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Sin buscarlo. Encontró a su media naranja en Google, pero en el edificio, no en la web

Señorita Heart
(0)
4 de octubre de 2019  • 00:10

"¡Qué top esta comida. Nunca un paty ¿no?", dijo Roger (29) mientras todos degustaban los exquisitos platos que acababan de servir en una mesa dispuesta para la ocasión. Finger food para comenzar, un risotto de calabaza y roquefort que quedaría para el recuerdo y una mousse de chocolate para cerrar, habían dejado a todos los asistentes a ese curso sin palabras. Agustina (28) no pudo evitar soltar una carcajada cuando la conversación ajena liderada por Roger entró en su radar auditivo.

Inmediatamente Roger la divisó entre los que lo rodeaban y se acercó sin perder un segundo en pensarlo. "No tengo un registro exacto de las primeras palabras que cruzamos pero mi siguiente recuerdo claro es estar conversando con aquel chico gracioso sobre qué hacíamos cada uno, nuestros gustos musicales y la invitación -cuando supo que yo era cantante y que tocaba el piano - a armar una banda de tributo a Deep Purple ¡ya que le hacía falta alguien para los teclados! Estaba sorprendida de todas las cosas en común que teníamos".

Agustina, el día en que rindió la última materia de la carrera de Comunicación en la Universidad Nacional Villa María.
Agustina, el día en que rindió la última materia de la carrera de Comunicación en la Universidad Nacional Villa María.

Esa mañana Agustina había llegado temprano a las oficinas de Google en Puerto Madero, en la Ciudad de Buenos Aires para asistir a un Taller sobre Periodismo de Investigación en la Era Digital. Se había tomado un micro desde Villa María, en la ciudad de Córdoba, que la había dejado a las 6 de la mañana en la estación Retiro. "El curso era a las 9. Pensando que iba a poder tomarme un café por ahí cerca, me subí a un taxi y me fui a Puerto Madero, donde están las oficinas de Google. Todo cerrado. Así que estuve casi tres horas parada sola en un negocio de hamburguesas de Alicia Moreau de Justo. Un colega de Villa María llegó después y charlamos un rato antes de entrar".

El curso se desarrolló a lo largo de toda la mañana, con distintas charlas. Agustina estaba contenta: disfrutaba poder capacitarse y conocer nuevos escenarios. Este, sin duda, era uno particularmente curioso. "Por mi alma inquieta, con mi carrera como periodista y comunicadora en marcha, siempre fui de buscar y hacer cursos, actualizaciones o lo que tuviera a mano. Así fue que llegué ese día a Google. Lo más gracioso es que, cuando lo pienso a la distancia, de todas las veces que abrí el navegador para buscar algo, jamás pensé que -sin intenciones de buscar nada- fuera a encontrar el resultado más lindo que me dio la vida: a él".

Verón y un contrato más allá de la lectura

Después del almuerzo, Agustina y Roger continuaron escuchando los contenidos de la capacitación y, en la hora del break de la tarde, intercambiaron conceptos sobre Bourdieu y Eliseo Verón. "Hablamos sobre el contrato de lectura y algunos conceptos académicos. Además me contó sobre su tesis, que había sido sobre la historia del periódico Buenos Aires Herald y cómo vinculó las teorías de Comunicación con historia y su entrevista a Robert Cox como parte del trabajo. ¡Eso me fascinó! Su intelectualidad mixada con un humor único me parecieron maravillosas. Y también ahí descubrimos que compartíamos la pasión por la música y que cumplimos años en junio, con un día de diferencia".

Antes de despedirse Roger le preguntó a Agustina qué planes tenía para esa noche. Ella le respondió que tenía pasaje para regresa a Villa María. Se agregaron como amigos en Facebook y ella contenta de haber podido conocer una persona interesante. Comenzaron a conversar por ese medio, hasta que intercambiaron teléfonos y Whatsapp que fue por donde hablaron más adelante. "Aquí podríamos decir que nuestra compañía telefónica se dio cuenta que las llamadas gratis entre celulares habían sido una mala idea. Roger es de San Antonio de Areco, así que necesitábamos acortar las distancias de alguna forma. El primer tiempo hablábamos hasta cuatro horas seguidas por teléfono. Después comenzaron los viajes, primero cada quince días y después todos los fines de semana. En cierta forma fue un desafío, pero al mismo tiempo esa distancia solidificó la relación a lo largo de dos años. ¿Fácil? No. ¿Posible? Hicimos el intento".

Rayuela y una historia por contar

Ninguno de los dos lo había verbalizado pero se encontraron en el momento justo y preciso. Ni antes ni después. "Mis relaciones anteriores habían sido de varios años y cuando lo conocí a él estaba buscando la salida a un vínculo que ya había cumplido un ciclo y se estaba tornando negativo. Sinceramente yo no estaba buscando nada pero el tiempo acomodó todo de manera acertada para que surgiera algo más entre nosotros".

Por su parte, Roger quería encontrar a alguien con quien compartir el camino, pero no estaba buscando a esa persona particularmente. "Es por eso que la frase de la novela Rayuela de Julio Cortázar, andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos calzó perfecto en nuestra historia. Y así fue que mi primer regalo para él fue Rayuela, un libro que me leí en una semana subrayando todas las oraciones que, me parecía, hacían referencia a nuestra historia".

Así, ambos descubrieron virtudes que no imaginaban en su interior. Desde la fortaleza para llevar una relación a la distancia, hasta la paciencia infinita para que el vínculo siguiera creciendo en todo sentido. "Si una relación normal ya es todo un tema, a 500 km, cada uno con su historia, alegrías, enojos, tristezas, buenos momentos y otros no tantos, se hizo cuesta arriba. Nos apoyamos mucho en la historia de un amigo, quien conoció a su esposa en un voluntariado en Egipto. Él de acá, ella de Brasil. Mucha más distancia. Dos años después se casaron".

Una vez solidificado el encuentro entre los dos, llegó el momento de dar el siguiente paso. Ya se habían mudado juntos a un departamento en el barrio de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires. "La propuesta llegó un jueves de julio por la mañana en el departamento donde vivimos, de una forma muy sencilla. No se arrodilló porque no es algo que vaya con nuestro estilo pero fue muy lindo. Nos vamos a casar en San Antonio de Areco, lugar de su infancia y donde está su familia. Siempre nos gustó la idea de hacerlo allí, rodeados de nuestros seres queridos, aliados claves de cada paso de nuestra relación. Tanto su familia como la mía fueron piezas importantísimas que apoyaron nuestra pareja y nos acompañaron y acompañan en cada paso.

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