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Cor@zones

Sin saberlo. Se seguían los pasos hasta que un encuentro impensado los unió

Señorita Heart
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20 de marzo de 2020  • 00:28

Una y otra vez Agustina Ribeiro le había implorado al universo que le enviara al amor de su vida, un amor verdadero que la acompañara para el resto de sus días. Sí, era cierto que, con 23 años y luego de haber pasado un año entero recorriendo Nueva Zelanda, muchos la podían tildar de soñadora. Pero ella no perdía las esperanzas y confiaba en que, algún día, quizás en el lugar menos pensado, aparecería.

Había regresado a Buenos Aires decidida a darle un espacio en su vida a su vocación: la música. Y, para ello, había organizado sin demora su agenda. Pero primero lo primero. Buscó trabajo y se aseguró un ingreso fijo. Enfocada, Agustina se mantuvo en ese camino por ocho meses hasta que un buen día, mientras discutía algunos temas laborales con sus compañeras de oficina, alguien le sugirió que se presentara con el recién llegado.

"Siempre fui muy amable con los nuevos pero ese día no tenía ganas de hablar con nadie. Sin embargo, al verlo allí sentado, solo, cambié de opinión. Lo saludé, me dijo que se llamaba Rodrigo y mencionó, al pasar, que acababa de llegar de Nueva Zelanda. Inmediatamente tuvo toda mi atención".

Todo sucedió muy rápido. La conexión fue mágica desde el minuto cero. "Me gustó su sencillez, su capacidad de aceptar al otro tal cual es, su caballerosidad, su deliciosa comida y que, desde que me conoció, me amo, sentí su amor hacia mí".

Una piedra en el camino

Las charlas de oficina pronto se convirtieron en salidas. Las salidas dieron paso a encuentros cada vez más frecuentes y, de un momento a otro, la convivencia se transformó en un hecho. "Estábamos planeando nuestras vacaciones para pasar año nuevo en Buzios, en Brasil, donde teníamos la fantasía de vestirnos de blanco, a modo de ritual de festejo como hacen allá. Llegar a destino fue una prueba de fuego. Habíamos comprado un pasaje barato que tenía escala en San Pablo. No sabíamos que teníamos que cambiar de aeropuerto para conectar con el próximo destino, Río de Janeiro. Todo se complicó".

Lograron cambiar a tiempo de aeropuerto y llegar a alquilar el auto para manejar cuatro horas hasta Buzios el mismo 31 de diciembre. Parecía que finalmente la tensión había cedido y todo estaba volviendo a su lugar. Pero el auto de descompuso, tuvieron que esperar a la asistencia mecánica tres horas sobre la ruta y llegaron a Buzios cuando el sol se estaba poniendo. "Llegamos en un taxi, insolados, fuimos al lugar que habíamos alquilado, nos bañamos, nos vestimos de blanco y salimos a caminar y a buscar un lugar donde cenar".

La odisea valió la pena. El restaurante donde comieron era hermoso, frente al mar y ambientado con velas. Rodrigo estaba nervioso. ¿Sería por el estrés del viaje? Luego de cenar, fueron al muelle y esperaron hasta las 12 para brindar. Con las luces de los fuegos artificiales que iluminaban el cielo, Rodrigo abrazó a Agustina, le dijo que la amaba y lentamente sacó de su bolsillo una cajita de madera con un anillo en su interior.

"La propuesta fue como la de un cuento de hadas. Emocionada y con lágrimas en los ojos le dije que sí, que lo amaba y que quería compartir mi vida con él". Acordaron que se casarían el 20 de diciembre del año siguiente y pusieron en marcha todos los preparativos.

Cambio de planes

"Teníamos una vida de confort, trabajos, emprendimiento de cocina (Rodrigo es chef) y un hogar. Pero pasó el tiempo y sentíamos que queríamos algo más. Entonces decidimos viajar a Francia para que él se perfeccionara y yo aprendiera pastelería. A futuro, queríamos expandir nuestro negocio de desayunos y meriendas a domicilio. Pero el destino tenía otros planes para nosotros".

Antes de concretar ese paso, Agustina decidió prepararse espiritualmente. Comenzó a tomar clases de meditación, a practicar yoga y hacer actividades que la conectaran con su mundo interior. "En esas clases tuve la revelación de que mi futuro era cantar, no cocinar, que ese sueño no era mío, pero que con la cotidianidad, estaba postergando mis sueños. Tomé el coraje de plantearle el tema Rodrigo y le dije que no quería ir a Francia. Pero que anhelaba probar suerte en Méjico. ¿Por qué Méjico? Años atrás había tenido la oportunidad de ir a cantar. Pero era chica y postergué la propuesta que me habían hecho. Sin embargo, guardé el deseo en mi corazón y creo que ese fue el momento de darle su espacio".

Rodrigo no estaba entusiasmado con la idea. Agustina le proponía cambiar sus estudios en la meca de la gastronomía por un destino que apenas conocían. Pero sabía que era el momento de apoyar a su compañera. En un mes y sin contarle nada a nadie, armaron la documentación. Ella solicitó una visa de artista y él, la de turista.

Al son del ukelele

Llegaron a Méjico, les costó adaptarse. Rodrigo golpeó puerta por puerta en los restaurantes argentinos pidiendo una oportunidad y buscando la posibilidad de conseguir sus papeles. Luego de un mes de incertidumbre, las chances de seguir así se acortaban, hasta que apareció un el dueño de una cadena de restaurantes que les ofreció ayuda: le dio un puesto de trabajo a Rodrigo y lo ayudó a tramitar sus papeles.

"Yo estaba haciendo castings cuando un terremoto de 8,6 hizo temblar el país y los corazones. Muy asustados, esa misma semana decidimos irnos a Estados Unidos. Y me di cuenta que nadie iba a creer más en mí que yo misma. Entonces decidí viajar por el mundo con mi ukelele, haciendo videos en lugares paradisíacos y únicos, mientras componía y producía mi propio disco como solista, mi propia música". Con el tiempo, vino un nuevo sueño y desafío como pareja. Compraron un bus escolar en California, y lo transformaron en casa. El viaje comenzó hace unos meses. La idea es compartir la música (@tinastour) y la comida (@despertandoporelmundo) mientras viajan. El disco de Agustina está por salir.

"Después del terremoto nos dimos cuenta que no teníamos nada de valor, solo el uno al otro, salimos de nuestras zonas de confort y transformamos nuestra vida. Los sueños se trabajan y se pueden cumplir, el universo te abre las puertas, y la mayor apuesta es la de elegirnos día a día, con este compromiso".

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