de los jardines botánicos más espectaculares del mundo y sentirte Alicia en el país de las maravillas por unas horas. ¿Preferís los programas culturales? Vas a deleitarte con muchísimas opciones: desde festivales de escritura y museos de arte hasta las obras de arquitectura más innovadoras. ¿Tenés ganas de hacer vida local? Podés comprar productos orgánicos en los mercados de los barrios, tomar el tranvía, responder tus mails desde alguno de los cafés más instagrameables que hay en el distrito financiero y salir de copas por bares escondidos a los que no llegan los turistas. Y si el buen comer es esencial en tu paso por un nuevo destino, estás en el lugar correcto: en Sídney la oferta de cocina internacional es sorprendente y súper tentadora.

¿Por dónde empezar?

Crédito: Sofía Stavrou.

Una zona estratégica y en donde se encuentran la mayoría de las atracciones más copadas de Sídney es alrededor del puerto Circular Quay. Este es un buen punto para empezar tu itinerario en la ciudad y tomarlo como referencia de partida en tu mapa. Desde ahí podés seguir el recorrido hacia los puntos de interés que vas a encontrar en la zona de CBD (Central Business District) y barrios como The Rocks, por ejemplo (¡el más antiguo de la ciudad!). Y para el final, podés dejar las zonas más alejadas (¡aunque no tanto!) de playas y montaña.

6 clásicos imperdibles

Crédito: Sofía Stavrou.

Si bien Sídney es una ciudad en constante innovación, hay clásicos que están siempre vigentes y que son un must en tu visita:

Royal Botanic Garden: este jardín botánico de 30 hectáreas es el oasis perfecto para un pícnic en la ciudad o una caminata en el verde recargando energía. También podés participar de actividades sustentables y tours. Si vas con chicos, hay opciones de actividades para ellos. Más info: www.rbgsyd.nsw.gov.au

Opera House: el famoso complejo de teatro, ballet y ópera diseñado por el arquitecto Jørn Utzon es el símbolo de la ciudad. Podés conocer el edificio por fuera de manera gratuita y acceder a los tours guiados pagando un ticket según el tipo de visita que prefieras. No te vayas sin antes tomar tu trago preferido o picar unas sweet potatoes en el Opera Bar con vistas a la bahía y al Harbour Bridge. Más info: ww.sydneyoperahouse.com

El museo de arte moderno, uno de los imperdibles de la ciudad.
El museo de arte moderno, uno de los imperdibles de la ciudad. Crédito: Sofía Stavrou.

Museo de Arte Moderno: es una visita obligada en tu paso por el puerto de Sídney. Abre todos los días de 10 a 17 y la entrada es gratuita. No te pierdas el café en la terraza ni el shop, en donde vas a encontrar libros de arte, postales ilustradas y piezas de joyeros locales. Más info: www.mca.com

Sydney Tower Eye: podés acceder a su observatorio a 250 metros de altura para ver la ciudad en 360°. Podés comprar el ticket online y si llega a tocarte mal tiempo, ¡no te preocupes! Con tu entrada tenés garantizada una nueva visita dentro de los siguientes 7 días. Más info: www.sydneytowereye.com.au

The Rocks Market: los fines de semana funciona un mercado con puestos de comida, artesanías y piezas vintage en las calles de adoquines y faroles de uno de los barrios más antiguos de la ciudad. También hay músicos que tocan en vivo y workshops de arte y manualidades gratuitos el último sábado de cada mes.

Milsons Point: para disfrutar de las mejores vistas al Harbour Bridge y el Opera House desde el agua, lo ideal es cruzar con el taxi ferry desde Circular Quay hasta Milsons Point.

Vamos a la playa

Crédito: Sofía Stavrou.

Una de las mejores opciones cuando quieras un descanso de la ciudad es la posibilidad de estar en la playa, ¡en menos de una hora! Lo ideal es que te organices para pasar el día y disfrutes del mar hasta el atardecer. Las mejores playas (y las más cercanas) son Bondi y Manly Beach.

Bondi beach

Esta playa es un ícono de Sídney y es la preferida por surfistas y deportistas. El Coast Walk es una travesía costera que bordea el mar y es la actividad perfecta si tenés ganas de aventurarte en una caminata de 6 kilómetros o unirte a los grupos de running.

En la playa podés alquilar reposeras, sombrilla y hasta toallas. También hay alquiler de equipo para kayak y stand up paddle. Y si tenés ganas, hasta podés sumarte a una clase de yoga enfrente del mar en la terraza del Iceberg Club. Acá también vas a encontrar la pileta de agua salada más fotografiada de Australia: acercate desde los balcones de la calle para ver desde la altura cómo rompen las olas al borde de la pileta mientras entrenan los nadadores locales.

Si llegás temprano y todavía no desayunaste, podés pasar por Preach Cafe y pedirte un bowl de yogur de coco, granola y frutas o la tostada de palta con un tazón de café latte. Y si no querés cortar el día playero para el almuerzo, podés comprar la comida en Lush, justo detrás de la playa, en donde te preparan todo para llevar, y comerlo en tu reposera. Al atardecer, la calle principal es una de las movidas after beach más entretenidas: hay muchísimos barcitos, cafés y tiendas de diseño que son furor. ¡No te vayas de Bondi sin probar los helados de Anita!

Cómo llegar: desde el centro, con el bus 380 o el 333. ¡Te bajás enfrente del mar!

A menos de una hora del centro, tenés playas increíbles para todos los gustos
A menos de una hora del centro, tenés playas increíbles para todos los gustos Crédito: Sofía Stavrou.

Manly Beach

Si llegás a Manly, vas a encontrar la playa principal que lleva su nombre después de atravesar la avenida peatonal The Corso, que está repleta de negocios y cafés (divino para pasear cuando baja el sol). Pero si caminás hasta el extremo derecho de la playa y te aventurás por el sendero Cabbage Tree Bay Coastal Walk, vas a llegar a Shelly Beach: un refugio natural con mar sin olas, rodeado de vegetación (¡y lagartos!), en el que vas a estar más tranquila.

Para almorzar hay espacio con mesas públicas y parrillas de uso común, pero si no llevaste provisiones, podés disfrutar de una comida frente al mar en The Boathouse: esta casa playera y su menú de verano son amor a primera vista.

Cómo llegar: con el ferry que sale desde el puerto de Sídney. El precio del ticket ida y vuelta es de $18 y el viaje dura 30 minutos.

Harbour Bridge

El Harbour Bridge iluminado es una de las postales más buscadas de Sídney.
El Harbour Bridge iluminado es una de las postales más buscadas de Sídney. Crédito: Foto getileza de Juan Diego Ap

Es el puente más famoso de la ciudad y, con sus 1100 metros de largo, conecta el centro financiero con la costa norte de Sídney. Podés cruzarlo caminando para ver diferentes ángulos de la ciudad desde la altura y, si te animás, podés vivir la experiencia de escalarlo hasta la cima a más de 100 metros del mar. Más info: www.bridgeclimb.com

Los platos más ricos

Crédito: Sofía Stavrou.

La cocina de Sídney es internacional y fusiona diferentes sabores del mundo, porque así es la cultura de la ciudad. Vas a encontrar desde opciones asiáticas ¡hasta argentinas!

  • Jamie's: es el primer restaurante del famoso chef Jamie Oliver en Australia y la especialidad es la comida italiana. Todas las opciones de pastas son megatentadoras. Para la entrada, no pases por alto el garlic bread (un pancito con manteca de ajo y parmesano) o los chips de polenta.
  • Pony: este restaurante de cocina moderna australiana está inspirado en las técnicas de la parrilla argentina. El toque más lindo es la mesa comunitaria en la terraza entre velas, bombitas y plantas colgantes que hacen la experiencia gourmet mucho más cálida.
  • Felix: si querés vivir una experiencia muy parisina en una callecita escondida en pleno Sídney, este es el lugar indicado. A la hora del postre, vas a tener que elegir entre los profiteroles o el suflé de mandarina y lima.
  • The Butler: la estética del lugar es tan inspiradora que vas a sentirte adentro de Pinterest por un buen rato. Hay opciones gluten free y vegetarianas y cada plato está servido como si fuese una obra de arte. ¡Te va a copar! Además, hay vistas privilegiadas a Sídney desde sus ventanales y terrazas.

Cómo llegar

Con Air New Zealand hay vuelos directos desde Buenos Aires a partir de US$1235.

Cómo moverte

El transporte es un poco caro, pero está muy bien organizado y conecta todos los puntos de la ciudad. Para manejarte más fácil, lo mejor es comprar una Opal Card (es tipo la SUBE) e ir recargándola. La tarjeta no tiene costo extra, sino una carga inicial de 20 dólares australianos, y podés conseguirla en el aeropuerto o en kioscos. Te sirve para colectivos, trenes y ferries.

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